Cualquiera que haya paseado por Lima los debe haber visto muchas veces: enormes gigantes de concreto, pesados y monocromáticos, que se reparten por toda la ciudad y que remiten a una estética y a un pasado no muy antiguo. Algunos ejemplos: el Pentagonito, el Museo de la Nación, el edificio de Petroperú, el mismo Centro Cívico, la residencial San Felipe o Santa Cruz. Todas son estructuras imponentes y vestigios de una corriente arquitectónica que alguna vez estuvo en boga en el mundo y marcó el diseño urbano de la ciudad. Se le llamó brutalismo, y en el Perú encontró un terreno fértil entre los jóvenes arquitectos que estaban obsesionados con realizar una arquitectura monumental que rompiera con el pasado y con el estilo clásico de la primera mitad del siglo XX.

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