“Sientes que el pecho se te comienza a inflamar, como cuando enfermas de los bronquios, y te empieza a doler, cada día un poco más", narra el músico.
“Sientes que el pecho se te comienza a inflamar, como cuando enfermas de los bronquios, y te empieza a doler, cada día un poco más", narra el músico.
Oscar García

Redactor en la revista Somos

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La prolongada convivencia con la de ha traído como efecto contraproducente una peligrosa normalización de la enfermedad. Se han vuelto comunes las reuniones “tranquis”, las personas que no usan mascarilla o la usan mal, los que no mantienen la distancia. “Me contagié por irresponsable, por creer que no me iba a pasar”, reconoce el músico peruano en un extenso testimonio publicado en sus redes sociales que en solo 24 horas ya había sido compartido más de 1.500 veces. Es un relato que llama la atención por su honestidad y por ser un necesario llamado de alerta a los que en algún punto, de forma consciente o no, optaron por bajar la guardia.

El guitarrista de G-3 y Los Fuckin Sombreros, dueño además de una interesante carrera solista, declina con afecto una entrevista con Somos. “Siéntanse libres de usar mi testimonio total o parcialmente, para crear conciencia sobre el tema. Porque desgraciadamente hay demasiada desinformación al respecto”. En su relato, estar enfermo de COVID-19 fue una pesadilla de catorce días que empezó en un momento de relajo. “Fui a tomar unas chelas con un amigo que no sabía que había sido infectado. Posiblemente lo contagió su madre, que quizá contrajo el virus en la peluquería”.

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Sus síntomas empezaron un martes. Inició con un poco de fiebre que, a diferencia de otras, no decaía a las horas o al día. De a pocos todo empeoró. “Sientes que el pecho se te comienza a inflamar, como cuando enfermas de los bronquios, y te empieza a doler, cada día un poco más. Aparece la tos, la diarrea, fuerte dolor en el cuerpo y punzante dolor de cabeza. Casi sin darte cuenta pierdes el olfato y el gusto. Sensación extrañísima que te indica que el virus te está atacando por todos lados. Hasta que te preguntas: ¿En qué momento me comenzará a faltar el aire?”

En el 2019, el músico publicó “Mala influencia”, disco que significó su regreso al rock y está disponible en las plataformas digitales.
En el 2019, el músico publicó “Mala influencia”, disco que significó su regreso al rock y está disponible en las plataformas digitales.

Lo que describe Villarán es un terror habitual que muchos pacientes de COVID-19, en su momento, han atestiguado. Quién podría dormir tranquilo cuando se está pendiente en todo momento del oxímetro, si te dicen, por ejemplo, que duermas sentado, no vayas a tener complicaciones al respirar por la noche. “Aparece el miedo a la muerte, que te visita cada noche y el terror de poner el dedo en el oxímetro sin saber si vas a estar debajo de 95 o no. Te persignas. Los números fluctúan: 96, 95, 94, 95.. Sabiendo que si bajas de 94 nadie podrá hacer nada por ti. Sabes que las clínicas y hospitales están al tope. Está en todas las noticias”.

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En momentos de preocupación, lo que menos necesita un paciente de COVID-19 es nadar en el mar de desinformación descontrolada y contradictoria que circula libremente. ¿Curas milagrosas? No existen, pero igual te las recomiendan. “Lees a gente, amigos, que en redes ponen en duda la existencia del virus cuando a ti te está pasando por encima la sensación de que te atropelló un camión. “El virus no existe, todo está en la mente”. “Yo confío en mi sistema inmunológico” “¿Cómo no nos van a dejar ir a la playa?” “Me incomoda la máscarilla, más dañino que el virus es respirar mi CO2”. No sabes si reír o llorar. Sientes una rabia inmensa”.

En su testimonio, Villarán admite que es increíble que haya gente que ponga en duda la necesidad de algo “tan básico, tan evidente y necesario como la vacuna”. “Cuando te agarra el virus, le venderías el alma al diablo con tal de que alguien te de aunque sea mitad de dosis de vacuna. Pero ya es tarde y sigues empeorando. Mejoras un día, pero al día siguiente el enemigo de un mazazo te recuerda su presencia y vuelves empeorar. Te regresa la fiebre”

La pesadilla de Pipe duró catorce días. Tuvo suerte. La mamá de su amigo, por desgracia, no la libró y falleció sola en una clínica. Imposible describir esa pena. “Fueron catorce días desde que te tomaste esa chelita, o fuiste a esa “reu”, o te fuiste a la playa. 14 días que no querrás repetir mientras vivas”. El final de su texto es un recordatorio que todos deberíamos tener presentes en estos tiempos de segunda ola. “Amigo, el virus es real. Y la vacuna también. Infórmense, hagan caso a la ciencia y no a las redes. La gente habla demasiadas huev***. La desinformación es total. Si tienen la oportunidad de vacunarse, háganlo, no lo duden ni por un segundo”. //

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