Sara Flores (Tambomayo, 1950) confiesa que nunca imaginó que el arte kené la llevaría tan lejos. Cuando lo aprendió, de manos de su madre en los años 70, lo atesoró como una herencia preciosa que la ataría a ella incluso después de la muerte. “El kené enseña que todo está interconectado: las personas, los animales, los árboles, los espíritus. Exprime el respeto, la armonía de la naturaleza y la energía de la vida”, reflexiona en diálogo con Somos.

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