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La ‘bola mágica de chocolate’: el postre con brownie y helado más tentador de San Isidro

Salen una hamburguesa y un old fashioned. Tal vez algo de pastrami hecho en casa al estilo neoyorquino. O unos macaroni & cheese. De fondo, la voz de Bing Crosby. Esto es Franklin: un espacio donde se reúnen los clásicos del repertorio estadounidense

La receta de las ostras Rockefeller (lo reto a pensar en un nombre más extravagante) tiene su origen justo a finales del siglo XIX, en la frontera con la era de la modernidad. Era 1899 en Nueva Orleans y en el restaurante de comida criollo-francesa Antoine’s se habían quedado sin caracoles para la preparación de un plato de la carta. A alguien se le ocurrió reemplazarlos por ostras y el resto, literalmente, ya es historia. Han pasado 120 años, Antoine’s todavía existe y las Rockefeller siguen siendo su bocado estrella. Existen dos teorías en torno al famoso nombre: por un lado, se dice que viene de la frase ‘¡tan ricas como un Rockefeller!’, pero muchos piensan que el verde de la espinaca representaba el dinero de la familia más acaudalada de Estados Unidos en aquel entonces. Es en ese país –y en esas primeras décadas del siglo XX– donde nos quedaremos esta vez.

AS TIME GOES BY 
La versión de las Rockefeller que el cocinero Coque Ossio ofrece en la mesa de Franklin –en el primer piso del sanisidrino hotel Roosevelt– se ha adaptado al tiempo y al espacio: las suyas son conchas de abanico que llegan gratinadas en mantequilla de perejil, espinaca y queso parmesano (S/ 46). El menú aquí está lleno de clásicos que siguen esa misma línea, desde el coctel de langostinos (S/ 42) hasta la ensalada César (S/ 34) o el steak tartare (S/ 52). Franklin nace de una idea bastante clara y el ambiente decorado por Arnie Rottmann –socio de Ossio– ayuda a reforzarla. Es un concepto relajadamente sofisticado en sus formas que también incluye hamburguesas y pies de limón o manzana. Encontrará cebiche y lomo saltado en la carta –todos los nombres de los platos están escritos en inglés, de hecho–pero esta es una visita principalmente gringa.

El de hoy es un glamuroso homenaje a la cocina estadounidense de las primeras décadas del siglo XX. Un lugar al que provoca ir con la boca pintada de rojo solo para despintarla comiendo un sundae de chocolate. //

DIRECCIÓN: Avenida Álvarez Calderón 198, San Isidro
HORARIOS: Lunes a domingo de 6:30 a.m. a 12 a.m.
CONTACTO: 751-4243


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Nora Sugobono

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