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Kurt Cobain a 25 años de su muerte: por qué es considerado el último mártir de la era del rock

Este 5 de abril se cumplen 25 años del suicidio de Kurt Cobain, el líder de la banda Nirvana, considerado el último mártir de la era del rock. Su partida marcó a toda a una generación que aún se pregunta el por qué de su decisión. 

La suya fue una carta de suicidio garabateada con furia. Tanta que su letra parecía tallada antes que escrita sobre papel. "Hace demasiado tiempo que nada me emociona, ni escuchar música ni crearla, tampoco leer o escribir (...) Se me ha acabado la pasión. Y recuerden: es mejor arder que apagarse lentamente". La última línea aludía a Hey Hey, My My (into the black), una canción del veterano rockero Neil Young, quien nunca pensó que uno de sus versos podía ser tomado por un joven de 27 años como excusa para despedirse de todo. 

El 5 de abril de 1994, Kurt Cobain, la estrella de rock más famosa de su tiempo, se pegó un tiro en la boca con una escopeta de marca Remington. La autopsia estimó que eran las 11:30 de la mañana al momento del hecho. No había mal clima. Dejó huérfana a un niña de dos años y viuda a una mujer, Courtney Love, también músico como él. Entre sus deudos habría que sumar los millones de fans en el mundo de Nirvana, su grupo, que de inmediato lo convirtieron en un santón y lo incorporaron al sagrado panteón de los fiambres rockeros, ese al que la cultura del rock es tan devota. 

El impacto cultural de su muerte fue increíble. La cadena MTV dedicó toda su transmisión al hecho. Se suele repetir que Kurt fue un mártir, una víctima de la fama, alguien que sucumbió al agobio mediático y a la presión de una industria que lo arrancó de su pequeña Aberdeen, en Seattle, cuando era feliz tocando para cien amigos, para llevarlo de gira a los escenarios más grandes del mundo. Ninguno de esos motivos figura en su carta de despedida, en la que más bien se siente agradecido por haber tenido fans. De lo que habla es de un dolor perenne en el estómago y una incapacidad crónica para sentir satisfacción, uno de los síntomas más comunes de la depresión. "Dios mío, ¿por qué no puedo disfrutar", escribe en su despedida.

La depresión en el caso de Kurt tenía largo linaje en su árbol genealógico. Su tío abuelo Burle se mató disparándose una bala en el estómago, cuando el chico tenía 12 años. Otro familiar suyo se pegó un tiro en la sien. Quienes lo recuerdan dicen que Kurt solía ser un niño alegre hasta que sus padres se divorciaron. Peloteado en adelante por sus progenitores en guerra, obligado a vivir en remolques de familiares como ese bulto incómodo al que todos acogen, el joven adquirió una timidez crónica y una ira contenida que encontró su canal de desfogue, varios años más tarde, a través de la música. 

Desde joven, su personalidad sensible chocaba con el duro entorno en que le tocó crecer, un pueblo de leñadores. De esas épocas proviene su desprecio por el machismo y el odio a los abusivos, facetas conocidas en su obra, que fue cultivando con mayor amargura tras su paso por la escuela, en donde era juzgado como el raro del salón. Años después, ya en la cima de su fama, recordaría esas épocas escolares con sorna. "Ellos se reían de mí por ser diferente. Yo me reía de ellos porque todos eran iguales", diría en una de sus citas más célebres. 

Junto a su amigo de colegio Chris Novoselic formaría Nirvana, que con solo tres discos de estudio marcó el último parteaguas en la industria musical. El concepto del rock mainstream visto hasta entonces como un circo sexista y estrafalario, mutó por completo en 1991, cuando apareció Nevermind, el segundo disco de Nirvana, que vendió 30 millones de copias gracias a su single Smells like teen spirit, una crítica despiadada a la cultura del entretenimiento. El mensaje que llegó con ellos era que la música se había vuelto "honesta" y que los tiempos no estaban para ser frívolos, como el grueso de las bandas que dominaban los rankings antes de su arribo. Lo suyo no era rock político pero hacían política con el rock: Cobain fue uno de los que apoyó desde el inicio el movimiento riot grrrl, feministas con guitarras, como Bikini Kill, L7 y otras. 

A lo suyo le llamaron grunge, una etiqueta confusa que, antes que definir un estilo, permitió empaquetar a la mala a cuatro bandas de Seattle, que fueron lanzadas al estrellato: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains. Su sonido bebía de diversas fuentes: punk, hard rock, psicodelia y hasta heavy metal. Lo que sí tenían en común todas era la depresión y el sentido de tánatos más desarrollado que se recuerde en una moda musical impulsada desde el mainstream.

"Aun no he encontrado la forma de matarme", cantaba Layne Staley, de Alice in Chains, en 1992, en Dirt, un disco que describe el infierno de vivir enganchado a la heroína, la droga por defecto del grunge, y de Cobain también. Y esta era música que millones de adolescentes escuchaban todo el día en las radios principales. Curiosamente, Staley encontraría la forma de matarse un 5 de abril, al igual que Cobain, pero del año 2002. El motivo de su muerte fue sobredosis de speed. 

"Muchos sentimos que con la muerte de Kurt se moría la época del grunge. Los grupos se volvieron muy comerciales, como boy bands", recuerda Jhovan Tomasevich, de la banda Zen. En 1994, con 18 años, él cantaba en Huelga de Hambre, una de las primeras bandas peruanas de grunge que vio Lima. La noticia de la muerte de Cobain la vio por televisión. "De él rescato su honestidad. Ese querer andar contra la corriente, que lo hacía muchas veces ir contras sus fans". Tomasevich intentó contactarse alguna vez con Steve Albini, productor de Nirvana, para trabajar en un disco de Zen. "No es sencillo", dice. 

Otro cantante y compositor que también fue tocado por la muerte de Cobain fue el músico peruano Rafo Ráez, al punto de dedicarle una canción en plan de reproche en su elogiado disco Suicida de 16 y otras canciones. El tema se llamó No te perdono tu muerte y en él se crítica la fatal decisión del personaje: "No te perdono tu muere/ ni tu estilo de morir/ Por querer ser inocente preferiste ya no ser/ Y el poder, y el poder, y el poder está intacto/ (...) tú querías tu inocencia, oye imbécil, qué no ves, que el malentendido sigue/crea morbo, con tu muerte".

Para Ráez, Kurt cambió el pasado para cambiar el presente. "Hizo descubrir la guitarra acústica, el cello, los Beatles, el David Bowie loser", y su muerte dejó el camino abierto a "toda la cultura barbie, bling bling". "El pueblo jamás recuperó su derecho a ser escuchado en la FM. Incluso aquí, la cumbia de los empresarios vino a a callar la chicha del pueblo", dice Ráez, quien no descarta que mucha gente haya preferido tener un nuevo ídolo muerto al cual venerar. "Aún creo que la mayoría se siente a gusto en que mueran sus profetas". //

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