Por Diana Gonzales Obando

Aprovechando los vientos fríos de las alturas cusqueñas, los incas construyeron estructuras que funcionaban como una especie de refrigeradora o almacén de conservación por largos períodos, un conocimiento que obtuvieron de las culturas andinas que los precedieron. Identificaron las bondades de la circulación del viento en su interior, los cambios de temperatura, la humedad, el calor y la luz del sol, guardando en perfectas condiciones alimentos como tubérculos, hierbas medicinales o carnes, así como cueros y telas. Esta arquitectura se llamaba qollqa y no se usa más. El cronista Felipe Guamán Poma de Ayala las dejó plasmadas en sus ilustraciones y, al día de hoy, aún se pueden ver algunas a lo largo del Valle Sagrado, o lo que queda de ellas.

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