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La escuela donde tus hijos pueden aprender a ser rockeros

School of Rock, la franquicia mundial de escuelas de música, abrió sus puertas en Lima. Niños desde los 2 hasta los 17 años están aprendiendo de la mano de notables rockeros locales. Adultos también se han matriculado: nunca se es demasiado viejo para el rock and roll.

El año es 1998. Las camisas de franela han sido enterradas junto al grunge que las popularizó y en las radios ya no se oye Nirvana, sino Britney Spears y el pop prefabricado de las boy bands. Para afrontar las responsabilidades de la vida adulta y la necesidad de pagar las cuentas, un ya-no-tan-joven rockero de Filadelfia se vuelve profesor de música de un grupo de colegiales, a los que confronta con un método que resulta tan excéntrico como su persona: “¿Así que quieren aprender a tocar rock? Apréndanse los tres primeros discos de Black Sabbath y los cinco primeros de Led Zeppelin. ¡De ahí es de donde proviene todo!”.

Así contada la anécdota, parece la trama de la recordada comedia La escuela del rock (2002), pero es solo parte de la biografía de Paul Green, un músico que en 1998 abrió la primera sede de la Paul Green’s School of Rock Music, en una oficina de dentista y con un préstamo de 7 mil dólares. El nombre fue abreviado luego a The School of Rock, cuando su innovadora idea –enseñar música a escolares a través de la escucha disciplinada de los grandes dinosaurios del rock como Pink Floyd, AC/DC o Yes– se volvió una enorme franquicia, mucho más aún tras la publicidad gratuita que supuso el lanzamiento de la película, con la que no está relacionada.

Como se lee, aunque suene extraño, los productores de la comedia de la Paramount Pictures han negado haber basado su historia en la del auténtico profesor del rock y su programa de enseñanza. ¿El arte imitó una vez más a la vida? Es un tema tan insólito como la noticia de que una de estas escuelas, exactamente la sede número 208, acaba de abrir en Lima, hace solo tres semanas. En todo este tiempo y sin promoción han conseguido ya que más de 100 estudiantes se matriculen en alguno de sus cinco programas, que constan a la semana de una clase individual y una sesión grupal.

Es martes por la tarde y en su local de Javier Prado, un edificio con patio y tres pisos de aulas, un grupo de chicas de entre 11 y 17 años ensaya después de su hora de colegio. Han tenido aún pocas clases pero ya están tocando con competencia el Twist & Shout de los Beatles, ante la dirección del profesor Bruno Sánchez (guitarra en Turbopótamos). Como lo manda la franquicia, los profesores en planilla deber ser escogidos por su trayectoria y formar parte de bandas en actividad, como el bajista César Bustamante (Frágil), la cantante Claudia Maúrtua (Ni Voz Ni Voto) y el multiinstrumentista ‘Pelo’ Madueño, que forma también parte de la directiva de la institución.

“Lo que School of Rock inventó fue un método alternativo y una filosofía de aprender tocando. En los métodos tradicionales, la idea es que primero domines un instrumento y, bien al final, toques en un conjunto. Acá no, desde la segunda clase ya estás tocando con una banda. Eso fortalece otras habilidades, como trabajar en equipo”, cuenta Madueño, que cuando era colegial ya tocaba la batería para Miki González. “Nuestra escuela fue la calle. No teníamos otra forma. Se cree que el estudio de la música es para superdotados, pero siempre he pensado que este debe estar al alcance de todos, más cuando eres niño”.

Esta escuela del rock tiene cinco programas: hay uno dirigido a niños de 2 a 4 años, llamado Little Wing, para fomentar la estimulación temprana en la música, con asistencia de la mamás; luego están el programa rookies (6-7 años) y Rock 101 (de 8 a 10), en donde se aprende el ABC de la música y la dinámica de tocar en vivo. El programa estrella de la institución es el denominado Performance, para chicos de 11 a 17 años. Acá se prepara a los alumnos para ofrecer un concierto de rock, como una especie de graduación para un instituto que no cree en las notas. “El rock no se trata de obtener A”, como diría Jack Black.

Un programa final, el que más respuesta ha tenido en el Perú, es el dirigido a los adultos, sin límite de edad. Es un hecho que ha sorprendido a las filiales de School of Rock de otros países. “Eso ocurre –cuenta Madueño– porque acá nunca se vio el aprendizaje de la música como algo serio. Hay mucha gente que quiere sacarse el clavo, que quiso tocar un instrumento cuando era niño o que lo dejó a la mitad, porque la música no era una carrera. Ahora se han matriculado porque quieren tener esa experiencia grupal, pasarlo bien y hacer de la música parte de su vida”. Toda persona que quiera postular a la escuela debe solicitar primero una clase gratuita. Es política de la escuela: vivir la experiencia del rock.


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