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Cuando Ecuador y Perú comparten mesa, un festín de sabores, recetas y herencias está asegurado. No hace falta demasiada parafernalia para descubrir que ambos países llevan siglos dialogando a través de sus ingredientes: papas, cacao, maíz, ajíes, mariscos y técnicas heredadas por generaciones enteras se convierten en un lenguaje común.
Inspirados por esta premisa, se llevó a cabo la más reciente edición de Chefs Viajan, iniciativa de JW Marriott que, esta vez, tuvo como escenario Quito y reunió al chef ejecutivo de JW Marriott Lima, Rafael Casín, con el equipo culinario del hotel en Quito para crear una cena de siete tiempos donde cada plato contó una historia compartida.
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Durante una velada desarrollada en Raíces —restaurante que reivindica el patrimonio culinario ecuatoriano desde una mirada contemporánea—, decenas de personas se reunieron para deleitarse con platillos de ambas culturas. Durante la cita, Casín trabajó de la mano de Orlando Bastidas, chef ejecutivo del hotel, y de Patricio Mata, chef líder del restaurante, en un menú inolvidable.
“Desde que llegué, descubrí que Ecuador tiene muchísimo por mostrar al mundo”, comenta Casín, quien visitó Quito por primera vez y quedó especialmente sorprendido por la calidad de productos como el cacao, los quesos, el plátano verde y el café. Para él, encuentros de este tipo permiten que la gastronomía latinoamericana se proyecte como un destino conjunto capaz de atraer cada vez más viajeros. Además, sostiene que una buena comida trasciende el momento del servicio: “La gente se va feliz y ese sentimiento permanece. Es así como sabores, platos y tradiciones se mantienen”, añade.

La afinidad entre ambos equipos apareció desde el primer día de trabajo. “Fue como si nos hubiéramos conocido hace años. Queríamos resaltar el producto y mantener la ancestralidad de ambos países”, precisa Bastidas sobre el menú, en el que destacaron delicias como el lomo saltado, el caldo de bolas de verde, el cebiche y el guiso de chivo.
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Para el chef ecuatoriano, la cocina de su país vive un momento decisivo. Considera que Ecuador ya cuenta con profesionales apasionados, escuelas y productos capaces de competir internacionalmente, pero que aún necesita mostrarse más al mundo. En ese camino, insiste, la prioridad debe ser preservar primero las recetas tradicionales antes de reinterpretarlas. Solo así las nuevas propuestas tendrán raíces firmes.

Esa filosofía también define el trabajo de Patricio Mata en Raíces. El chef explica que el restaurante nació para investigar el pasado culinario ecuatoriano y demostrar que es posible ofrecer alta cocina utilizando ingredientes locales. “Nuestra cultura también se cuenta desde la comida. En una mesa vivimos las mejores y las peores noticias; allí celebramos y compartimos quiénes somos”, afirma en diálogo con Somos.

En tiempos donde la gastronomía se ha convertido en una poderosa razón para viajar, Perú y Ecuador descubren que el mejor itinerario puede comenzar, simplemente, alrededor de una misma mesa.
Redescubriendo Quito
Rodeada por los Andes y construida entre montañas, la capital ecuatoriana invita a bajar el ritmo para recorrer un Centro Histórico donde iglesias barrocas, plazas centenarias y calles empedradas conviven con una escena gastronómica que mira cada vez más hacia sus raíces.
Uno de los primeros imprescindibles es la Basílica del Voto Nacional, el templo neogótico más imponente del país. Sus torres dominan buena parte del paisaje urbano y ofrecen una de las vistas panorámicas más espectaculares de la ciudad. A diferencia de otras iglesias del continente, sus gárgolas reemplazan las figuras mitológicas europeas por especies emblemáticas de Ecuador, como iguanas, tortugas gigantes, piqueros de patas azules y cóndores, lo que resume la identidad del país incluso desde su arquitectura.
¿Cómo llegar?
El vuelo directo a Quito, desde Lima, dura alrededor de 1 hora y 45 minutos. La mejor temporada para visitar la ciudad es de junio a setiembre, en temporada seca.
¿Dónde hospedarse?
Recomendamos JW Marriott Quito para una ubicación estratégica y segura que permita explorar la ciudad. Asimismo, en sus instalaciones podrá disfrutar de algunos de los mejores restaurantes del destino, como Raíces, Fogo Do Chao y Botánica.
Compras
Si gusta conocer más sobre moda y arte locales, las paradas obligatorias son La Imaginativa y Olga Fisch Folklore, concept stores que reúnen lo mejor en ropa, deco y ‘souvenirs’ creados por manos locales.
A partir de allí, el recorrido suele continuar hacia otro de los grandes íconos quiteños: la Virgen de El Panecillo. Reina de una colina de origen volcánico a más de 3.000 m.s.n.m., la escultura alada —inspirada en la Virgen del Apocalipsis creada por Bernardo de Legarda— se ha convertido en el principal mirador de Quito. Desde su base es posible apreciar el trazado colonial de la ciudad y los barrios modernos. Con sus 41 metros de altura, es incluso más imponente que el mismísimo Cristo Redentor (Brasil), superándolo por 3 metros.
Pero salir de Quito también permite descubrir otra de las riquezas que han dado fama internacional a Ecuador: sus rosas. A menos de dos horas de la ciudad, varias haciendas florícolas abren sus puertas para mostrar el proceso de cultivo de una de las exportaciones más prestigiosas del Ecuador (se destacan como los segundos productores del mundo en rosas, luego de Colombia). Gracias a la combinación de altitud, luz ecuatorial y temperaturas estables durante todo el año, las flores desarrollan tallos largos, colores intensos y una durabilidad que las ha convertido en referentes mundiales. Recorrer los invernaderos, conversar con quienes trabajan la tierra y observar miles de rosas floreciendo al mismo tiempo permite comprender por qué la floricultura es hoy una parte esencial de la identidad económica y cultural del país.
Sin dejar de lado al paladar, la ruta puede complementarse con deliciosas catas: una imperdible es la del cacao ecuatoriano, que se puede realizar en Yumbos Chocolate, cuyo local está ubicado en la histórica Plaza San Francisco. Para continuar, recomendamos sumergirse en el mundo del agave en Casa Agave, visitando desde su jardín botánico hasta su museo y cerrando con una cata de sus bondades, entre bebidas y aperitivos.
Con múltiples opciones para conocer y disfrutar, Quito aguarda con cielo turquesa todo el año, iglesias majestuosas y tours interesantes. Por supuesto, el paladar también queda más que satisfecho. //
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