Por Ángel Navarro Quevedo

José Santos Infante Carrasco tiene la certeza de que algunas ediciones impresas de esta nota acabarán en su bolsa. Irremediablemente —opina el reciclador de 43 años—, todo lo que pasa por las manos de los puentepedrinos termina dentro de su motocarga. Plásticos, papeles, cartones, vidrios. Todo se almacena en sus bolsas verdes, todo de forma legal. Así trabaja desde hace casi cinco años, cuando decidió que no valía la pena terminar la jornada con cortes y heridas en las manos, pensando en hacerse una prueba de Elisa.