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Gladys Zender, Christian y un sueño: “Me atrevería a volver a desfilar”

A propósito de LIFWEEK conversamos con la ex Miss Universo sobre la época más glamorosa de la moda local: hoy está de cumpleaños y su hijo Christian Meier publicó esta foto

El conjunto de piezas traídas por la casa Cartier era tan costoso (50 millones de soles de aquel entonces) que el evento requirió vigilancia policial. Era junio de 1953 y Lima empezaba a conocer dos conceptos que antes le habían sido ajenos: la modernidad -algunos meses antes se había inaugurado el primer super market- y la extravagancia. El Country Club Lima Hotel (inaugurado en 1927) era el escenario donde ambos convergían.

En aquel encuentro dedicado a las joyas de la emblemática maison francesa se exhibió un collar que había pertenecido a Catalina II de Rusia. De él colgaba una esmeralda de 107 quilates.

LA MÁS BONITA DE TODAS
Todos los desfiles de moda que se hacían en Lima tenían lugar en el Country (el primero de ellos había sido en 1943). Las características solían repetirse: eran a beneficio; incluían un coctel o cena; las invitadas iban ataviadas con sus mejores galas (sombreros, guantes); y ninguna de las modelos que se subía a la pasarela había tenido mayor preparación que la de un breve ensayo. “Lo máximo que nos decían era ‘ponte así el chal’ o ‘muestra el vestido de esta forma’. No se estudiaba modelaje en esa época: todas eran amigas, chicas jóvenes o misses”, cuenta la ex Miss Universo Gladys Zender. La práctica hizo a la maestra y Zender lo sabe de primera mano: ha desfilado por cientos de pasarelas a lo largo de su vida. Empezó a los 16 años y continuó por varios años después de ganar el certamen. “Había algunas firmas nacionales de telas, ropa tejida de punto, pero también venían marcas de afuera. Sobre todo, un famoso peletero de Francia que traía sus pieles cada año”, recuerda. “Una vez me pusieron un abrigo hasta el suelo; me veía fatal, era muy joven para ese corte”, finaliza Zender. Vamos a tener que dudar sobre eso último.

“Me atrevería a volver a desfilar, pero ya nadie me llama, por la edad”, dice Gladys Zender. “Las cosas no son como eran antes, pero siempre me gustó modelar”. 

EL SHOW DEBE CONTINUAR
“Todo lo que pasaba aquí era como un reflejo de lo que ocurría en el mundo entre guerras”, sostiene Lorena Ortiz de Zevallos, gerenta de Marketing del Country. “El hotel iba desarrollándose en una parte de la ciudad donde la moda, el arte y la música componían un deseo cosmopolita que influenció a la sociedad limeña de entonces”, indica.

Entre finales de los 80 e inicios de los 90, cuando Efraín Salas comenzaba en el mundo de la moda local, el Country seguía siendo “el hotel donde se hacían los grandes desfiles”, asegura. “Este espacio era sinónimo de lujo y fantasía, y la moda siempre ha estado ligada a eso”, añade el director de LIFWeek. “En esos años lo más cercano a una avenida comercial era Larco. Para las generaciones más jóvenes es muy difícil de entender: han crecido con grandes almacenes repartidos por todo el Perú, pero el panorama era muy distinto antes”, continúa Salas. Con LIF Week se continuó con la tradición, pero también se reconfiguró el concepto de aquellos primeros desfiles de los 50 y 60. “Es la moda como un evento comercial con la finalidad de la presentación de una colección, más allá de un acontecimiento social o una función de entretenimiento. Ahora lo entendemos como una plataforma de marketing”, explica. Este octubre, el Country Club Lima Hotel albergará la decimoquinta edición de LIF Week.

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