Por Oscar García

Quien llega al Rincón de Juancho, un famoso huarique ubicado en la primera cuadra del jirón Madera, en el Rímac, descubre enseguida que el lugar desafía cualquier noción de lo que debería ser un restaurante. Incluso desafía la lógica misma del espacio. Es un local tan angosto que dos personas no podrían cruzarse sin rozar las paredes. Ellos se presentan como “el restaurante más angosto del mundo”, una afirmación imposible de comprobar, aunque irrelevante frente a la experiencia. El pasadizo tiene solo 1.23 metros de ancho. Para ingresar, el visitante debe girar el cuerpo, avanzar de costado y bordear la cocina que ocupa casi todo el frente, mientras los cocineros —a las once de la mañana— fríen pancetas que estallan en el aceite y perfuman el lugar con el aroma del chicharrón.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: