CienciasProbablemente, fue un hombre adolescente. Su postura es impactante. Con una laxitud extrema, posiciona los pies sobre la cabeza, lo que lleva a los especialistas a pensar que este personaje, reconocido como El Contorsionista de Puémape, desarrolló el síndrome de Marfan, un trastorno genético que produce articulaciones flexibles. Pero esto no es todo. Lleva tatuajes en el rostro, el pecho y sus extremidades. Su mano derecha está cogiendo lo que serían unas serpientes. La izquierda no se logró encontrar.
Probablemente, fue un hombre adolescente. Su postura es impactante. Con una laxitud extrema, posiciona los pies sobre la cabeza, lo que lleva a los especialistas a pensar que este personaje, reconocido como El Contorsionista de Puémape, desarrolló el síndrome de Marfan, un trastorno genético que produce articulaciones flexibles. Pero esto no es todo. Lleva tatuajes en el rostro, el pecho y sus extremidades. Su mano derecha está cogiendo lo que serían unas serpientes. La izquierda no se logró encontrar.
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El Contorsionista de Puémape es una de las piezas arqueológicas más singulares del Museo de Arte de Lima (MALI), así como de nuestro pasado en general. Pertenece a la colección Cupisnique del museo conformada en gran parte gracias a la donación de la Colección Petrus y Verónica Fernandini.
Pocos contorsionistas se han representado en las culturas del mundo, y ninguno como esta botella de cerámica oscura por la falta de oxígeno al hornearse, perteneciente a la cultura Cupisnique, desarrollada en los valles norteños de La Libertad, como Jequetepeque y Chicama. Es una de las 18 piezas de la muestra “Arte y visiones del mundo Cupisnique” del MALI, donde se interpreta la simbología de esta cultura, se busca entender qué quisieron expresar 3 mil años atrás, por qué perennizaron a personajes como El Contorsionista, acercándonos a resolver algunas de sus incógnitas. ¡Atención! Vienen ‘spoilers’.
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“Mi intención fue escoger una selección de piezas que me ayudaran a contar la historia de este personaje, y responder preguntas como quién es él y por qué está acá. Entender los misterios que lo encierran”, nos explica Isabel Collazos, arqueóloga y curadora de arte precolombino del MALI.

Con fines didácticos, han dibujado los tatuajes del pecho del contorsionista en las paredes de la exposición, de tal manera que se puede apreciar claramente la iconografía. Como en un sueño, aparecen cabezas atrapadas en una especie de red, con rostros humanos y ojos desorbitados, lo cual daría una idea de que se trata de un cazador, al igual que las serpientes en su mano. También se visualizan unas plantas siendo consumidas por un rostro humano, lo que lleva a pensar que la planta es un cactus San Pedro, característico por sus efectos psicotrópicos y alucinógenos al beberlo.

En otra vitrina se han dispuesto utensilios relacionados a lo que pudo haber sido la mesa de un chamán, como un mortero de uso ritual, un plato para contener la bebida, una cabeza de porra con forma de cactus, un espejo de antracita. ¿Por qué todos estos elementos, sumados a la forma particular del contorsionista, están relacionados? La curadora nos detalla las posibilidades: “Es como la representación de un chamán que entra en un estado de trance para transformarse en algo que no es humano con la intención de convertirse en este gran cazador. Un depredador que toma la presa para ver lo que los humanos no ven”. Un mundo mágico se abre frente a una pieza, es lo maravilloso del arte prehispánico.
Sorpresa a cada paso
En esta exposición todas las piezas están relacionadas al concepto de transformación, del paso humano al no humano hasta adquirir poderes y una sabiduría profunda. Los cupisnique no plasmaron solo la naturaleza (como felinos, aves y peces), sino seres híbridos (como los rostros humanos con colmillos) que evocan la experiencia chamánica, tal como lo hizo la cultura Chavín en los Andes centrales, contemporánea a los Cupisnique. Del mismo modo, sus representaciones traspasan lo simbólico, se adjuntan las cualidades de lo representado, como en el caso del felino cuando lo que se busca retratar es su poder y habilidades.

Una figurina encontrada en Tembladera (Cajamarca) se diferencia del resto por elaborarse con otro tipo de cocción y, por lo mismo, obtuvo un color diferente. Tiene dos rostros: uno de ellos toca una quena y el otro es un ser híbrido con colmillos y ojos desorbitados, también cercano a un contexto chamánico. En otro extremo vemos una botella (prestada por el museo Larco) con una cabeza de mujer anciana. Ella es la representación de una chamana, sacerdotisas o curanderas que jugaron un rol esencial en el antiguo Perú al preparar el cuerpo de los muertos para su viaje al mundo de abajo.

En el recorrido encontramos, con sorpresa, a un segundo y pequeño contorsionista. Por el cuenco ubicado en la parte superior del personaje, pudo tener un uso ritual como contenedor de polvos, sustancias o hierbas.
Muchas sorpresas se guardan en esta sala especial dedicada al arte cupisnique. Visitarla en estas vacaciones, así como las colecciones del MALI, le darán la cuota de asombro necesaria en los meses veraniegos. //
-El horario del MALI es de martes a domingo de 10 a.m. a 6 p.m. y sábados de 10 a.m. a 5 p.m. Ofrece el servicio de visitas grupales y privadas. Información en turismo@mali.pe con copia a boleteria@mali.pe.
-En la sala 29 de MALI se encuentran 18 piezas cupisnique de la exposición “Arte y visiones del mundo Cupisnique”, que dialoga con “Psicoanálisis al Lanzón de Chavín” de Huanchaco, ubicada al lado.
-El Contorsionista de Puémape también ha fascinado a artistas e ilustradores. En la tienda del MALI se encuentra ‘merchandising’, como las libretas ilustradas por Amadeo Gonzales, las medias de la marca Kay Pacha Sox, pines de Zulaque, postales y separadores de libros. Este personaje también inspiró el libro “Contorsionista” de Micaela Chirif, publicado por el MALI.

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