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Game of Thrones 8x05: ¿Qué queda después de las cenizas de King's Landing? | RESEÑA

El penúltimo episodio de Game of Thrones fue la crónica anunciada de un horrendo crimen de guerra. Fue además la culminación del giro trágico que se advertía en la historia, en la que quienes fueran antaño los héroes sucumben a la fatalidad, a sus errores y malas decisiones.

La promesa que alguna vez hiciera la Madre de los Dragones de romper la rueda de la tiranía y el abuso en Westeros fue saldada anoche en Game of Thrones 8x05, con consecuencias terribles que todavía retumban en la cabeza. Si se atiende a la connotación violenta que la palabra “romper” conlleva, no debería extrañar nada el rumbo que anticipaba la cruel Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), que este domingo decidió hacer explotar el centro de poder de Westeros y su máximo símbolo, la capital Desembarco del Rey, hasta dejarlo en cenizas.

Como se auguraba en el capítulo anterior, Game of Thrones 8x05 fue la crónica anunciada de un horrendo crimen de guerra. Fue además la culminación del giro trágico que se advertía en la historia, en el que quienes fueran antaño los héroes sucumben a la fatalidad, a sus errores y malas decisiones. Como en las tragedias antiguas en las que los nobles son víctimas de un destino irónico, Daenerys acabó convertida en lo que ni su padre, El Rey Loco Aerys II Targaryen, pudo conseguir: ser el genocida que quemó a su pueblo en un arrebato de locura.

Ella lo consiguió al ignorar el sonido de una campana. Esta resonancia anunciaba la rendición de la ciudad que quería conquistar, un tañido poderoso como un lamento que llegó quizá demasiado pronto, antes que sus afanes de venganza hubiesen sido satisfechos. Al enfilar con furia hacia la Fortaleza Roja, asesinando a miles de civiles con el aliento de su dragón, Daenerys dio el previsto paso a su última conversión en villana. Cumplió así otra promesa hecha hace años, en la segunda temporada, cuando le dijo a los Trece de Qarth que recuperaría lo que era suyo con “sangre y fuego”. Vaya que lo hizo.

“Yo no tengo amor aquí. Solo inspiro miedo”.

En el camino, la rubia conquistadora sacrificó a su consejero Varys (Conleth Hill), el único que vio la foto completa y conspiró contra ella. Amenazó de muerte a su otro asesor, Tyrion Lannister (Peter Dinklage), al que no le quedó más remedio que cometer traición para salvar a su hermano capturado. Finalmente, intentó manipular con sexo a su amante/sobrino Jon Snow (Kit Harington), de la misma forma en que Melisandre de Asshai lo quiso hacer alguna vez. Pero ya sabemos que puesto a escoger entre la pasión momentánea y el honor o la familia, el bueno de Snow sacrificara lo primero siempre. Daenerys se terminó de quedar sola anoche, con los únicos seres cuyas voluntades gobierna: dos ejércitos y una bestia letal.

En este punto habría que preguntarse: ¿Es ella víctima de una enfermedad mental o solo una persona con una brújula moral pobre o dañada? Sus acciones hasta el momento, si bien despiadadas y ruines, se muestran racionales, coherentes con el propósito mayor que la anima: recuperar el trono de hierro, ese mismo que sabe que no le corresponde. No es un desvarío de loco en ella infligir el terror sino una decisión fría, como le indica a Snow luego de que este le rechazara un beso con sabor a ruptura: “Yo no tengo amor aquí, solo inspiro miedo. Miedo será, entonces”.

Desde luego, el penúltimo episodio de la serie no trató únicamente del descalabro de la joven Targaryen. Sirvió además para cerrar arcos muy importantes, aunque la ejecución no haya estado al nivel de la línea principal. El que más resintió fue el desenlace de la reina Cersei Lannister (Lena Headey), cuya ventaja estratégica en batalla quedó reducida a nada por una decisión bastante arbitraria del guión, que anuló su capacidad defensiva contra los dragones. Igual la muerte de los civiles resultó casi tan traumática como verla llorando de miedo, al saberse derrotada y sin escapatoria. Se fue abrazada del único hombre que en verdad la quiso, con el que compartió el útero y la muerte por derrumbe.

El otro arco importante que se cerró anoche fue el del famoso Cleganebowl o el duelo de los hermanos El Perro y La Montaña. Su rencor fraterno fue implantado desde la misma primera temporada, en el torneo de caballeros que le celebró el Rey Robert Baratheon a Ned Stark, y desde entonces se ha esperado nueve años para que los fans puedan ver a los hermanos pelear. En este caso, pareciera que la larga espera conspiró con el resultado final, que resultó previsiblemente deslucido para todos los posibles combates que uno se imaginó en todo este tiempo. Un combate en una escalera es una decisión extraña. 

Game of Thrones 8x05 fue dirigida con mano firme y una precisión maniaca para la destrucción por el capo Miguel Sapochnik, el mismo de La Batalla de los Bastardos y La Larga Noche. El escenario que nos deja de cara al episodio final es el de una tirana asentada en el poder, dueña de dos ejércitos invencibles y un dragón, vs la reserva moral de Westeros que significaría el helado Norte, la casa del clan Stark. Al menos ya sabemos que Arya Stark (Maise Williams), que vio el horror de la masacre de King's Landing de cerca y apenas pudo escapar, acaba de agregar un nuevo nombre a su lista.

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