Juan Diego Flórez, tenor: “El arte no puede ser un privilegio reservado para quienes pueden permitírselo”
El tenor nacional cumple 30 años de carrera y celebra, al mismo tiempo, 15 años de Sinfonía por el Perú. Dos aniversarios que lo llevan a mirar más allá de los escenarios para hablar del poder del arte, de los miles de niños y jóvenes que encontraron en este proyecto una oportunidad y del desafío de acercar la lírica a las nuevas generaciones.
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Hace quince años, Juan Diego Flórez imaginó un espacio donde miles de niños peruanos tuvieran la oportunidad de hacer música. Lo que no podía prever era cuánto crecería aquella idea inicial. Con los años, Sinfonía por el Perú fue ampliando su propósito hasta convertirse en una organización de desarrollo integral, con un impacto que va más allá de la formación musical. Hoy, al mirar ese recorrido, Flórez reconoce que la mayor sorpresa ha sido comprobar hasta dónde podía llegar aquella iniciativa. “Siempre soñé en grande, pero no podía dimensionar todo lo que Sinfonía iba a crecer y transformarse”, nos dice el tenor peruano.
—En un país con tantas desigualdades, ¿qué puede lograr la música que quizá no consiguen otras herramientas?
La música puede crear un espacio donde un niño no esté definido solamente por las condiciones en las que nació, sino también por lo que puede llegar a descubrir y construir sobre sí mismo. En Sinfonía, hemos aprendido que la música es la plataforma, pero el propósito es mucho más amplio. Cuando un niño hace música en colectivo desarrolla autoestima, perseverancia, creatividad, capacidad de escuchar, de trabajar con otros, de sostener un esfuerzo y de sentirse parte de una comunidad.
—Desde ciertos sectores, se piensa que el arte es un lujo. ¿Cómo respondes a quienes creen que la educación artística no debería ser prioritaria?
El error está en pensar que el arte es algo que solo se puede incorporar después de resolver “lo importante”. Para mí, la educación artística es parte de lo importante. Un niño no necesita solamente aprender matemáticas, ciencias o comprensión lectora. También necesita aprender a expresar lo que siente y a descubrir sus talentos. Entonces, el arte no puede ser un privilegio reservado para quienes pueden permitírselo, si sabemos que contribuye al desarrollo de las personas.
—¿Qué sientes cuando compartes escenario con jóvenes que son, en cierta forma, el resultado de un sueño que comenzó hace más de una década?
Es algo que me hace sentir muy orgulloso, pero también muy consciente de cómo va pasando el tiempo y de cómo Sinfonía por el Perú se renueva generación tras generación. Los chicos con quienes compartí escenario hace algunos años han ido creciendo y tomando distintos caminos: algunos forman parte de las principales orquestas del Perú, otros estudian fuera o desarrollan sus propias carreras, y algunos incluso regresan como maestros a los núcleos donde comenzaron. Ver ese ciclo completo me llena de orgullo.
Flórez durante un ensayo junto a los niños y jóvenes de Sinfonía por el Perú, proyecto que fundó hace 15 años con la idea de acercar la formación musical a nuevas generaciones.
/ ADRIAN PORTUGAL
—¿Cuál consideras que ha sido el mayor logro de la organización en estos quince años?
Demostrar que funciona. Que la música, cuando se trabaja de manera colectiva y en un espacio donde los chicos se sienten acompañados y seguros, puede generar cambios reales en sus vidas, en sus familias y también en su entorno. Pensar en tantos niños y jóvenes que han pasado por el programa y en cómo ese impacto alcanza también a sus familias y sus comunidades, le da una dimensión muy concreta a todo lo que hemos construido.
—¿Qué has aprendido de esta experiencia?
Muchos de los jóvenes que van a estar en este concierto compaginan muchas responsabilidades y, aun así, encuentran la manera de estar en Sinfonía, de prepararse con dedicación en los ensayos y de mantener una enorme disciplina, tanto personal como de grupo. Esto me toca de una manera muy personal, porque ver su esfuerzo me recuerda a mis propios comienzos. Mantener esa constancia es un enorme reto.
—Este año vienes de presentarte en Londres y Viena. ¿Qué significa para ti volver al Perú en este momento de tu carrera?
Con el público peruano siento una conexión muy profunda. No importa dónde esté cantando: el Perú siempre está presente de alguna manera, ya sea en una bandera o a través del cariño de la gente. Por eso, volver a mi país y a la música con la que crecí es siempre muy significativo. Y esta vez lo es aún más porque celebraremos los quince años de Sinfonía por el Perú haciendo música junto a nuestros jóvenes.
—Se ha anunciado un programa que combina ópera, música peruana y repertorio latinoamericano. ¿Por qué era importante construir un concierto con esa diversidad?
Porque forma parte también de mi propia historia musical. Mi carrera está en la ópera, pero crecí escuchando música peruana, boleros, música latinoamericana y música popular. Además, esa diversidad también representa muy bien nuestra filosofía de trabajo. En nuestros programas conviven la formación clásica con la música peruana y popular. Me parecía natural construir un concierto que pudiera recorrer todos esos estilos.
El tenor peruano comparte escenario con los jóvenes integrantes de Sinfonía por el Perú.
/ A BOFILL
—Tú has logrado conectar con públicos muy amplios, incluso fuera del circuito operístico. ¿Cuál crees que es la clave para acercar la lírica a la gente joven?
Creo que hay que romper un poco con el prejuicio de que la ópera y la música clásica son algo lejano o ajeno. Durante mucho tiempo la ópera fue una expresión muy popular y llegó a públicos muy amplios. En muchos países existe un trabajo muy consciente de los teatros para acercar la ópera y la música clásica a niños y jóvenes desde muy temprano. Sinfonía también forma parte de ese esfuerzo y hoy miles de chicos y chicas tienen la oportunidad de hacer de la música clásica parte de sus vidas.
—¿Has pensado en replicar el modelo de Sinfonía por el Perú en otros países?
De hecho, ya hemos comenzado a hacerlo. Hoy estamos implementando nuestro modelo en México y estamos muy orgullosos de empezar a adaptar y trasladar a otros contextos todo lo que hemos aprendido durante estos quince años en el Perú. Y eso también me entusiasma mucho: que una idea surgida en nuestro país pueda seguir creciendo, adaptándose a otras realidades y generando oportunidades.
—¿Qué sueños te quedan pendientes, tanto en lo artístico como en lo personal?
Este año cumplo 30 años de carrera y más que pensar en grandes metas pendientes, trato de disfrutar lo que hago. Después de tantos años y tantos escenarios, hoy valoro poder elegir los proyectos que realmente me entusiasman, volver a roles que quiero profundizar y seguir realizando conciertos en muchos países del mundo. Con Sinfonía siento que tenemos muchos retos, pero también muchísimas oportunidades por delante: seguir creciendo, fortalecer lo que hemos construido y aportar cada vez más desde la experiencia que hemos desarrollado en el Perú, también fuera del país. //