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La historia del canadiense que desde hace 28 años lucha por salvar a los niños peruanos más vulnerables

Llegó al Perú a finales de los 80, conoció a los niños de la Plaza San Martín y desde ahí no ha parado hasta contar con una casa hogar donde aloja, cuida y educa a más de 70 jóvenes en riesgo

Hace 29 años, Jean-Louis Lebel Brunette era profesor de educación física en un colegio de Canadá, su país natal. Esa, sin embargo, no era su verdadera vocación. Todo cambió el día que conoció a los niños de la Plaza San Martín. Llegó a Lima a finales de los 80 de vacaciones y de la mano de una fundación con la que hacía actos de caridad en diferentes lugares del mundo. "Su vida era fumar terokal, pelear y robar. No había otro horizonte para ellos. Me impactó y dije: tengo que hacer algo. No tenía ni plata ni experiencia con niños de la calle. Mi formación y experiencia de profesor me dieron una base para empezar", cuenta. 

Y comenzó con muy pocos recursos. Al principio visitaba a los niños en la misma calle. No les daba comida o regalos. Conversaba con ellos, los conocía, los aconsejaba, les pedía que vuelvan con sus familias (los que tenían), que no roben, que trabajen, etc. "Me hice amigo de ellos muy rápido", cuenta. Se convirtió en una suerte de cura callejero. Tanto así que desde el primer momento le dijeron "Padre". Hasta ahora, cuando lo ven caminar en CIMA (Centro de Integración de Menores en Abandono), el lugar que él fundó y creó hace casi tres décadas en un pequeño departamento del Jirón Puno con tan solo cinco niños. Hoy es un local amplio ubicado en Cieneguilla y tiene capacidad para 96 niños y jóvenes entre 8 y 18 años. 

OTRA FILOSOFÍA

Para ingresar a CIMA no es necesario tocar el timbre. Es más, ni siquiera hay una puerta. Está la entrada bien señalizada, pero no hay obstáculo alguno para ingresar al local. La zona es segura y lo más importante es que los niños no sientan que están encerrados. De hecho, el primer requisito para que ingresen al programa, que es totalmente gratuito, es que realmente quieran hacerlo. Si lo hacen por propia voluntad, bienvenidos. Si es por obligación, no son aceptados. Esa conversación se realiza en privado y con ningún familiar al costado. "Esto no es una cárcel, es una casa con reglas y que promueve los valores de respeto, amor y compromiso. Eso es lo más importante para nosotros. Somos una familia", dice Jorge Luis Saavedra, director de CIMA. 

La casa hogar, que cuenta con amplio espacio verde y una loza deportiva, se divide en pabellones. Los chicos están divididos por edades y también por los problemas que aquejan. "Tenemos de todo. Niños que han estado involucrados en robos, consumo de drogas, otros con problemas familiares, etc", explica Saavedra. Cada pabellón es una casa. Ahí viven junto a un tutor. Sus labores empiezan desde muy temprano. Despiertan, tienden su cama, se asean, lavan y planchan su ropa, rezan y si en caso no van al colegio, tienen programadas una serie de actividades o talleres terapéuticos que los mantiene ocupados. Lo hacen de la mano de psicólogos, asistencias sociales y especialistas en diferentes disciplinas.

"Ellos también lavan sus platos, ayudan en la cocina y al cuidado de la casa", dice Jean-Louis Lebel, quien dirige una oración grupal todas las mañanas y cuya oficina se encuentra abierta las 24 horas del día para atender a cualquiera de ellos.

El canadiense, que asegura sentirse peruano y vivir sus últimos días en nuestro país, sabe lo que es tener una infancia dura. "Mi papá era alcohólico y mi familia pobre. No estaba en la miseria, pero tuve una infancia muy humilde. Él trabajaba como obrero, pero la plata no siempre llegaba al caso. Además, el trato de él conmigo no era igual que con mis otros hermanos. Yo era como el 'tonto' para él. He sufrido, no tanto como los chicos que recibo acá, pero he sufrido. Soy muy creyente y doy gracias al señor por eso, porque me ha dado una sensibilidad para ayudar a otros", cuenta. 

Ya son más de 2,000 niños los que CIMA ha ayudado a salir adelante. Gracias a donaciones del extranjero, que cada vez son menores, el proyecto ha dado grandes frutos. Pero en la casa hogar aseguran que necesitan más. Tan solo reciben unos pocos víveres de la Municipalidad de Cieneguilla y el Gobierno hasta ahora no se ha mostrado interesado en brindar ayuda a un centro cuya labor únicamente es ayudar a niños de la calle en riesgo.  

MANTENERSE EN CONTACTO
-Asociación CIMA
Av. Luis Felipe de Las Casas S/N KM 21 Cieneguilla - Lima 40 - Perú
-Números de contacto
+51 1 479-9040
+51 1 479-8201
-Correo electrónico:
cimalpe@hogarcima.org


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