Por Flor Ruiz

“Claro que recuerdo el día que fui a sacar mi DNI, hace once años. Desde adolescente yo sabía que quería ser Flavia, así me conocían en mi comunidad achuar, en el río Corrientes. Por eso no estaba contenta con decirle al tramitador que mi nombre era Larry Shapiama Sandy, nombre que mis padres me pusieron al nacer. Ese día, al llegar a la Reniec, me vestí como varoncito y me quité mi maquillaje. Al regresar a la casa, seguí siendo Flavia, me vestí como soy, una chica trans. He dejado de ir al centro de salud, me molesta tener que soportar que me llamen como hombre, algo que ya no soy, o que me traten mal. Dígame, señorita, ¿acaso eso no es violencia?, ¿acaso eso no es discriminación? Ojalá algún día, pronto, nos acepten como somos, que cambien el nombre y el sexo en el DNI, pero no sabemos cómo ni cuándo será”. Flavia, 27 años, vive en Iquitos, la ciudad con mayor población trans después de Lima y Callao.

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