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Con 85 integrantes y una disciplina de acero: los secretos detrás el Grupo León, los danzantes que llevan una tradición milenaria sobre sus hombros
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En el bullicio del Barrio Chino, entre el aroma a incienso y el sonido de los platillos, dos figuras se alzan imponentes cada año para bendecir los negocios y celebrar la vida: el dragón y el león. Detrás de esta coreografía milenaria se encuentra el Grupo León, el conjunto de Danzas del Dragón y del León de la Sociedad Central de Beneficencia China, que este año celebra 35 años de fundación. Lo que hoy es un espectáculo de gran alcance nació de la nostalgia de los primeros inmigrantes y el deseo de mantener viva su identidad en tierras peruanas.
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El ingenio ante la escasez
La historia del Grupo León inicia hace más de tres décadas, impulsada por la necesidad de la comunidad china de reconectar con su cultura. Oscar Ruiz, actual coordinador e instructor de la agrupación, relata que el surgimiento no fue sencillo. En una época previa a los tratados de libre comercio, gestionar la llegada de las primeras “cabezas” de león y dragón desde China fue un proceso “muy difícil y complicado”.
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Ruiz recuerda con especial cariño las historias de sus antecesores, quienes cuentan que la falta de herramientas oficiales obligó a los pioneros a usar el ingenio: “Tuvieron que improvisar: las cabezas se hacían con cajas y cualquier otro instrumento que pudiera sonar parecido a un tambor para comenzar a practicar servía”. No fue hasta que llegaron las primeras cabezas que el grupo, conformado inicialmente por unas 20 personas, pudo formalizar sus entrenamientos.

El rigor de la tradición y la herencia familiar
Para que el león cobre vida, se necesita más que fuerza física; se requiere una conexión espiritual con el pasado. Alfredo Sarmiento, segundo coordinador e instructor del grupo, ha dedicado varios años a asegurar que esa mística no se pierda. Sarmiento, quien en sus primeros años no pudo ser parte del grupo porque sus abuelos perdieron el apellido chino al casarse por la Iglesia, destaca que la esencia del grupo radica en la marcialidad. Bajo su guía, se ha mantenido el respeto por los códigos de la danza, entendiendo que cada movimiento representa la fuerza y la protección necesarias para una comunidad que tuvo que luchar por su lugar en la sociedad peruana.
Esta herencia es lo que mueve a integrantes como Yujon Choy, ex coordinador y hermano de uno de los fundadores del grupo. Su perspectiva aporta un valor histórico invaluable sobre la evolución del conjunto. Choy enfatiza que el Grupo León ha pasado por un proceso de maduración técnica y organizativa muy fuerte. “Antes éramos un grupo que solo se presentaba para la colonia, para los paisanos. Pero con el tiempo, y especialmente con el impacto de las redes sociales hace 15 años, la gente empezó a conocer más nuestra cultura”, explica Choy, subrayando que su rol fue profesionalizar esa pasión heredada de su hermano.
Disciplina de acero
A pesar de que históricamente estas danzas estuvieron dominadas por varones, hoy el Grupo León es un ejemplo de inclusión. Ana Villalobos, instructora, representa esa nueva fuerza. Su labor es fundamental para la formación de los nuevos cuadros, especialmente en la parte física. “Bailar es agotador. El contacto y la resistencia que se necesita son totales”, comenta Villalobos. Ella ha sido testigo de cómo las nuevas generaciones, que ahora incluyen a muchas mujeres, se esfuerzan por dominar las cabezas que pueden pesar hasta 5 kilos. “Enseñamos que el león requiere una disciplina de acero; los chicos entregan su tiempo porque entienden que llevan una tradición milenaria sobre sus hombros”, añade.

Por otro lado, la sostenibilidad de esta organización recae en manos como las de Katherine Hu. Desde el apoyo administrativo, Hu vive la danza desde la estructura que permite que el arte brille. De la mano de Óscar, aseguran que todas las presentaciones mantengan la misma calidad y que todos los integrantes se sientan en casa. Es así que hoy el grupo es una familia de 85 personas donde conviven peruanos (desde el 2015) y descendientes en total armonía.
El 17 de febrero: El rugido de la unidad
La celebración del próximo 17 de febrero no será una presentación más. En el marco del Año Nuevo Chino, los dragones y los leones saldrán a las calles a “limpiar las energías”. Oscar explica que la tradición manda que los negocios coloquen lechugas en sus puertas: “El león come la lechuga para que el dueño reciba el año limpio, con vibras positivas”. Es un acto de fe que une a los comerciantes con los danzantes en un solo aliento.
Sin embargo, el sueño del grupo va más allá del espectáculo. Tras participar en un concurso internacional en Chile en 2023, Oscar Ruiz regresó con una reflexión profunda sobre el estado de la danza en el país. “En otros países están unidos, tienen federaciones. Aquí en Perú necesitamos dejar de lado el individualismo para que la danza del dragón y león sea una potencia mundial”, sostiene Ruiz. Esta visión de unidad es el próximo gran reto para una institución que ya venció la barrera del tiempo.

Un legado que no se detiene
Hoy, el Grupo León posee 20 cabezas de león y cuatro dragones traídos directamente de China. Pero más allá de las sedas y los espejos, lo que realmente pesa es la historia de los culíes que, a pesar del dolor de la travesía y el trabajo forzado en las haciendas, guardaron en un rincón de su corazón el ritmo del tambor.
Cuando el tambor retumbe en la calle Capón, no solo estarán bailando jóvenes, estarán bailando los sueños de los que ya no están, la perseverancia de Óscar, el rigor de Alfredo, la visión de Yujon, la disciplina de Ana y el orden de Katherine y los más de 40 miembros activos que se repartirán por toda la ciudad para darle la bienvenida a un nuevo año Chino. El Grupo León seguirá rugiendo, recordándonos que la cultura china en el Perú es un organismo vivo que, al igual que el león, siempre encuentra la fuerza para saltar hacia el futuro.
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