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La historia del petiso de la Plaza San Martín que murió electrocutado

Somos recorrió junto al historiador Marco Antonio Capristán el centro de Lima, donde también cunden historias de asesinatos, suicidios y fantasmas. Sí, justo por donde usted transita todos los días

La historia del petiso de la Plaza San Martín que murió electrocutado

La historia del petiso de la Plaza San Martín que murió electrocutado. (Foto: Monarca Criollo)

EL PETISO DE LA PLAZA SAN MARTÍN
El centro de Lima estaba totalmente abandonado en la década del 80 del siglo pasado. La Plaza San Martín, entonces, era refugio de cientos de niños sin familia que vivían en los jardines y en las bancas. De hecho, hasta se bañaban en las piletas. Nadie se fijaba en ellos, hasta que ocurrió una desgracia. Era el 3 de setiembre de 1983 y por la noche garuaba. Uno de los chiquitines, apodado por sus amigos, el ‘Petiso’, decidió esconderse del frío y lo hizo metiéndose en una de las cajas de luz que aún rodean el monumento central. El cuerpo húmedo del pequeño, lamentablemente, chocó con los cables de luz que allí estaban y se electrocutó. Al día siguiente sus amigos, contrariados y tristes, le avisarían de lo sucedido a un periodista que por ahí pasaba. Tanto conmocionó la noticia, que las autoridades y la sociedad por fin pondrían manos a la obra para protegerlos. Es así como se crea la Casa de los Petisos, que hoy se ubica en el jirón Conde de Superunda. El ‘Petiso’, además, tiene hoy un monumento en la plazuela Santo Domingo.

EL ASESINATO EN EL BAR CORDANO

Cuenta la historia que dos españoles llegaron a Lima en junio de 1930. Se hospedaron en el cuarto 89 del hotel Comercio, donde hoy queda el célebre restaurante y Bar Cordano. Uno se llamaba Genaro Ortiz; el otro, Marcelino Domínguez. En verdad, ambos eran estafadores que arribaban de Argentina y Bolivia. En esa época, este sitio era el mejor de la capital porque se ubicaba a una cuadra de la Plaza de Armas, al costado de Palacio de Gobierno y junto a la estación del tren. Una vez instalados, se fueron a pasear por Lima.

Por la noche, sin embargo, regresaron al hotel y pelearon por un botín. Tan intensa se pone la situación que Ortiz termina por matar a su socio a martillazos. Como había estudiado algo de medicina en España, corta su cuerpo en partes. A continuación, las mete en dos maletas, sale por la puerta principal y va a buscar otro hospedaje, esta vez en la calle Concha, localizado en una casa que todavía existe, frente al Teatro Municipal. Las maletas se las dejó a los propietarios y sin decir nada se fue al Callao para luego enrumbar a Panamá. El olor terrible que emanaba de ellas obligó a llamar a la policía y el escándalo estalló. “Por fin tenemos en nuestro medio uno de esos crímenes horripilantes que son moneda corriente en Londres, Nueva York, Berlín o Chicago”, escribió visiblemente emocionado Clemente Palma, en la revista Variedades.

Ortiz es traído luego de Panamá y recluido en la penitenciaria (donde hoy está el Sheraton). Al hotel Comercio le cayó la noche debido al suceso y cerró. Casi nadie sube a los pisos superiores del Cordano desde los 50, que aún albergan vacías 120 tenebrosas habitaciones.


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