Dalia Quispe y su hija Nicole viven en ampliación Cerro Centinela Mz J Lt 4. “Ya
se me acabaron la leche y los pañales. Su jarabe me durará como máximo para una semana y media más”. (Foto: César Bueno / GEC)
Dalia Quispe y su hija Nicole viven en ampliación Cerro Centinela Mz J Lt 4. “Ya se me acabaron la leche y los pañales. Su jarabe me durará como máximo para una semana y media más”. (Foto: César Bueno / GEC)
Vanessa Cruzado Alvarez

Jefte Dalia Quispe (24) es costurera en Gamarra. Al centro laboral acudía con Nicole, su pequeña de seis años que sufre de , epilepsia y displasia de cadera izquierda. El horario era en dos turnos insólitos: de 9 a.m. a 7 p.m. Luego de la cena, de 8 p.m. a 1 a.m. “Cuando mi hija vomitaba o convulsionaba, tenía que dejar de trabajar para atenderla. Esas horas las devolvía en la noche y me quedaba hasta las 3 a.m. Así me he ganado la vida estos últimos cuatro años”, cuenta la joven madre, retrato de la abusiva informalidad en la que muchos peruanos laboran. Pese a todo, podía pagar el tratamiento de su hija (valprax de 250 mg., lacosamida de 50 mg., y clonazepam de 0.5 mg.). En marzo pasado, iniciando la cuarentena por el , su situación se complicó.

“No puedo trabajar y tampoco puedo exponer a mi hija porque está con bajo peso [12 kilos]. Además, se han descontrolado sus convulsiones”. Hasta abril, Nicole sufría de dos a tres convulsiones al mes, con duración máxima de un minuto. Solo en mayo convulsionó 16 veces. En junio se sumaron los vómitos: cinco veces por día. El 8 de julio, una neuróloga del Hospital del Niño la atendió por videollamada. “Estaba cambiando las dosis y, de pronto, se cortó la llamada. He estado escribiendo, pero no he obtenido respuesta”.

"Siempre he trabajado con mi niña. En estos seis años [edad de Nicole] me han botado bastante del trabajo", cuenta Dalia. Hace cuatro años que se dedica a la costura. Aceptó los abusivos horarios para tener un ingreso y poder pagar el tratamiento de su pequeña. (Foto: César Bueno / GEC)
"Siempre he trabajado con mi niña. En estos seis años [edad de Nicole] me han botado bastante del trabajo", cuenta Dalia. Hace cuatro años que se dedica a la costura. Aceptó los abusivos horarios para tener un ingreso y poder pagar el tratamiento de su pequeña. (Foto: César Bueno / GEC)

Dalia fue con su hija al nosocomio de Breña esperando que alguien pudiera evaluarla. Le dicen que ahora las consultas son virtuales y para separar la cita debe llamar a la central del hospital. “En julio ha convulsionado 12 veces. Son fuertes y duran entre 5 a 6 minutos. Cuando le contaba a otro doctor, el 14 de este mes, que me dijeron que debía aumentar la dosis, me respondió que no tengo ninguna prueba de lo que me había dicho la doctora. Tengo que volver a llamar”. En estos meses, su hermana Dorotea la ha estado apoyando con alimentos y los 10 pañales diarios que necesita Nicole.

"Desde que tiene cuatro años hasta abril de este año, sus convulsiones estaban controladas", agrega la joven madre. Desde entonces, la salud de Nicole se ha complicado. (Foto: César Bueno / GEC)
"Desde que tiene cuatro años hasta abril de este año, sus convulsiones estaban controladas", agrega la joven madre. Desde entonces, la salud de Nicole se ha complicado. (Foto: César Bueno / GEC)

Dalia y su hija viven en la ampliación Cerro Centinela Mz J Lt 4. El viernes 24 les tomaron la prueba rápida y salió negativo. En estos días, sin embargo, Nicole tiene síntomas como tos y fiebre. “Quisiera que nos vuelvan a tomar la prueba”. La familia ha habilitado una cuenta a nombre de Jefte Dalila Quispe (BCP 19497410678022). El número interbancario es 00219419741067802299. El teléfono de su hermana Dorotea es 981 119 846. Es tiempo de demostrar que Dalia no está sola. //

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