Los tratamientos antidepresivos han venido experimentando grandes cambios en los últimos años, lo que ha favorecido a millones de personas en todo el mundo. (Foto: Adobe Stock )
Los tratamientos antidepresivos han venido experimentando grandes cambios en los últimos años, lo que ha favorecido a millones de personas en todo el mundo. (Foto: Adobe Stock )
Marcos Chumpitaz

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Es normal sentirse triste. Responder con desánimo o irritabilidad a una mala noticia es una reacción natural, muy humana. Todos lo hemos vivido. En este tipo de catarsis, afloran sentimientos como la melancolía, el temor o la angustia. Es nuestra alma hablando a gritos.

La mayoría de veces, la gente consigue sobrellevar este bajón de pilas. Sin embargo, cuando asoma la depresión, la vida de una persona puede dar un giro radical.

La es una enfermedad muy seria. No responde a una falta de voluntad o a una debilidad de carácter como muchos creen. Se trata de un estado de ánimo intenso que implica tristeza o desesperanza, y puede durar semanas, meses e incluso años. Su origen es de orden biológico, pues afecta la química cerebral.

“La depresión también puede influir en el pensamiento y muchas veces interfiere en la capacidad de percibir y disfrutar las cosas buenas de la vida. En los casos más graves, puede alentar los deseos suicidas”, advierte el Dr. Michael Kabar, psiquiatra y director del Instituto de Neuroestimulación de Lima (INEL).

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En los tiempos de crisis que vivimos, este tipo de emociones está apareciendo con mayor fuerza. Estudios preliminares en China y EE.UU. revelan que hasta un tercio de la población muestra niveles clínicamente significativos de ansiedad y depresión como resultado de la pandemia del COVID-19. Si aterrizamos en el Perú, se estima que 7 de cada 10 adultos mayores de 18 años ha presentado síntomas asociados a la depresión y la ansiedad durante el tiempo de encierro, según indica un primer diagnóstico realizado por el Ministerio de Salud (Minsa) y a la Organización Panamericana de la Salud (OPS). De esa cifra de afectados, el 12,8% dijo haber tenido pensamientos suicidas.

Para los expertos, la gran mayoría de personas no están preparadas para afrontar un acontecimiento de este tipo, con aislamiento social, miedo al contagio, fallecimiento de familiares y la angustia provocada por la pérdida de ingresos o empleos.

“Si bien hasta el momento no hay cifras oficiales, lo que puedo decir de mi propia experiencia y la de otros colegas, es que la demanda de consultas virtuales o presenciales con la relación a la depresión y ansiedad, se han duplicado y hasta triplicado, producto de la pandemia. Por ello, es importante que se empiece a reestructurar el sistema de salud en nuestro país. Hoy en día, más del 50% de la población peruana no tiene acceso a servicios de salud mental. Además, la inversión en este campo dista mucho de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, explica Kabar.

Las consultas por depresión y ansiedad se han duplicado y hasta triplicado en tiempos de pandemia, según afirma el Dr. Michael Kabar.
Las consultas por depresión y ansiedad se han duplicado y hasta triplicado en tiempos de pandemia, según afirma el Dr. Michael Kabar.

El problema se agrava si tomamos en cuenta el desinterés de nuestras autoridades respecto a esta problemática. Recientemente, el exministro de Salud, Víctor Zamora, afirmó que la depresión, que afecta a casi tres millones de peruanos, se trataba “fundamentalmente” conversando “con empatía”. Incluso mencionó que las enfermeras y hasta los trabajadores sociales, sí eran entrenados, también estarían en la capacidad de hacer este trabajo.

Las declaraciones de Zamora generaron el justo reclamo de muchos psiquiatras y psicólogos, quienes remarcaron que la depresión debe ser tratada “por los especialistas adecuados”. De no hacerlo, podría generar consecuencias en el incremento de las tasas de suicidio o trastornos alimenticios. Miremos las cifras: en el Perú, dos de cada tres suicidios son causados por una depresión severa. Además, se calcula que el 23% de la población adulta en Lima alguna vez ha deseado morir.

Lamentablemente, mucha gente aún no es consciente de esta enfermedad y no la toma muy en serio, a pesar de las consecuencias que esta trae para el individuo, su familia y la sociedad. De no tratarse, la depresión puede seguir igual o empeorar. Por eso, la gente depresiva no debe limitarse a esperar que la enfermedad se cure por sí misma (algo que no ocurrirá).

Los trastornos más comunes, desde que se inició la emergencia sanitaria por el coronavirus, son la depresión y ansiedad. (Foto: Arhivo/GEC)
Los trastornos más comunes, desde que se inició la emergencia sanitaria por el coronavirus, son la depresión y ansiedad. (Foto: Arhivo/GEC)

Por suerte, los tratamientos antidepresivos han venido experimentando grandes cambios en los últimos años, lo que ha favorecido a millones de personas en todo el mundo. Ocurre que los antidepresivos convencionales (los llamados Inhibidores de Recaptación de la Serotonina, a los que pertenecen la fluoxetina y otros fármacos) no siempre traen el alivio esperado para los pacientes. Ahora, gracias a la mayor investigación del complejo universo cerebral ya contamos con nuevas vías terapéuticas mucho más efectivas y con menos efectos secundarios.

Una de ellas es la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), un dispositivo que genera impulsos magnéticos con el fin de estimular la corteza prefrontal del cerebro, el área que controla el estado de ánimo. La gran ventaja de esta tecnología es que obvia los inconvenientes producidos por los efectos colaterales de los antidepresivos y otros psicofármacos. Además, es indolora ya que las ondas se aplican sin requerir el contacto directo con el cerebro.

Junto a la EMT, un antidepresivo novedoso está revolucionando el manejo de esta compleja enfermedad. Se trata de la ketamina, un tratamiento que funciona de una manera completamente nueva en el cerebro, generando grandes beneficios para las personas con depresión que no responden a otros tratamientos.

Los estudios demuestran que esta sustancia (usada históricamente como analgésico) produce efectos antidepresivos de rápido inicio, aún en los pacientes que son resistentes a los fármacos convencionales. Esta corta ventana de tiempo marca una gran diferencia con los tratamientos convencionales que necesitan por lo menos un par de semanas para comenzar a hacer efecto (en caso lo hagan).

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“En pocas horas, la ketamina produce cambios que no se veían en otros fármacos o tratamientos. Esto resulta vital para los casos graves de depresión. Sin duda, está marcando un antes y un después en el manejo de la depresión”, sostiene Michael Kabar, pionero de este tratamiento en el Perú.

El nuevo fármaco, que se aplica de manera intravenosa, intramuscular o intranasal obtuvo el año pasado la aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para personas que han recibido escaso o nulo alivio de otros antidepresivos. Los resultados son bastante consistentes en cuanto a la rápida disminución de la sintomatología depresiva, lo que resulta muy útil en pacientes con ideaciones suicidas. “La ketamina debe ser administrada bajo supervisión médica y solo puede ser utilizada en un consultorio o clínica con personal entrenado. Los estudios y la experiencia demuestran que es muy bien tolerado por los pacientes. Además, las tasas de respuesta para el caso de la depresión y la ansiedad son muy altas”, manifiesta.

Con todos estos nuevos caminos terapéuticos, resulta también esencial un cambio en la mentalidad social. Ya es hora de que miremos atentamente a las enfermedades que afectan a la psiquis humana. Está demostrado que aquellos países que invierten en la salud mental de su población, tienen menores índices de violencia, de corrupción y un mayor grado de solidaridad y participación ciudadana. ¿Por qué no hacer lo mismo acá?

“Las poblaciones psicológicamente más estables funcionan mejor. Si los individuos no están sanos mentalmente, la sociedad no podrá avanzar de una manera óptima”, acota Kabar. “Hay que empezar a mirar a la depresión en su verdadera dimensión. Solo así podremos lograr un cambio”. //

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