ArgentinaDe todos los vuelos nacionales, hay un gran motivo para replantearse pedir el asiento de ventanilla cuando se viaja a Madre de Dios. Desde el cielo, lo que era un manto verde sin fin hoy muestra manchas grises o amarillentas que avanzan a la par del Amazonas. Al descender, el panorama no mejora; desde la carretera, los incendios —legales o ilegales— acompañan la vista por ambos extremos, mientras cobra sentido por qué cada hora se talan un aproximado de 17 campos de fútbol.
De todos los vuelos nacionales, hay un gran motivo para replantearse pedir el asiento de ventanilla cuando se viaja a Madre de Dios. Desde el cielo, lo que era un manto verde sin fin hoy muestra manchas grises o amarillentas que avanzan a la par del Amazonas. Al descender, el panorama no mejora; desde la carretera, los incendios —legales o ilegales— acompañan la vista por ambos extremos, mientras cobra sentido por qué cada hora se talan un aproximado de 17 campos de fútbol.
Al adentrarse en las profundidades del bosque -un viaje de aproximadamente nueve horas- aún se pueden ver botellas de plástico, rastros de minería ilegal y concesiones forestales que intentan mitigar el daño al ecosistema. Entre las más de una docena de concesiones forestales maderables vigentes se encuentra la empresa Forestal Río Huáscar, donde nos recibe Ciro Morales Bellido, un ayacuchano que, como otros miles de madrediosinos, llegó buscando mejor suerte.

Una selva al límite
El único motivo de Morales para no convertirse en un minero ilegal fue un sol de diferencia. “Como carretillero minero me pagaban nueve soles. Luego, los hijos de un castañero japonés me enseñaron a cortar cedro a mano; ganar diez soles ya mejoró mi situación”, nos cuenta. Un año después trajo a su esposa y su hija, dedicándose a la pesca con un peque-peque y luego —con dinero acumulado y gasolina en mano— consiguió adentrarse en el rubro de la tala con un aserradero portátil. Poco después, el gobierno facilitó contratos de 1.000 hectáreas durante el boom de la caoba, y al poco tiempo se crearon las primeras concesiones forestales maderables, pensadas para promover el manejo sostenible de la madera, el cuidado de la castaña, y frenar la tala ilegal.
Lo que el contrato no estipuló es que el sueño de Morales se volvería ligero. La fiebre de la caoba, entre 1998 e inicios del 2000, llevó a ilegales a probar suerte en su concesión. “Entraban por la noche, y en un par de meses juntaron entre 70 y 80 toneladas de madera que fueron acumuladas en un depósito en Puerto Maldonado”. Nunca hizo la denuncia, tampoco se recuperó la madera e incluso sus socios le vendieron sus partes por miedo a represalias, solo por tener conocimiento del caso. “Al año solo regreso a la ciudad unas 10 veces. Si me voy, pueden entrar, hacer coca y destruir el área”.

Río Huáscar fue la primera concesión forestal maderable en conseguir tal título, una de las tantas que, según la ley, lleva registro de los árboles cortados, de las castañas en su territorio y de los animales que habitan en él. Sin embargo, tras el alza del combustible —problema que afecta a otros rubros— la situación se encuentra al límite. “Hace un año que Serfor no autoriza la salida de la madera, aun contando con los papeles; nosotros no ‘apresuramos el proceso’, los ilegales sí lo hacen —nos cuenta Morales—. Estoy ahora usando dinero de la ganadería y también préstamos del banco. En otras palabras, estoy en quiebra”.
Con tantas cosas en contra, ¿Qué te motiva a seguir siendo formal?
—“Ser formal es bravo, es aguantar. La informalidad es tentadora, pero si yo paro, ¿Qué va a pasar con el bosque?”

El que muge gana
Puede decirse, con absoluta certeza, que en ninguna otra región amazónica del país se cocina más carne de res que en Madre de Dios. Y mientras la minería avanza, la selva se quema por un motivo en particular: las prácticas agropecuarias. La ganadería resulta atractiva porque puedes trabajar solo, gastas menos en combustible y tienes menos costos de personal. “Y hasta puedes abrir tu propio restaurante al ladito”, nos cuenta Hamilton Huamán, castañero de la concesión forestal castañera El Aguajal, tercera generación de recolectores de castaña que desciende de recolectores de caucho, negocio que, al igual que la castaña, siente ya no es del todo rentable.
A pesar de que la castaña solo crece en Brasil, Bolivia y Perú -siendo Madre de Dios la productora del 95 % de la misma-, cosechar este fruto seco cada día es menos rentable. El año pasado su costo aproximado era de 700 soles la barrica; este año solo cuesta 200. “Si quieres reclamar por los costos, siempre hay quien paga menos”, nos explica Huamán, quien además debe asegurarse de tener un registro de todas las castañas en su concesión, así como de no perturbar la vida salvaje en ella.

El problema continúa al momento de vender las castañas, especialmente cuando el mercado se inunda de castañas brasileñas, lo que convierte sus nueve horas de recolección y selección en tiempo que, asegura, pudo haber dedicado a otras actividades como la ganadería. A pesar de la herencia familiar y el amor por sus tierras, esa idea rondó su mente y se fue tan rápido como llegó la tragedia. “Desapareció mi sobrinita, vendí todo el ganado para encontrarla. Nunca volvimos a saber su paradero, ni viva ni muerta”, nos cuenta Huamán, quien, tras este mal año en que no puede pagar a sus recolectores, piensa seriamente en retomar el sueño ganadero.
¿Qué te impide venderlo todo hoy para empezar de nuevo?
—“Porque te pasa lo que les pasa a muchos en Madre de Dios: vendes tus tierras por plata y terminas en algún momento siendo peón donde alguna vez fuiste rey”.
La aparición del jaguar en los bosques amazónicos es clave para evaluar su estado de conservación. Al ocupar la cima de la cadena alimenticia, el jaguar necesita abundantes presas y grandes extensiones de territorio —de hasta 20 km²— para sobrevivir y reproducirse. Su presencia puede revelar un ecosistema saludable y con poca intervención humana, mientras que su ausencia puede ser indicio de un territorio degradado por la tala, la minería o la cacería.

En Madre de Dios, WWF Perú impulsa una serie de acciones para que la extracción de castaña sea ambiental, social y económicamente sostenible, entre ellas incentivos de mercado, fortalecimiento de capacidades y articulación institucional entre actores locales. Así se generan medios de vida sostenibles para comunidades indígenas y locales, concesionarios forestales y recolectores, evitando la deforestación y degradación de los bosques

InvestigaciónExamen en profundidad de un hecho noticioso que requiere investigación y recursos extensivos.


















