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La historia del Jockey Club del Perú se remonta a inicios del siglo XX, cuando la afición por las carreras de caballos comenzaba a consolidarse en la capital. Su antecedente directo fue el Jockey Club de Lima, fundado en el antiguo hipódromo de Santa Beatriz. Según el archivo histórico de El Comercio, este espacio marcó el inicio de una tradición que vinculó este deporte con la vida social de la ciudad.
La historia del Jockey Club del Perú se remonta a inicios del siglo XX, cuando la afición por las carreras de caballos comenzaba a consolidarse en la capital. Su antecedente directo fue el Jockey Club de Lima, fundado en el antiguo hipódromo de Santa Beatriz. Según el archivo histórico de El Comercio, este espacio marcó el inicio de una tradición que vinculó este deporte con la vida social de la ciudad.
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El actual Jockey Club del Perú se funda oficialmente el 4 de abril de 1946, en un contexto de modernización urbana y crecimiento institucional. Su primera sede fue el hipódromo de Jesús María, ubicado donde hoy se levanta la residencial San Felipe. El gran salto llegaría en 1960, durante el gobierno de Manuel Prado Ugarteche, con la inauguración del Hipódromo de Monterrico, que se convertiría en el corazón de la hípica nacional.
Más allá de las carreras, este complejo ecuestre también ha sido escenario de momentos memorables. En los años 80 recibió la visita del Juan Pablo II, y en 1995 fue sede de un multitudinario concierto de Luciano Pavarotti. Hoy, con capacidad para 35 mil personas, el recinto se ha consolidado como un espacio versátil, con amplias explanadas que acogen eventos sociales, corporativos y espectáculos musicales.

A ochenta años de su fundación, el club atraviesa un momento que su presidente, Danilo Chávez Abad, define como “estelar”. “Somos la única institución social-deportiva creada por ley en el Perú, con la responsabilidad de desarrollar la actividad hípica y proteger la especie caballar”, afirma.
El aniversario coincide, además, con un hito mayor: Lima volverá a ser sede del Gran Premio Latinoamericano, la principal cita hípica de la región. “Es una vitrina no solo para la hípica, sino para el país. Vendrán los mejores caballos y autoridades del mundo ecuestre”, destaca Chávez, subrayando su impacto deportivo y turístico.

En un país en constante transformación, el dirigente pone en valor la vigencia de la institución que lidera. La hípica —dice— ha estado históricamente ligada a la vida republicana. Prueba de ello es el tradicional Clásico Independencia, parte oficial de las celebraciones de Fiestas Patrias. “Es el evento con mayor asistencia: reúne autoridades, diplomáticos y miles de personas para celebrar al país”, comenta.
Ese arraigo explica su permanencia. Frente a nuevas formas de entretenimiento, el Jockey Club apuesta por renovarse sin perder su esencia. “La hípica es desafiante, pero apasionante. Queremos acercarla a nuevos públicos y devolverla al sitial que le corresponde”, concluye Chávez.
HEREDEROS DEL GALOPE
Si bien el presente es auspicioso, el futuro de la hípica peruana se proyecta aún más prometedor gracias al trabajo de Edwin Talaverano como formador de nuevos valores en la escuela de jinetes del Jockey Club del Perú. Tras más de cuatro décadas en competencia, el excampeón cambió este año las pistas por las aulas, en una transición que asume con entusiasmo y sentido de responsabilidad.
“Para mí es algo bonito, porque sigo ligado a la hípica”, cuenta. Su rol, explica, no se limita a enseñar técnica, sino a formar criterio y carácter. La escuela funciona como un espacio de orientación integral: desde la postura y el estilo hasta la preparación mental que exige una profesión donde el riesgo y la disciplina conviven a diario. “Donde más se aprende es encima del caballo, pero aquí se les guía, se les prepara psicológicamente para lo que viene”, señala. “Mi sueño es formar jinetes capaces de competir en el extranjero. Que puedan salir, hacer carrera y crecer”, añade.

Desde su nueva posición, Talaverano observa también el lugar de la hípica peruana en la región. Aunque reconoce una brecha frente a potencias como Argentina, Brasil o Chile —donde el número de nacimientos de caballos es ampliamente superior—, destaca el esfuerzo local por mantenerse competitivo. “Somos una hípica que lucha por sostenerse y salir adelante”, resume.
Ese mismo ímpetu es el que transmite a sus jóvenes discípulos. Entre ellos están Dayani Andrea Flores, de 19 años, nacida en Huánuco, y José Aldo Letona, de 20, proveniente de Apurímac. Ambos crecieron entre caballos. En el caso de Andrea, la afición es heredada: “He vivido mi niñez en el campo, siempre cerca de ellos”, cuenta. Empezó a montar a los 11 años y, tras un accidente, encontró en la escuela una nueva oportunidad para retomar un vínculo que —dice— “lleva en la sangre”.

José, por su parte, siguió los pasos de sus hermanos. Desde los seis años monta caballos y descubrió en ellos una mezcla de adrenalina y conexión difícil de explicar. “La emoción que se siente mientras corres es única: es como si todo se detuviera y solo quedaras tú y el caballo”, comenta.
Se levantan antes del amanecer. A las cinco y media ya están en la pista, montando y sumando vueltas para ganar confianza. Luego continúan con la formación técnica: ejercicios físicos, postura y control. La rutina es exigente y diaria. La preparación puede tomar más de un año antes de estar listos para competir.
Ambos comparten un mismo horizonte: Andrea busca abrirse camino como jockey profesional; José quiere proyectarse y competir a nivel internacional. Esa es la meta. //
La gran carrera
El Gran Premio Latinoamericano es la carrera más importante de la región, una competencia que reúne a los mejores caballos de Sudamérica en un mismo escenario. En 2026, Lima volverá a ser sede del evento, que se disputará el 26 de abril en el Hipódromo de Monterrico, coincidiendo con el 80 aniversario del Jockey Club del Perú. Considerado la “Copa América” de la hípica, el Latino congrega a delegaciones de países como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, y posiciona al Perú como epicentro del circuito internacional. Entrada libre.
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