Por Diana Gonzales Obando

En cualquier mercado o bodega las encontraremos enfrascadas o dentro de sobrecitos transparentes. Es más, al usarlas a diario pasan desapercibidas, basta estirar la mano para guardarlas en el bolso y pagar unas monedas. Pimienta molida o entera, kion en polvo como saborizante o también entero, clavo de olor que potencie los postres peruanos o aprovechando sus bondades medicinales en el uso dental, y muchas más. Las especias son parte natural de nuestra vida y nuestra cocina. Nadie se imagina que, siglos atrás, tenerlas condimentando las carnes costaba vidas y producía tragedias. Para obtenerlas, ambiciosos viajeros navegaron océanos, pisaron territorios absolutamente remotos para ellos, llegaron a pequeñas islas, consiguiendo estos aromáticos tesoros muy distintos a cualquier joya y, sin embargo, tan valiosas y codiciadas como el oro.