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Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cada mañana, cuando Lima apenas despierta, en los establos del Hipódromo de Monterrico ya hay movimiento. Son las cinco o incluso las cuatro y media, y los cuidadores —también llamados variadores en este ecosistema— empiezan su rutina con los caballos de carrera. Les hablan, los alimentan, los cepillan con devoción y los sacan a pasear para que estiren sus extremidades, antes de colocarle la montura y llevarlos con su jinete a la pista. Tienen el trato de un atleta de élite porque eso son. Pero para quienes se encargan de cuidarlos son compañeros, familia.

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