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La Liga Peruana de Vóley Femenino se ha convertido, en los últimos años, en un destino atractivo para voleibolistas profesionales extranjeras. Aquí han encontrado una competencia cada vez más exigente, clubes que invierten y un entorno que empuja a crecer. Pero, sobre todo, han descubierto algo distinto: un ‘fandom’ activo, presente y apasionado. En el Perú, el vóley se vive con otra intensidad.
La Liga Peruana de Vóley Femenino se ha convertido, en los últimos años, en un destino atractivo para voleibolistas profesionales extranjeras. Aquí han encontrado una competencia cada vez más exigente, clubes que invierten y un entorno que empuja a crecer. Pero, sobre todo, han descubierto algo distinto: un ‘fandom’ activo, presente y apasionado. En el Perú, el vóley se vive con otra intensidad.
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Esta temporada, son 52 las jugadoras internacionales —repartidas en 12 clubes— que se han adaptado a la vida cotidiana de Lima y a la presión de una liga que no concede respiros. Entre ellas destacan las colombianas María Alejandra Marín y Doris Manco en Alianza Lima; las argentinas Candela Díaz y Eugenia Nosach, en Sportivo Italiano; las cubanas Martha García Povea y Leidy Vásquez, en Kazoku No Perú; la brasileña Mara Leão y la estadounidense Catherine Flood, en Universitario de Deportes; la venezolana Isabel Fernández, en Atlético Atenea; la coreana Se-yun Park, en Géminis; la francesa Loane Motta, en Olva Latino; la chilena Petra Schwartzman y la estadounidense Katy Ryan, en Regatas Lima; y la dominicana Geraldine González, en Universidad de San Martín de Porres.

Una muestra de la diversidad de nacionalidades que hoy conviven en la liga y que, con su juego y carácter, se han ido ganando el corazón de los fanáticos que siguen este deporte tan querido por los peruanos.
Un destino inesperado
Alianza Lima, actual bicampeón de la liga, cuenta con seis extranjeras en sus filas. Nos encontramos con dos de ellas en la Videna: María Alejandra Marín y Maëva Orlé. Un grupo de chicos que pasa por allí las reconoce y les pide fotos. Ambas acceden encantadas. Es una escena recurrente para ellas, pero a la que no estaban acostumbradas antes de venir aquí. Cada una, cuentan, llegó al país por caminos distintos. Sin embargo, hoy las une un objetivo en común: ser tricampeonas de la Liga Peruana de Vóley Femenino 2025-2026.

Maëva, francesa y nacida en París, llegó a estas tierras motivada por su pareja, la voleibolista peruana Clarivett Yllescas, quien le habló del país, de la liga y del club. “No lo pensé mucho”, admite. Desde la primera temporada, la adaptación fue natural: la sensación de estar en un entorno donde el vóley importa hizo que todo fluyera con mayor facilidad. “Desde un inicio, me sentí valorada. Es un detalle que para mí hace la diferencia”, añade la atacante.
Para Alejandra, colombiana y natural de Cartagena, el camino fue distinto y más largo. Llevaba varios años jugando en Europa cuando volvió a aparecer la opción del Perú, esta vez desde Alianza. Buscaba estar más cerca de casa y encontró algo más: un proyecto deportivo serio, una estructura sólida y un equipo armado para competir. “No era solo lo económico”, afirma la armadora. “Era el equipo, la organización, la ambición”, destaca.
Antes de venir, ambas compartían una imagen clara del vóley peruano: un deporte con historia, identidad y una hinchada exigente. Maëva recuerda a la selección dorada de los años ochenta; Alejandra explica que la realidad es muy distinta en Colombia, donde el vóley no es profesional ni masivo. “En el Perú, en cambio, el coliseo suele estar lleno. Eso no se ve en muchos países”, comenta.
A la distancia, Maëva añora los domingos largos en París, las rutinas familiares y las comidas compartidas sin apuro. Alejandra, por su lado, las reuniones en su casa en Cartagena, el calor del barrio y la cercanía constante con los suyos. Aun así, ambas coinciden en algo: en Lima han encontrado un lugar donde el afecto cotidiano hace que extrañen menos su hogar.
Entre el mar y la nostalgia
En otro punto de la ciudad, en Chorrillos, la argentina Bárbara Frangella aparece en el coliseo del Regatas Lima, lista para entrenar. Armadora de experiencia, llegó al vóley peruano casi sin tiempo para dudar, empujada por una oportunidad que asumió como un desafío personal. “No lo pensé mucho: organicé mi casa, mi trabajo en Argentina y decidí venir. Siempre había tenido el sueño de jugar afuera y, aunque el vóley había quedado en un segundo plano porque estudié Medicina, darle otra oportunidad hoy me llena de orgullo”, cuenta Frangella, nacida en Santa Fe.

Su adaptación a Lima fue gradual. La ciudad la recibió gris y nublada, distinta a su ritmo habitual, pero amable. “Es grande, caótica a veces, pero la gente siempre fue muy cálida conmigo. Acá el vóley se consume mucho y eso se siente: te reconocen en la calle, en un negocio, en el supermercado. Es muy loco, porque una tiene nombre”, dice.
Lejos de los paisajes montañosos de Idaho, Katy Ryan empieza a escribir el primer capítulo internacional de su carrera. Tiene 22 años y llegó al Perú por recomendación de su representante, quien conocía a la dirigencia del club Regatas y le habló de una liga competitiva, exigente y en crecimiento.
Su primera imagen del país fue el océano. Aterrizó de madrugada y el mar fue lo primero que vio. “No vivo cerca del océano, así que para mí fue algo nuevo y especial. Me encantó de inmediato”, cuenta la nueva atacante del equipo. Su mayor desafío ha sido el idioma. “Quiero comunicarme mejor”, admite. Se esfuerza por aprender español mientras sus compañeras y el entrenador la ayudan en inglés. De la liga destaca la intensidad del juego. Y de la hinchada, la pasión. “No esperaba que tanta gente amara el vóley. Es una atmósfera emocionante para jugar”, comenta.
La colombiana Darlevis Mosquera llegó al Perú en 2023, tras cerrar temporada en Francia y decidir que no quería volver a Europa. Lima es la ciudad donde más tiempo ha permanecido: lleva una vida serena, casi introspectiva. Entrena, vuelve a casa y prioriza el descanso. Sale poco, disfruta de un café ocasional y prefiere el silencio a la exposición.
“Mientras pueda seguir creciendo y compitiendo a buen nivel, voy a estar donde el vóley me lleve”, nos cuenta. En el Perú encontró estabilidad, cercanía con su país y un club que —dice— le ha dado tranquilidad. Su meta es firme: aportar siempre el cien por ciento al equipo y avanzar paso a paso. Si algo define hoy a Mosquera es esa mezcla de calma y determinación, una jugadora que no necesita estridencias para hacerse notar. //
Elena Keldibekova es una de las figuras más emblemáticas del vóley en el Perú. Nacida en 1974 en Almaty —entonces parte de la Unión Soviética y luego de Kazajistán—, llegó a nuestro país en 1994 para jugar en Regatas Lima y decidió quedarse, nacionalizarse peruana y convertirse en columna de la selección nacional. Con la blanquirroja participó en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y en múltiples campeonatos sudamericanos y panamericanos, dejando imágenes inolvidables como su icónica “patadita” que ayudó a clasificar al Mundial.

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