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Wendy Ramos: ¿qué dice el ADN de la querida actriz de Patacláun?

La actriz se ha realizado una prueba científica con el objetivo de descifrar su código genético. Estos son los resultados de la autora de Diarios de una Vaca Descarriada, best seller en la FIL 2018

La ciencia no se equivoca. Hace mucho tiempo que la doctora Ysabel Montoya rige su vida bajo este precepto. La especialista en tecnología del ADN (y fundadora de Laboratorios Biolinks, donde se han realizado las pruebas Acurio y Ramos) explica que no solo las características físicas de un individuo –color de ojos, pelo, contextura– se atribuyen al ADN; también se pueden prevenir ciertas enfermedades, como el cáncer. Nuestro código genético es así de complejo, pero así de útil. “Ni siquiera los hermanos tienen el mismo porcentaje: cada uno recibe diferentes cantidades del ADN de sus padres”, explica Montoya. “También el de sus cuatro abuelos, y el de sus ocho bisabuelos”, añade. Las poblaciones genéticas se catalogan, en esa línea, según la etnicidad: caucásica, andina/americana, asiática y africana. Todos tenemos de todo. En el Perú, no hay ADN que pueda evidenciar lo contrario.

El caso de Wendy Ramos es curioso. Más allá de sus padres (él, de Huancayo; ella, limeña), poco sabe la actriz sobre su ascendencia. Lo que sí sabe, y lo aprendió desde muy chica, es que la nuestra es una tierra donde hay espacio para quien quiera venir. “Tenía amigos de la cuadra, gente del edificio: había un argentino, un chino, éramos todos mezclados”, dice. Ramos creció junto a Albina, la mujer originaria de Huacho –y que todavía trabaja junto a ella– con quien veía novelas, salía a pasear y a quien le presentaría a todos sus enamorados. Albina no era parte de su familia sanguínea: era quien se encargaba del cuidado del hogar.

Uno de los episodios que más le impactaban a Wendy siendo chica era ver que en casa de su abuela las circunstancias eran radicalmente distintas. “Había cosas que ella decía o hacía, que para ella eran como muy normales”, cuenta. “Le revisaba la cartera a la empleada antes de irse, por ejemplo, o le daba otros cubiertos para comer. A mí me parecía muy raro; sabía que no era así como debía ser”. Y no lo eran en su núcleo más directo (de hecho, su padre se casó con una mujer afrodescendiente) ni en el ambiente que ella frecuentaba: el artístico. “Sí noto que hay cosas que están cambiando. Antes la gente se reía con bromas sobre la homosexualidad o el color de la piel. Algunos se siguen riendo, pero son cada vez más pocos”.

*Los resultados de Wendy Ramos arrojan los siguientes porcentajes en su adn: 50,1% caucásico; 42,1% asiático; 4,9% andino y 2,9% africano.

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