elcomercio.pe

Más en Historias

Historias

¿Qué fue del barco que eligió Hemingway para navegar nuestro mar en los años 50? | FOTOS

El barco de pesca de altura que eligió Ernest Hemingway para navegar nuestro mar en los años 50 y que fue protagonista de la captura de gigantes merlines, hoy es símbolo de la protección del mar de su esplendor: Cabo Blanco

Una mañana del 2013, en la rada del Yacht Club Peruano de La Punta, Callao, la mítica embarcación ‘Miss Texas’ levaba anclas por última vez para navegar con rumbo norte hacia la bahía de Cabo Blanco. Volvería así a revivir la época dorada de esas riquísimas aguas saladas de la década de los 50, donde el trofeo a la paciente espera de marineros y aficionados a la pesca de mar adentro era el mítico merlín negro. 

Los protagonistas de esta historia fueron Umberto Ballotta Césaro, el esmerado constructor naval; Hernán Balderrama Jabaloya, el navegante y vendedor de barcos; y José Koechlin Von Stein, el pertinaz visionario de un mundo mejor para todos. 

La ‘Miss Texas’ vino desde Nueva Escocia, en Norteamérica, donde fue construida como lancha de pesca de altura y dotada de todos los implementos y la estructura para enfrentar mar grueso. 

En 1951, este barco singular llega al Fishing Club de Cabo Blanco para disfrute de los aficionados a la pesca de altura y los ejecutivos de la compañía petrolera Standard Oil, subsidiaria de la International Petroleum Company, con sede principal en la ciudad norteña de Talara. 

Ya entonces era grande la fama del mar de Cabo Blanco por los enormes especímenes que allí se pescaban y que atraían a personajes famosos del cine, negocios y acaudalados artistas. La visitaron el torero Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Mario Moreno ‘Cantinflas’, John Wayne y tantos otros. 

Un día de 1956 bajó del avión en Talara nada menos que el reciente premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway. Venía a filmar en el propio mar de Cabo Blanco la pesca del famoso merlín negro, imágenes que serían utilizadas en la película de la Warner Bros. inspirada en su novela El viejo y el mar. El escritor permaneció más de 30 días en el club de Cabo Blanco y él mismo escogió la ‘Miss Texas’ para hacerse a la mar con el propósito de mirarse cara a cara con un merlín negro que superase el estándar más alto de peso y tamaño.  

A finales de la década de los 50 este barco se había convertido ya en un mito. Desgraciadamente, a partir del año 68 muchas empresas extranjeras se retiraron de nuestro territorio; entre ellas, la compañía de petróleo. La ‘Miss Texas’ fue sacada del mar y pasó a ocupar un depósito en la ciudad de Talara. La leyenda se convirtió en un trasto. 

De vuelta a su destino
Es aquí donde aparece Umberto Ballotta Césaro, hombre serio y bueno venido de Italia y radicado en la Amazonía. Esmerado constructor de barcos, Ballotta se hace de este casco abandonado y desterrado del mar. Luego de un tiempo largo en los astilleros de Corporación Ballotta, el barco de pesca de altura se fue convirtiendo en un yate de recreo. Don Umberto se inspiró en el catálogo de un barco tipo Trawler que le gustó y que estaba dotado de todo lo necesario para una estancia confortable, ya sea fondeado en bahía o navegando. Al final la ‘Miss Texas’, con una figura y una indumentaria diferente, volvería al mar. Su nuevo destino fue el Yacht Club de Ancón, donde pasó algunos años navegando esporádicamente. En ocasiones salía a pequeños viajes con el ex alcalde Luis Bedoya Reyes y su familia. En otras, el propio Umberto se hacía a la mar con proa a los islotes frente a Ancón.  

En 1998 yo era vendedor de barcos de recreo, siendo representante de compañías de ultramar dedicadas a la misma tarea. Como segundo protagonista de esta historia, formé parte de la Corporación Ballotta con un proyecto de fabricar en el Perú los primeros catamaranes con diseño de Derek Kelsall de Nueva Zelanda. 

Un día, conversando con don Umberto, le pregunté sobre un cuadro con recortes de periódicos, fotos de un merlín y notas antiguas que había en su oficina. 

“Ah, esa es la ‘Miss Texas’, un barco que tiene historia; lo tengo en Ancón”. 

El 3 de setiembre del año 2006 pusimos pie en la raca de popa del ‘Miss Texas’. Por una entrada en el espejo de estribor quedamos en la cubierta posterior. En el salón de fina madera –cedro, caoba, capirona–, amplias ventanas permitían una vista panorámica de 360 grados. Una cocina adornada curiosamente con mayólicas de tono verde le daba al recinto un ambiente por demás acogedor. Luego el puente de gobierno de la nave, la proa especial para mar duro, una muy bella escalera tipo caracol que da acceso a planta baja, camarotes y baños. 

“Se lo compro”, dije. “Bueno, pues”, contestó. Así fue como me convertí en el último propietario del yate ‘Miss Texas’. Con él navegué asiduamente por el mar peruano, junto a mi esposa y nuestro perro Huayki. Pasábamos los fines de semana a bordo y desembarcábamos en la mañana a comprar el periódico.  

Hasta que aparece en escena el tercer jugador de la partida, José Koechlin Von Stein, quien comanda la organización Inkaterra, que vela por las áreas protegidas y la vida natural. 

Tuvimos él y yo un primer encuentro un día sábado en el mar de La Punta, con el yate amarrado a su fondeadero. Grato encuentro al que siguieron charlas posteriores, separadas por intervalos diferentes. El 15 de enero del 2013 Inkaterra compró la leyenda con el único propósito de que dejara de ser un yate como tal y recobrara su estampa original como un barco para pesca de altura. Tomé parte activa y protagónica en la tarea, premunido de fotos y documentos gráficos de la época, hasta que un día la nueva vieja estampa renació. La idea era que retornara tan pronto concluyera su reconstrucción a su lugar primigenio: Cabo Blanco, en Piura. A todos nos confortó saber que retornaba al destino para el que fue creada. 

Tags Relacionados:

Cabo Blanco

Ernest Hemingway

Leer comentarios ()

Subir
Ir a portada