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Vacas con 'playlist', por Pedro Suárez-Vértiz

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Vacas con ‘playlist’, por Pedro Suárez-Vértiz

Vacas con ‘playlist’, por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)

El propósito de una canción es ser escuchada para generar un deleite auditivo. También para llamar la atención, como por ejemplo en la publicidad. Sin embargo, existen canciones a las que se les da usos insospechados. Como aumentar la producción de leche de una vaca o hacer hablar a un delincuente capturado. También existen canciones viajando a través del espacio desde hace más de 40 años, en representación de la especie humana.

Uno jamás creería que la música puede aumentar la productividad de una vaca. Un estudio de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, lo comprobó. El estudio concluye que las vacas producen una mayor cantidad de leche cuando escuchan música tranquila, como música clásica o baladas de rock. Everybody Hurts, de R.E.M.; Bridge Over Troubled Water, de Simon & Garfunkel; y What a Difference a Day Makes, de Aretha Franklin, fueron las favoritas de las vacas evaluadas. “La música tranquila mejora la entrega de leche, probablemente porque reduce el estrés”, señala el estudio. Todo se resume a que la música es capaz de modificar muchas cosas en el campo de la neurociencia. 

La CIA logra confesiones de sus capturados sometiéndolos a un específico playlist musical. Lo curioso de esta lista de canciones suele ser la amplia diferencia que existe entre los temas. Por mencionar una polaridad genérica en dicho menú: La canción de Barney el dinosaurio y Take Your Best Shot, de Dope. La primera es una canción infantil, mientras que la segunda es un agresivo tema de heavy metal. Este contraste altera el organismo, sobre todo cuando estas pistas antagónicas son reproducidas durante interminables horas y a máximo volumen.

We are the Champions, de Queen; y Saturday Night Fever, de los Bee Gees, son dos candidatas muy efectivas para hacer hablar a los terroristas. Mark Hedsell, miembro del equipo de operaciones de psicología de EE.UU., explica: “Si se escucha por 24 horas una sola canción, las funciones cerebrales y corporales empiezan a fallar. Los pensamientos se hacen más lentos y la voluntad decae. Así que es ese el momento en el que entramos y hablamos con ellos”.  

El caso más famoso de esta técnica ocurrió en el año 1989, luego de una invasión a Panamá por parte de Estados Unidos para capturar al dictador militar Manuel Noriega, Las fuerzas especiales de EE.UU. estuvieron persiguiendo al dirigente panameño hasta que este se escondió en la embajada de la Santa Sede Nunciatura apostólica. Debido a que era un lugar sagrado, no se pudo entrar a la fuerza. Entonces trajeron cientos de columnas de parlantes para conciertos y los colocaron alrededor del establecimiento. Durante días y a máximo volumen reprodujeron música heavy metal y lograron, sorprendentemente, que Noriega se rinda y se entregue a las autoridades. En aquellos infernales días para el tirano, sonaron canciones como Wanted Dead or Alive, de Bon Jovi; Welcome to the Jungle, de Guns N’ Roses; Prisoners of Rock n’ Roll, de Neil Young; y Panamá, de Van Halen. Se mandaron, además, mensajes subliminales a Noriega para indicarle que ya estaba acabado. 

Finalmente, tenemos como proyecto de ciencias al Voyager Golden Record. Este satélite, que fue lanzado al espacio hace 41 años, es el más lejano de la tierra que tenemos. Incluso, ya salió del sistema solar. En aquel aparato, los científicos mandaron saludos en 55 idiomas diferentes, mensajes de paz, imágenes de la tierra, recados para establecer alguna relación con extraterrestres y también música. A más de 6 billones de kilómetros de la tierra viajan Johnny B. Goode, de Chuck Berry; Melancholy Blues, de Louis Armstrong; y composiciones de Bach, Mozart y Beethoven.  

La música es vibraciones, finalmente. Y como seres vivos y sólidos, armonizamos o no con esas ondas. Parca, pero cierta, esta es la explicación de por qué nos encantan u horrorizan ciertos sonidos o melodías. 

Esta columna fue publicada el 23 de junio del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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