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Frontera azul, la estremecedora película peruana filmada en cinco países y que gira en torno al mar

La presencia del mar como una metáfora de la vida y la muerte es el leitmotiv de Frontera azul, película peruana filmada entre Alaska, Tahití, Namibia, Indonesia y Perú. La fotografía es emotiva, tanto como los límites del hombre ante la naturaleza.

No es el inicio ni es el fin: es el mar. Ese que siempre está presente. Ese que siempre reconforta e inspira cuando uno se detiene a verlo. Ese que purifica cuando uno se baña en sus aguas. Ese que divide continentes pero no tiene fronteras. Ese que representa vida y también muerte. Ese que motivó al free surfer profesional Jonathan Gubbins a reunirse con los directores Jorge Carmona y Tito Köster para realizar Frontera azul, un proyecto cinematográfico que acabó siendo un viaje místico.

La película nacional narra las historias de un pescador en Alaska que lucha por mantener con vida a su compañera; una pareja en Tahití que trata de seguir junta a pesar de sus diferencias; un hombre en los desiertos de África que es perseguido por la culpa y emprende un peregrinaje; un joven en Indonesia que se reencuentra con su hermano tras la muerte de su padre; y un pescador en la costa del Perú que espera el amor en compañía de su perra de nombre Mochica. Cada uno de estos relatos –con actores de las localidades mencionadas– tiene como eje la presencia del mar, que está representada como una metáfora de la vida y de la muerte.

“Elegimos esos destinos siguiendo la idea de Jonathan de realizar una película donde estén olas de clase mundial”, cuenta Köster. Sin embargo, junto a Jorge, decidió proponerle una ficción cuyo protagonista fuera el mar. “El océano tiene una cercanía conmigo porque ha estado presente toda mi vida. Además, nosotros tenemos agua en nuestro interior. Sudamos y lloramos agua salada”, reflexiona Carmona. El agua, se suma Tito, sirve para conectarse con uno mismo y con la naturaleza. Eso es lo que quieren transmitir con este proyecto. El grupo convocó a Miguel Ángel Moulet, guionista y realizador que fue premiado en el Cinéfondation del Festival de Cannes, en 2012, por su cortometraje Los anfitriones.

Al inicio, revela Carmona, iban a grabar en cuatro destinos hasta que hallaron su último relato y –paradójicamente– su punto de partida: Alaska. “Cuando grabamos ahí, se decidió que la voz que una todo fuera la de Aga [la esquimal enferma y que está bajo el cuidado de su compañero]”, admite Jorge. Para Tito, la voz de esta mujer es la voz de todos. “Su estado permite que se conecte con los demás personajes a través de las emociones”, agrega. Conexión que también esperan lograr con el espectador.

frontera azul

El personaje de Aga (Alaska) narra las ideas y los pensamientos de todos los personajes. Lo hace en dialecto yupik.

Si el mar es una presencia integradora, el personaje interpretado por Gubbins fluye mediante él. En la ficción, como en la vida real, está en busca de la ola perfecta. Y el público lo acompaña en este gran viaje a Teahupoo, en Tahití; Skeleton Bay, en Namibia; Desert Point, en Indonesia; y Cabo Blanco, al norte del Perú. “Para mí era más un sueño que una realidad hasta que, en cierto punto del proyecto, aparecieron Carmona, Tito y todo el grupo de producción en el lugar. Ahí me di cuenta de que la cosa era seria”, recuerda Jonathan.

Capturar esas olas no fue el único reto que enfrentó el equipo de producción. “En el caso de las historias, influía mucho el clima. Queríamos que, por ejemplo, Alaska se viera con nieve y que se dieran las condiciones para poder grabar. Eso también generó que el viaje se extendiera un poco más”, confiesa Tito. La aventura se prolongó por siete años. “Como lo conversamos con Jonathan, hasta que no sentimos que la película estuvo como queríamos que esté, no dejamos de seguir haciendo cosas. Pero, cinematográficamente hablando, la película cumple con los requisitos de cualquier otro filme”, defiende Jorge.

Frontera azul es un viaje a lo más bello que puede ofrecer la naturaleza: las imágenes del mar y el cielo, las montañas nevadas de Alaska, los desiertos del África, las olas salvajes de Tahití, el mar de Indonesia y las ballenas jorobadas al norte de nuestro país. Pero también es una reflexión sobre el hombre y sus fronteras. “Un poco lo que tratamos de decir con la película es que todos somos uno”, explica Carmona. “Las personas [como los personajes del proyecto] tienen emociones, sentimientos, situaciones agradables o desagradables. Y todos, de alguna manera, vivimos lo mismo”, agrega Köster.

A estrenarse el 7 de febrero, sus directores son conscientes de que esta propuesta coral no tiene los clásicos ingredientes de un filme comercial. “Aunque yo sí quiero que sea comercial”, comenta Tito entre risas. “Porque está hecha para que la gente se conecte”, agrega Jorge; sin embargo, más allá de pensar en el número de audiencia, “nos gustaría compartir esta experiencia, que nos tomó siete años, con ellos”. “La película tiene un mensaje bastante profundo. Vas a poder conocer un poco de las culturas y las formas en las que los distintos humanos vivimos”, plantea Gubbins.

Sin darse cuenta, usted ya ha sido parte de ese viaje. Esta nota inicia con una fotografía de Alaska –siéntase libre de regresar a la primera página– y cierra con la imagen del mar. Ese al que, por diferentes razones, estamos atados. Y cuando volvemos a él, sin importar el motivo, regresamos a nuestro origen. //


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