El secreto del champús con el que Elisa de la Vega ganó a los 99 años el Premio Somos 2026
La señora Elisa de la Vega descubrió el champús cuando era una joven recién llegada a Lima. Ocho décadas después, el postre que prepara en honor a la Virgen del Carmen fue escogido ganador en el concurso de Somos: La Receta de mi Abuela.
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En su cocina, la señora De la Vega supervisa la preparación del champús. Su nieta Carmen Rozas presentó al concurso la receta y la historia familiar que la acompaña. (Foto: Diego Moreno/ Revista Somos)
Desde su casa frente al parque El Carmen, en Pueblo Libre, la señora Elisa de la Vega Muñoz recibe al equipo de Premios Somos con una alegría que parece desmentir sus 99 años. El próximo año cumplirá un siglo de vida, cuenta, sin abandonar muchas de sus costumbres favoritas, entre ellas leer El Comercio todos los días. “Nunca me pierdo la página editorial, porque allí está resumido todo”, dice esta fiel suscriptora. Elisa acaba de convertirse en la ganadora de la primera edición del concurso La Receta de mi Abuela, de Somos, gracias a un postre que prepara desde hace varias décadas y que, además de revelar su talento en la cocina, encierra una historia de independencia, de vocación de servicio y hasta de devoción a la Virgen del Carmen.
Desde su casa frente al parque El Carmen, en Pueblo Libre, la señora Elisa de la Vega Muñoz recibe al equipo de Premios Somos con una alegría que parece desmentir sus 99 años. El próximo año cumplirá un siglo de vida, cuenta, sin abandonar muchas de sus costumbres favoritas, entre ellas leer El Comercio todos los días. “Nunca me pierdo la página editorial, porque allí está resumido todo”, dice esta fiel suscriptora. Elisa acaba de convertirse en la ganadora de la primera edición del concurso La Receta de mi Abuela, de Somos, gracias a un postre que prepara desde hace varias décadas y que, además de revelar su talento en la cocina, encierra una historia de independencia, de vocación de servicio y hasta de devoción a la Virgen del Carmen.
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Antes incluso de recibirnos en su sala, la casa ya ofrece una agradable bienvenida: desde la cocina llega un aroma dulce, frutado y ligeramente ácido que impregna las habitaciones. Es el champús, la preparación que Elisa convirtió en una tradición entre sus vecinos de Pueblo Libre y que este año conquistó al equipo organizador de los Premios Somos 2026. La señora De La Vega está presta a contar su historia. Recuerda que su relación con el emblemático postre empezó hace más de ocho décadas, el día en que una joven recién llegada del Cusco descubrió por casualidad aquella delicia peruana mientras caminaba por el Jirón de la Unión.
La señora Elisa de la Vega en su juventud. Trabajó como enfermera antes de formar una familia y, años después, fue profesora de cocina. (Foto: Diego Moreno/ Revista Somos)
Era entonces apenas una jovencita cuando vio que varias personas hacían cola y preguntó qué vendían. “Champús”, le respondió una señora. Elisa pensó que le hablaba de un producto para lavarse el cabello y no entendió nada. Allí mismo le explicaron que se trataba de un postre muy apreciado. Movida por una legítima curiosidad, se puso en la fila, pidió un vasito y quedó encantada. Fue el inicio de un largo romance y también de una misión: aprender a prepararlo ella misma. Pero nadie parecía conocer la receta. Aquellos eran otros tiempos, no como hoy, cuando casi todo está al alcance de un clic. Así, el secreto del champús siguió rondándole la cabeza por años hasta que, un día, encontró la receta mientras revisaba el célebre recetario de Nicolini.
—Uy, esto es un milagro —recuerda que dijo al encontrarla.
Una vida con historia
La vida de la señora Elisa no pareció estar ligada a las ollas desde un principio. Nació en el Cusco en 1927, fue la segunda de seis hermanos y lo que quería entonces era ser enfermera. Cuando todavía era una adolescente, decidió viajar a Lima para estudiar, y su padre, abogado y fiscal en Urubamba, la acompañó en una fascinante travesía de 22 días que De la Vega describe con detalles cinematográficos: el viaje en tren hasta Arequipa, la larga espera en Mollendo y, finalmente, el recorrido a bordo de un barco caletero hasta el Callao.
Sus primeros días como aprendiz de enfermera la enfrentaron a una situación límite: una epidemia de tifoidea que por entonces equivalía casi a una sentencia de muerte. “Nadie quería trabajar con los enfermos. Todos los días morían personas”, recuerda. A la recién llegada le encargaron acompañar a cuatro pacientes agonizantes y ofrecerles consuelo, pero ella se involucró también en su alimentación. “Entonces les daban solo suero y nada de proteínas”, explica. A uno de ellos, un adolescente de 15 años, comenzó a ofrecerle pequeñas porciones de leche, carne deshilachada y puré. El muchacho logró recuperarse. Es una historia que no ha podido olvidar.
En familia: la señora Elisa, rodeada de sus seres queridos: Mercedes Regalado, José Luis Peña (hijo), Carmen Rozas (nieta) y Elisa Peña (hija). (Foto: Diego Moreno/ Revista Somos)
Al terminar sus estudios, fue destinada al Hospital Obrero de Chincha. Allí conoció al médico Felipe Peña, con quien se casó y tuvo tres hijos. Dejó la enfermería y se volcó a nuevos oficios, como el bordado, costura y, sobre todo, cocina, un talento que años después la llevó a dar clases. Esa vocación no se quedó en ella: una de sus nietas tiene hoy un emprendimiento gastronómico.
El secreto del champús
Cuando la señora Elisa encontró el recetario de Nicolini, fue al mercado y reunió casi todos los ingredientes. Lo que no encontró fue guanábana, que luego descubriría era el secreto del buen champús. Probó reemplazarla por chirimoya, pero no funcionó. Finalmente encontró la fruta un día cercano a la festividad de la Virgen del Carmen y pudo preparar el postre como quería. Le salió tan bien que se paró en la puerta a convidarlo a quienes llegaban al barrio por la festividad. Así nació una tradición que se mantuvo durante décadas. Cada julio, ella preparaba champús e invitaba a los vecinos que encontraba en los festejos. El postre era parte de la celebración, junto con la procesión, el castillo y los anticuchos. Aun ahora, hay vecinos nostálgicos que tocan su puerta en esas fechas para pedir su postre.
A sus 99 años, la señora De la Vega cuenta que ya no puede lidiar sola con aquellas grandes ollas debido a la artritis. Para las tareas más exigentes cuenta con la ayuda de Mercedes Regalado, ‘Mechita’, a quien presenta cariñosamente como “mi secretaria”. Elisa dirige la preparación y Mechita aporta la fuerza necesaria. Juntas mantienen viva una receta que ya forma parte de la memoria familiar. Elisa conserva el mismo ánimo curioso que la llevó a probar aquel postre desconocido. Aunque ha perdido parte de la audición, se mantiene lúcida y atenta a cuanto ocurre a su alrededor. Sus recetas guardan más que ingredientes. También revelan el recorrido de una vida bien vivida. //
Además…
La receta
Ingredientes
Se necesitan ½ kilo de harina de maíz amarillo, ¼ de kilo de maíz pelado para preparar el mote, 1 piña grande, 2 membrillos grandes o 3 pequeños, 1 guanábana mediana, 3 manzanas corrientes, 2 limones, 2 ramas de canela, 4 clavos de olor, ¾ de kilo de azúcar o una cantidad menor según el gusto
Cocción
Remojar el maíz pelado desde el día anterior y sancocharlo hasta obtener el mote. Aparte, dejar la harina de maíz en agua fría. Hervir la cáscara de la piña, colar el agua y usarla para cocinar la piña, los membrillos y las manzanas cortados, junto con el azúcar, la canela y el clavo de olor. Cuando las frutas estén cocidas, pero aún firmes, agregar el mote y luego la harina remojada, removiendo constantemente con una cuchara de madera. Finalmente, incorporar la guanábana sin pepas y dejar hervir unos minutos más. Añadir el jugo de los limones, retirar del fuego y tapar la olla..