Módulos Tomas de Canal
elcomercio.pe

Más en Historias

Historias

Locos por los gatos: cómo las redes sociales han roto prejuicios sobre tener gatos en casa

Ni supersticiones, ni 'crazy cat ladies'. Los gatos son peculiares, especiales, fantásticos, pero no son criaturas temibles. Algunos incluso los consideran las mascotas modernas. Sepa aquí por qué.

Ronronear. Dicho del gato. Producir una especie de ronquido, en demostración de contento.

Así define la RAE una sensación –acaso la más placentera de la convivencia con estos seres– imposible de conseguir a pedido. Tiene que nacer de ellos, como todo lo que hacen. No se obtiene a cambio de una galleta ni mucho menos se les adiestra; ocurre solo cuando quieren y solo cuando nosotros parecemos necesitarlo. Tampoco se puede explicar con exactitud hasta que se experimenta: eso es algo que se repite con frecuencia cuando se trata de gatos. Lo mismo sucede cuando se examinan por primera vez sus patitas (en la parte de atrás parecen tener unas almohadas), cuando se les escucha comunicarse (la onomatopeya ‘miau’ compone tan solo una parte del fluido lenguaje gatuno) y cuando se les observa descansar. Pocas criaturas duermen con tanta paz o con tanta frecuencia. Todas esas son cosas que se van descubriendo de a pocos. Tú no juegas con un gato; el gato juega contigo. No vives con un gato; el gato vive contigo. No educas a un gato; el gato te educa a ti.

Hasta hace unos años –pocos, en realidad– todavía eran mascotas poco populares en los hogares peruanos, donde la presencia canina es notoriamente superior (nota al lector: esta no es una competencia entre perros y gatos; hay sitio para todos). Basta con recordar lo que ocurría con los felinos abandonados del parque Kennedy –ese presidente estadounidense era, de hecho, alérgico– para entender un poco el panorama. Instagram ha sido clave para acercarlos a la gente: allí uno encuentra un nutrido universo gatuno que va desde los mininos de la raza Scottish Fold pertenecientes a Taylor Swift hasta el todavía recordado Grumpy Cat. En el Perú, cientos de personajes conocidos difunden su amor por los gatos a través de esta misma plataforma. Una de las más notorias –quizá la más entusiasta– es la actriz Anahí de Cárdenas. En su biografía se lee claramente ‘mother of cats’ (‘madre gatos’). Anahí tiene una familia numerosa.

Anahi de Cardenas

La actriz Anahí de Cárdenas vive con 4 gatos. Todos son adoptados.

NUEVE VIDAS
No es en absoluto usual sacarlos a pasear, pero una de las gatas de Anahí disfruta mucho de estar en la calle. La actriz lo resolvió comprando un arnés para gatos (existen), que usa para sacarla a caminar por su edificio y el jardín que hay abajo. La primera gata que tuvo se escapó una Navidad cuando aún vivía con sus padres (no la había esterilizado; una obligación cuando se trata de gatos). Han pasado unos 15 años de eso, pero cada vez que pasa por la cuadra donde todavía viven, Anahí jura verla caminar. “La gente tiene referentes que no son reales”, cuenta rodeada de tres de sus hijos. Al cuarto de ellos no le gusta la gente; si hay una regla de oro en lo que concierne a los felinos, es que no se les puede obligar a nada. “La Bruja del 71, por ejemplo. Esa es la idea que muchos tienen de una mujer que vive con gatos”. Curiosamente, ella adoptó los dos primeros estando casada. Se divorció –llegaron más gatitos– y, con su novio actual, no hay problema cuando se trata de compartir espacio en la cama con ellos. Otra anotación: muchos dueños consiguen que duerman en sus camitas o en algún rincón que ellos elijan de la casa. La verdad del caso es que a la mayoría de gatos les gusta dormir en la comodidad del dormitorio. “Los gatos son polarizadores de energía”, indica. “Cuando se te echan encima es como si se sentasen en tu alma”. Es una bonita manera de verlo.

Dos cosas le aburren de verdad a Susan Wagner. La primera es escuchar que son ingratos. La segunda es que alguien le pregunte si prefiere perros o gatos. “La relación que cada uno tiene con los animales es absolutamente personal”, sostiene. Precisamente, su última colección es un llamado de atención sobre la extinción de la flora y fauna peruanas. Perros y gatos no corren ese peligro, pero sí se enfrentan a otros tantos. En las fotos de la campaña, junto a las modelos, aparecen los gatos de la diseñadora. No todos, claro –de nuevo la regla de oro– pero sí algunos. El Murru, la Muña, el Pichito, Olga, Pompifresh, Tijuanis y Apolo son adoptados o hijos de gatos adoptados. Comparten las tres cajas de arena que hay en el patio de casa de la diseñadora (por naturaleza, los gatos son extremadamente limpios) y también la comida. Cada uno tiene un temperamento –a los gatos hay que respetarlos, insiste– y cada uno tiene un rol en la ‘tribu’. A pesar de ser el último en llegar, es el Murru quien manda. No están siempre juntos, pero se acompañan entre ellos (“por eso es mejor tener como mínimo dos”, dice Wagner) y la acompañan a ella. Están en su taller, en su cuarto; hasta en su techo. “No solo son mis compañeros, sino también mi inspiración. A veces me dan tranquilidad; otras, todo lo contrario. Los animales son catalizadores de sensaciones, sentimientos que tenemos”, explica. Susan no tiene conciencia de cuándo y por qué nació su devoción. Solo los recuerda siempre allí. Su madre supo inculcarle el amor por los animales –a recogerlos y ayudarlos– y es algo que ella ha hecho también con su hijo. Sensibilizar a la gente con este tema es muy importante para la diseñadora. “Ya no podemos voltear la cara”.

Susan Wagner

El Murru, la Muña, el Pichito, Olga, Pompifresh, Tijuanis y Apolo son los 7 gatos con los que vive la diseñadora Susan Wagner.

Susan wagner

El actor José Dammert lo entiende muy bien. El año pasado, su colega Natalia Salas encontró dos gatitos de solo unas semanas abandonados en una caja. “Ella se tomó la responsabilidad de despertarse cada dos horas para alimentarlos”, cuenta Dammert, quien la acompañó durante todo el proceso. José ya había tenido un gato –Igor– mientras estudiaba y trabajaba en Italia. Pero desde su regreso a Lima, en 2016, no había repetido la experiencia. Una vez que estuvieron sanitos y fuertes, Dammert le pidió a Natalia quedarse con uno de ellos. O ella, más bien: era una gata, que bautizó como Nina. “Y como donde come uno, comen dos, al poco tiempo me ofrecieron a Apolo”. Ni su madre ni su hermana se sentían cómodas con los gatos cerca, hasta que el actor tuvo que salir de viaje. “Le pedí a mi mamá que se quede a cuidarlos. Tenía miedo de que la arañen, de que la contagien de algo. Ahora me llama a preguntarme cuándo puede venir a ver a sus nietos”.

Nina y Apolo se llevan tan solo 15 días. Duermen juntos, abrazados, desde el primer momento en que se conocieron.

Jose Dammert

Jose Dammert con Apolo y Nina, ambos de 5 meses.

Jose Dammert

BUSCAN HOGAR
Para qué comprar, si puede adoptar. Aquí, algunos lugares donde puede hacerlo:

-Hogar Gatuno de Isabel (995274969)
-Asociación Misicha Perú (gatitosparqueuniversitario@gmail.com)

Leer comentarios ()

Subir
Ir a portada