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Eva Ayllón y el Perú: lo que piensa del amor, la mujer, el futuro y sus proyectos

Después de diez años, Eva Ayllón volvió a presentarse en Lima un 28 de julio. Días antes, la diva del criollismo –que en 2020 cumple medio siglo de vida artística– habló sobre sus amores, sus miedos y los sueños que aún tiene por cumplir.

La noche anterior a esta entrevista, Eva Ayllón estuvo ensayando hasta las dos de la mañana el repertorio de temas que interpretará en el show Al Perú de mis amores, que presentará este 28 de julio en el Centro de Convenciones María Angola. “Esta vez, solo voy a cantarle a mi país. Que no me pidan Mal paso ni Regresa”, advierte la cantante, mientras nos dirigimos a una cafetería de San Isidro. Antes de sentarse, pide unos minutos para hablar con su asistente, apaga el celular, se pone unos lentes de marco dorado y suelta una frase que me ruboriza: “Ahora sí, soy toda tuya”.

Está a punto de cumplir cincuenta años de carrera, ¿cuál es el secreto de su vigencia?
Tener mucho respeto por los músicos que me acompañan. Son ellos los que me ayudan a redondear mi idea musical para hacer un buen espectáculo. Luego de un show, no sabes cómo lloro leyendo los comentarios de las cosas lindas que me dicen. Me emociono mucho. Pero hay gente que piensa lo contrario… que soy una sobrada.

¿Por qué cree que piensan eso?
No soy sobrada, pero presuntuosa, sí. Porque me siento bien conmigo misma, me creo bonita, me gusto. Lo que pasa es que soy muy tímida.

¿En qué sentido?
Con tratar con la gente. Me da como vergüencita, pero es algo que ya sobrellevo mejor. Estoy haciendo una especie de terapia que mi psicólogo me ha recomendado. Cuando termino de cantar, le digo al público: ‘no se vayan, vamos a tomarnos fotos’. Quiero que me abracen, que me besen. Me gusta ese contacto después de toda la adrenalina de un show.

Le ha hecho bien ir a terapia…
Voy porque sufro de ataques de pánico. Aparte, extraño mucho a mi abuela, a mi padre y a mi madre. Me preocupan mis hijos, los dos están lejos. Hago lo imposible por verlos cada dos o tres meses. Todo eso me genera una angustia, una pena, porque me gustaría abrazarlos.

A pesar de lo que cuenta, se le ve dando lo mejor en los escenarios.
Es que así tiene que ser. Para mí, el escenario es mi gran amor. Es mi único amante. No me ha permitido tener marido [risas]. Yo he tenido tres relaciones muy fuertes. Pero ninguno de ellos pudo con mi nombre, con mi fama, con mi personalidad. No pudieron competir con el escenario.

¿Tiene algún resentimiento por eso?
No, no, para nada. Me siento agradecida. Llevo varios años sola, me divorcié hace mucho. Soy una mujer feliz así como estoy.

¿No considera importante tener una relación ?
No, ya no. Yo creo que la libido se me fue a los 50 años. Tengo energía para el escenario, pero el solo hecho de pensar en lo otro hace que diga: ¡ay no, qué flojera!

En estos momentos de su vida, ¿qué sueño quisiera lograr?
Me gustaría pasearme por todas las ciudades del mundo y que se sepa que hay una peruana que levanta su bandera cada vez que canta. Pero eso es un poco difícil. Personalmente, solo pido fuerzas y salud para seguir trabajando.

¿Hace alguna rutina de ejercicios para mantener su estado físco?
Tengo a la entrenadora más mala… que es Natalia Málaga. Ella es buenísima, pero es muy exigente. Además, me ayuda con los contratos.

¿Es su mánager?
No, solo está dedicada por mí a que me hagan los contratos. Mi asistente personal es Denise Loyola. A veces llega Natalia y me dice ‘ya, ya, vamos a movernos’, pero me da pereza si he trabajado la noche anterior. En mi día a día, prefiero leer mis letras o escuhar música en mi iPad. Es mi forma de conectarme con lo que me gusta. //


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