Por Celeste Pérez

Cuando Mariana Olaechea creó Bravata hace más de una década, no anticipaba que una inquietud tan personal terminaría convirtiéndose en un movimiento artístico que hoy convoca a bailarinas dentro y fuera del Perú. La idea nació en 2012, cuando ella —bailarina y maestra de flamenco, en ese entonces de la escuela de Vania Masías— se dio cuenta de que su cuerpo pedía explorar más allá de un solo estilo. “Quería poder bailar Beyoncé o cualquier otra canción sin tener que quitarme la esencia flamenca, algo que atesoraba desde hace mucho tiempo y me salía natural”, precisa la artista sobre aquella época.