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El drama de la Argentina de Messi: más que una novela

Argentina, que produjo dos de los mayores genios en la historia del fútbol, vio tambalear su pase a octavos de final en Rusia 2018. Uno de esos dos genios jamás será Maradona, y hay quienes no se lo perdonan

Lionel Messi

Un batacazo cruzado a los 14 minutos del encuentro ante Nigeria le devolvió el aliento a Messi, y con él a toda la Argentina. Quedó atrás la humillación croata. (Foto: AFP)

En la noche de San Petersburgo, once nigerianos estaban componiendo el tango más triste para la Argentina. Once compatriotas de esos morenos que venden baratijas en las calles del barrio de Once bajo la mirada indulgente de los habitantes de Buenos Aires estuvieron a un tris de generar una desgracia inmensa para los argentinos, una tragedia nacional. Desgracia o tragedias porque para ellos, el fútbol es el pan de cada día, el aire que respiran, el alimento que los sostiene.

Este país de esencia futbolera produjo dos de los genios mayores en la historia del fútbol: Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi. Sin embargo, su balance es singular: Maradona jugó cuatro mundiales y Messi está jugando también su cuarto mundial; es decir, en ocho torneos mundialistas la Argentina tuvo al mejor jugador del planeta en sus elencos y, sin embargo, apenas obtuvo un título mundial. Esta vez se quedará en el camino porque la noche del martes terminó pidiendo clemencia al destino para no sucumbir ante los nigerianos y el destino no suele otorgar clemencias en cada partido. 

Aunque nacido en la ciudad de Rosario, Messi es lo menos argentino que pueda existir. Es un genio, sin duda alguna, pero carece de la épica que solía tener Maradona. Y tras esa noche de angustia inmensa reflejada en las lágrimas de sus seguidores, probablemente la pregunta que no hallaba una respuesta, esta vez ya la tenga: ¿Maradona o Messi? La leyenda del Diego se incrementará en la misma medida que los cuestionamientos a Messi por una razón principal: Maradona fue un personaje épico en los mundiales y se encargó de convertir en campeón en México 86 y subcampeón en Italia 90 a dos equipos con alineaciones que no tenían ningún brillo especial. En cambio, Messi es el genio opaco en los mundiales, capaz de convertir un gol maravilloso como el que le vimos ante Nigeria pero incapaz de cumplir la mayor exigencia de un país que adora a los caudillos: ponerse el equipo, el país y el Obelisco al hombro. Messi los desconcierta y los lleva al bamboleo que va del amor al odio porque ni siquiera ejerce uno de los hábitos esenciales del argentino: protestar, discutir, enojarse. No hace honor a la frase final de su himno nacional: O juremos con gloria morir. Ni siquiera canta el himno en un país que convierte casi todo en canciones. 

El abrazo enloquecido que le dio al discreto Marcos Rojo, autor del gol de la salvación, tiene mucho de gratitud porque le evita las diatribas que las imprentas y los micrófonos estaban dispuestos a lanzar a los vientos. Curioso país la Argentina: tiene todo para ser una nación desarrollada –incluyendo un genio futbolístico–, pero se empecinan en tener una crisis económica gravísima cada ciertos años y en el mundo de la pelota viven siempre del lado de la tristeza y, por lo visto la noche del martes, al borde del abismo. Hace siete mundiales que no campeonan, pero siempre se autonombran candidatos al título y terminan agobiados por islandeses y nigerianos y humillados por croatas.

Messi carece en su país del amor que su talento tendría que prodigarle y sus periodistas se esmeran en encontrarle defectos y vestirlo de calificativos poco elogiosos. Y en ese rubro, la Argentina también está en crisis. Durante décadas produjeron el mejor periodismo de la región y fue el país que tuvo la revista de categoría internacional como El Gráfico. Hoy su periodismo tiene un nivel muchísimo más bajo que su fútbol. El periodismo deportivo argentino que se emite por televisión, con muy pocas excepciones, es tan deplorable que se ha convertido en un género humorístico que todos vemos para divertirnos. El problema es que quienes lo hacen creen que están haciendo periodismo. Esos programas televisivos, tras el pitazo final del Argentina 2 Nigeria 1, empezarán un partido más largo que el que acaba de terminar, diseccionarán a Messi y compañía y dirán todo menos la verdad: que el fútbol argentino necesita cuidados intensivos para volver a ser lo que fue. Once nigerianos cuyos nombres nadie recuerda lo han demostrado.

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