Oriente MedioEntrar al Gran Hotel Bolívar es hacer un viaje a la época que mejor representa los años de esplendor de nuestra era republicana. Aún conserva sus columnas y pisos de mármol, así como sus espejos de marco dorado, sus muebles de terciopelo y sus imponentes luminarias que se descuelgan del techo. En el ‘lobby’ nos da la bienvenida un automóvil Ford T de los años veinte del siglo pasado y, a un lado, sigue operando uno de los dos primeros ascensores que se instalaron en el Perú. Afuera suenan las bocinas de los carros que transitan por el centro, pero aquí adentro es como estar en otro mundo: uno que se resiste a desaparecer, a pesar del paso del tiempo.
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El hotel Bolívar se levantó sobre un terreno de 4 mil metros cuadrados en lo que hoy es el cruce de la avenida Nicolás de Piérola con el Jirón de la Unión. Fue diseñado por el arquitecto peruano Rafael Marquina, uno de los máximos exponentes del estilo neocolonial. Se inauguró el 6 de diciembre de 1924 para conmemorar el centenario de la Batalla de Ayacucho. “El presidente Leguía convenció al empresario Augusto N. Wiese para que construyera el Gran Hotel Bolívar conjuntamente con otros inversionistas integrantes de la empresa Sindicato Wiese que él presidía”, explica en su blog el historiador Juan Luis Orrego.
Desde entonces, el Bolívar se convirtió en el favorito de las celebridades que estaban de paso por Lima. Algunos de sus huéspedes más ilustres fueron los actores John Wayne, Clark Gable y Vivien Leigh; los escritores Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges y William Faulkner; el director de orquesta Ígor Stravinski, el trompetista Louis Armstrong y los músicos británicos Mick Jagger y Keith Richards. Estos últimos fueron desalojados de las habitaciones 323 y 324 por “tener una actitud grosera e indecorosa”, reportó El Comercio en 1969. Otra anécdota cuenta que Ava Gardner, la gran estrella de Hollywood de los años 50, cantó y bailó descalza en uno de los salones, animada por los efectos del pisco sour. Algo parecido le pasó al mítico Orson Welles, quien cayó rendido tras tomar varias copas de nuestra bebida bandera.
En tiempos más recientes, el que fuera el hotel más lujoso de la ciudad ha sido escenario de sucesos que han marcado el rumbo del país. El 14 de septiembre del año 2000, en su sala de conferencias, se difundió el primer ‘vladivideo’, que marcó la caída del régimen fujimorista. Y, para darse un baño de popularidad, no son pocos los políticos que se animaron a realizar “balconazos” en este lugar tras ser elegidos como autoridades, desde Alan García hasta Susana Villarán.
SÍMBOLO DE LA CIUDAD
El Gran Hotel Bolívar estuvo a punto de ser rematado el 2017 debido a una millonaria deuda tributaria. Sin embargo, esta acción fue suspendida gracias al pago parcial del monto que adeudaba. Un año después, la administración de este inmueble fue asumida por el abogado César Martínez Cuba, cuya gestión se mantiene hasta el día de hoy. “Estamos trabajando para que el hotel vuelva a tener la categoría de cinco estrellas. Para ello, se requiere de una inversión aproximada de 30 millones de dólares”, comenta Martínez.
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Por estos días, el hotel Bolívar está clasificado como un alojamiento de tres estrellas a causa de sus deficiencias arquitectónicas. Actualmente opera al 40% de su capacidad: de sus seis pisos, solo están habilitados los tres primeros. Su icónico bar está en pleno proceso de remodelación para llegar a punto a las celebraciones de fin de año. En junio próximo, además, tienen planeado lanzar un concurso público para que la empresa ganadora se encargue de la refacción, mantenimiento y reacondicionamiento de distintas áreas. El objetivo es realizar las obras entre el 2025 y el 2026, sin suspender los servicios.

El corazón del hotel Bolívar son sus cerca de cien trabajadores, que se dividen en las dependencias de cocina, servicios y cuartelería. Uno de los más antiguos es Luis Medina, el encargado de la caja del restaurante, que ingresó a trabajar al hotel en 1981. En sus más de cuatro décadas, ha pasado por todas las áreas y recuerda especialmente haber atendido al expresidente argentino Raúl Alfonsín. También está Janeth Tapullima, que hace diez años comenzó como operaria de limpieza, luego pasó a ser azafata y hoy es supervisora del personal en el turno de mañana. Y, finalmente, nos encontramos con Glenn Delgado, el coordinador de eventos, que tuvo como principal reto asumir la operación del bar y restaurante, tras los días de encierro por la pandemia.

Todos ellos, junto con la administración, vienen empujando el barco para que este salga a flote. Por lo pronto, de cara a su centenario, se lanzará un circuito turístico por los alrededores de la Plaza San Martín, donde la cereza del pastel será un recorrido por las instalaciones del hotel Bolívar. Aquí nos recibirán siempre con los brazos abiertos. Y con una ‘catedral’ para celebrar. //












