Por Oscar García

El cervecero sabe bien que su bebida favorita forma parte de un algo más grande, de una cultura mayor. Para comprenderlo hay que remontarse a la vieja Mesopotamia, hacia el 4.000 a.C. Los arqueólogos han encontrado tablillas de arcilla con dibujos de personas felices que toman cerveza de un mismo recipiente. La función social de esta popular bebida alcohólica no ha cambiado mucho y la mejor evidencia de ello son los bares cerveceros, a los que los parroquianos acuden no solo para aplacar la sed en estos días calientes, sino también para ver caras, para conectar con los amigos y para celebrar. Es un ritual.

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