Por Diana Gonzales Obando

Probablemente, fue un hombre adolescente. Su postura es impactante. Con una laxitud extrema, posiciona los pies sobre la cabeza, lo que lleva a los especialistas a pensar que este personaje, reconocido como El Contorsionista de Puémape, desarrolló el síndrome de Marfan, un trastorno genético que produce articulaciones flexibles. Pero esto no es todo. Lleva tatuajes en el rostro, el pecho y sus extremidades. Su mano derecha está cogiendo lo que serían unas serpientes. La izquierda no se logró encontrar.