Por Jorge Chávez Noriega

En un país como el Perú, conocer el diagnóstico de que nuestro menor hijo padece de distrofia muscular de Duchenne se traduce inevitablemente en un calvario que incluye innumerables visitas al hospital y lidiar con errores médicos y la burocracia de un sistema de salud ineficiente. Pero, sobre todo, despierta una enorme impotencia por no saber exactamente qué sucede con nuestro niño, mientras observamos cómo su salud se va deteriorando: primero se manifiesta la dificultad para pararse de la cama; luego, la imposibilidad de correr, saltar o subir escaleras como cualquier chico de su edad. Según Mayo Clinic, los primeros síntomas aparecen en la infancia, principalmente en los varones. No existe cura para esta enfermedad, pero los medicamentos y un tratamiento adecuado pueden ayudar a disminuir su avance.

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