
Guantes de cirujano, mandiles para arqueología y paciencia de agente que está a punto de encontrar la prueba que resuelva el gran caso. La primera imagen que Roxana Ataurima (Roxiemiro) y Fabiola Rodríguez muestran cuando uno las conoce es justamente esa: dos mujeres en busca de una respuesta. En su caso, algo que resuelva la identidad de nuestra ciudad. La piel de Lima. El color —o los colores— de esta capital que a veces está vestida de chillona y otras veces de gris.
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Roxiemiro y Fabiola dedican sus días a rescatar los colores del Centro Histórico de Lima. Los primeros tonos en edificios y calles de nuestra ciudad, cuando esta se fundó. Roxi es coordinadora del Área de Cromatología de Prolima, una oficina pionera que nació de la necesidad y curiosidad, en 2017. También de nuestra urgencia histórica: encontrar los colores originales de una ciudad que ha sido pintada a la mala.
En Lima se camina mirando al piso. Una capital donde hay que enfocarse en la aspereza del pavimento para evitar elevar los ojos y ser tragado por el caos visual: la avenida Abancay y sus letreros estridentes. O Javier Prado, que nunca avanza en hora punta. La ciudad donde la armonía ha sido la excepción. En esta urbe de paneles estridentes y edificios de colores desconcertantes, habitada por más de 10 millones de personas, dos mujeres trabajan para que los limeños y limeñas vuelvan a levantar la mirada.

Roxiemiro es conservadora, restauradora y la encargada de liderar/descifrar el proyecto que busca saber de qué color fueron las paredes de Lima desde sus inicios. ¿Cómo lo hace? Empezó extrayendo pedacitos de muestras para almacenarlos en lo que tuviera a la mano, mientras caminaba por el Centro Histórico. Bolsas, papeles, guantes. Cualquier soporte era suficiente. Luego de un trabajo sistemático, el 2017 inició la recuperación de los colores del Centro Histórico: con unas herramientas especiales y a partir de las calas estratigráficas, descascaran las paredes de edificios señoriales en Lima para saber cuántas capas de pintura, barniz o cal, muy utilizado para proteger los muros de adobe, ha tenido en el tiempo. De alguna forma, desvisten Lima, hasta llegar a su piel original. Las bolsas y papeles fueron reemplazados por placas de Petri codificadas. Dos años después, el Centro Histórico de Lima tenía su primera pantonera de portadas, muros, cornisas, balcones, zócalos, tejados. 147 colores que habían estado ocultos por años.
El color te hace confiar
Roxi tiene una teoría: el color te hace confiar. Para comprobarla camina por el jirón Conde de Superunda, la zona adyacente al Palacio Municipal que hasta hace unos años era intransitable, es hoy una calle donde se percibe la cadencia de colores. Aquí están siendo restaurados los colores de inmuebles como el antiguo correo, la iglesia de Santo Domingo o la casa Matavilela.
Pero Roxi añade un elemento a su teoría. Esta armonía de colores también puede sorprender al esquivo transeúnte de la capital. “El color te hace confiar y te hace sentir feliz. Eso hacen los colores del Centro Histórico”, cuenta mientras señala las intervenciones logradas hasta el momento.

Para el Área de Cromatología de Prolima es crucial la recuperación de la imagen de Lima no solo para lograr espacios cálidos y seguros, sino para resguardar la identidad de una ciudad que ha sido tratada con desidia. “Es la identidad que tiene Lima. Los colores son muy importantes porque dan información. Lima no fue desordenada, gris, caótica, ni de colores estridentes. Había respeto por la urbanidad”, destaca Roxi, quien se ha planteado como objetivo que los limeños y limeñas empiecen a admirar y valorar la belleza de sus colores históricos.
Los interiores de Lima
¿Se imagina tomarse un pisco sour en el bar Cordano mientras aprecia los colores originales que tenían aquellas paredes hace más de 100 años? El recinto que incita el apetito de turistas, políticos y oficinistas ha entrado en proceso de diagnóstico de colores. Por ejemplo, cuenta Roxi que, en esta etapa, aún muy inicial, se está trabajando en encontrar sus tonalidades primigenias. Pero el trabajo aquí sigue en curso.
Así como en este emblemático recinto de Lima, Roxi y Fabiola están trabajando en el interior de otros inmuebles. Esta nueva etapa el Área de Cromatología, creada en 2022, empezó con la restauración interior de la Casa de la Cultura Criolla (Casa Rosa Mercedes Ayarza. Jr. Moquegua 376). El inmueble, que se trató de un proyecto piloto en interiores, ha sido catapultado por jovencitos como un ‘spot’ instagrameable.

Los trabajos de restauración interior se han desplegado en otros espacios como la casa Paz Soldán, Matavilela, la sede de Prolima y en la iglesia de Santo Domingo, donde se continúa con este proceso. Es por eso que se ha llegado a determinar los colores predominantes en interiores: rojo almagre, azul añil, oro viejo y verde esmeralda. Si bien las encargadas de Cromatología destacan que estos son los encontrados tanto en exteriores como interiores, de ellos nacen las demás tonalidades que se obtienen para definir qué colores son los correctos considerando la intensidad, la estética, el uso de espacios. Lo que Roxi denomina la “psicología del color”.
El trabajo es multidisciplinario, destaca la líder de Cromatología, porque se nutren de la información alcanzada por otras áreas como arqueología, restauración, paisaje. “Si no ponemos el color, no se puede poner otros elementos”, comenta sobre el detallado proceso que deben seguir. Hacer la exploración de los colores de estas paredes puede demandar entre uno a dos días. Todo dependerá de lo que encuentren mientras van llegado a la capa de color más profunda.
Los nuevos proyectos y otras intervenciones
Lima se empieza a iluminar y en jirones como Áncash se pueden apreciar las tonalidades recuperadas por Cromatología. Si bien se cuenta con un primer pantone del Centro Histórico, Roxi y Fabiola están trabajando en el segundo archivo de colores. Según detallaron, esta nueva pantonera estaría lista el 2025, para la cual tienen que hacer una selección de una base de datos de más de 700 colores sin texturas.
Pero los proyectos de este grupo de dedicadas artistas no se quedará en enlistar los colores de inmuebles del Centro Histórico. Otro de los planes que están alistando involucra textiles. ¿De qué color era la bandera del Perú?, ¿cuáles eran las tonalidades de los vestidos de las tapadas limeñas? Estas son solo algunas de las interrogantes que aterrizan en la inquieta exploración de Roxi.
Otro de los pendientes del Área de Cromatología involucra encontrar los colores de los vitrales de Lima. “Todo eso para llegar al primer museo de los colores del Centro Histórico de Lima”, un ambicioso objetivo que Roxi y su equipo se plantean para resguardar la identidad de la capital. Un esfuerzo que elevará miradas de admiración. Y nos permitirá ver la piel de Lima que es, de alguna forma, la nuestra. //
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