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Día contra el Cáncer de Mama: ellas lucharon contra el mal y tienen un mensaje para todos | FOTOS

Era octubre del 2010 cuando Denisse Fajardo, una de nuestras grandes guerreras de Seúl 88, soñó con su madre, quien había muerto un año antes de cáncer al endometrio.

Las cifras son escalofriantes. Sobre todo cuando recuerdas que detrás de cada número hay un rostro, un nombre y dos apellidos, una familia que quedará rota al perder a un ser que ama. Hoy morirán por lo menos cuatro mujeres en el Perú por cáncer de mama. Ayer murieron otras cuatro y, para mañana, el pronóstico es el mismo. Al finalizar el año, esta enfermedad se habrá llevado a más de 2 mil peruanas. Ni los accidentes de tránsito ni ningún otro tipo de cáncer las mata tanto.

La mejor forma de enfrentar el cáncer de mama es detectarlo a tiempo. Esa es la única arma a la que podemos aferrarnos por ahora, el apunte de la historia clínica que marcará la diferencia entre supervivencia o muerte, el talón de Aquiles de ese mal. Y este es el dato clave: el 90 por ciento de los casos de cáncer de mama que son diagnosticados en un estadío temprano (1 y 2) tienen un final feliz.
En ese último dato radica la importancia de la detección temprana. Ese es su superpoder. Porque la enfermedad avanza en silencio y no se manifiesta descaradamente sino hasta que es demasiado tarde. Un tumor de apenas un centímetro de diámetro en la mama comenzó a crecer por lo menos ocho o diez años atrás. Mal silencioso y traicionero.

Era octubre del 2010 cuando Denisse Fajardo, una de nuestras grandes guerreras de Seúl 88, soñó con su madre, quien había muerto un año antes de cáncer al endometrio. Más que un sueño fue una especie de visión, en la que su mamá, Victoria, le pedía que fuera a un médico, que se hiciera exámenes. “Hazte ver, hazte ver”, repite Denisse, como recordando una vieja conversación.

Fajardo no solo había perdido a su madre pocos meses antes; una prima suya había muerto por cáncer a los ovarios y dos tías, por cáncer al estómago. Aunque nunca nadie podría estar ‘preparado’ para que le detecten cáncer, Denisse afirma que sabía que tarde o temprano también le tocaría enfrentar esa enfermedad. Y el que haya soñado a su madre fue premonitorio, pero oportuno.

A la mañana siguiente la voleibolista le contó su visión a su esposo y él la alentó a ir de inmediato a hacerse un chequeo. Denisse tenía una pequeña molestia en el seno izquierdo, así que la primera zona en la que le hicieron la ecografía fue esa. No salió nada. “Ufff...”, respiró aliviada. El médico pasó al seno derecho: ahí estaba el pequeño tumor.

Gracias a la detección temprana del cáncer, Denisse no tenía los ganglios comprometidos y tampoco fue necesario extirparle el seno. Ella entró al hospital un 28 de diciembre, la operaron al día siguiente y el último día del año ya estaba afuera. Previamente, se había asegurado de que eso ocurra: su mamá siempre le había dicho que si pasaba las últimas horas del Año Viejo enferma, todo el año se la pasaría así.

“A mí me detectaron el cáncer en el segundo estadío gracias a mi madre y gracias a esa detección temprana no me tuvieron que extirpar el seno. Igual, me hicieron ocho quimioterapias y 33 aceleradores lineales [tratamientos de radioterapia]. Es... fatal. Recuerdo que después de la primera quimio me fui a comer un cebiche, porque terminé hambrienta después de estar cuatro horas sentada con ese líquido helado entrando por mis venas. Para la noche sentía que me moría: lloraba, gritaba, mi esposo me sujetaba sin poder hacer nada. Y sentía que me secaba, mi piel era como la de las iguanas, un pellejo”, recuerda Fajardo.

Denisse tiene claro que siempre valdrá la pena luchar. Lo hizo, además, junto a su esposo Víctor y decenas de personas que le escribían por las redes sociales enviándole mensajes de aliento. Ella no dejó que el cáncer le robe la vida que tenía antes de la enfermedad. Siguió con sus clases de vóley y pese a que se le cayó el pelo por las quimioterapias, nunca usó peluca. Aunque aún toma pastillas para mantener bajos sus marcadores tumorales, sonríe. Sonríe y vive.
Así como luchó y aún se mantiene en guardia Denisse Fajardo, hoy lucha Rosa Vílchez, de 58 años. En enero de este año, Rosa llegó hasta uno de los Centros Detectores de la Liga contra el Cáncer (ubicado en la cuadra 27 de la avenida Brasil) y le encontraron un tumor en la mama derecha.

“Cuando el doctor me dio la noticia, traté de tomarla de la mejor manera, pero cuando llegué a mi casa... ahí sí me desahogué. Lloré y lloré. Durante una semana estuve así. Pero ahí estaban mis hijos, mi esposo. Ellos me dijeron: ‘juntos vamos a salir adelante’. Así que a la semana me dije: basta de llorar”, recordó Rosa.

Y cómo no llorar. Un diagnóstico de cáncer asusta a cualquiera. Pero era el cuarto año consecutivo que la señora Rosa se controlaba regularmente, así que el cáncer de mama estaba en su primer estadío. No hubo necesidad de extirparle el seno, aunque lleva ya cuatro quimioterapias rojas, las más agresivas, y por estos días debe hacerse una quimioterapia blanca semanal hasta que termine diciembre.
Este año, Rosa Vílchez descubrió el tamaño de su coraje. “A veces sientes que ya no puedes más, pero no te rindes. Yo me siento muy orgullosa de mí misma. He salido de peores cosas y esta no va a ser mi derrota”, asegura.

EL DOLOR FAMILIAR
El cáncer de mama arrebató la vida de dos de las mujeres más importantes de la vida de Fernanda Kano: su abuela Rosa, que murió en el 2000, y su hermana Sharon, en el 2015. Cuando murió la abuela Rosa, la periodista era apenas una jovencita que había terminado el colegio, pero durante los casi 10 años de enfermedad que sufrió su hermana desde que le detectaron por primera vez el cáncer, en el 2005, hasta que murió, Fernanda trató de acompañarla siempre, aunque muchas veces era Sharon la que se aislaba de todos.

“Cuando un miembro de la familia se enferma de cáncer, todos sufren. Creo que al final uno no termina de entender qué es lo que está pensando la persona que está enferma, porque por lo general esta persona enferma no quiere preocupar a su familia ni que la traten distinto o le sientan lástima. Hasta que, claro, ya es inevitable que te apoyes en ellos”, dice Kano.

Fernanda es embajadora de la Liga contra el Cáncer y, como tal, ha contado algunas veces esta historia. Eso, sin embargo, no evita que llore al recordar los últimos momentos de la vida de Sharon. “Hubo una época en la que la dejé de ver porque ella no me contestaba el teléfono. No me quería ver, ni siquiera en Navidad. Hasta que entendí que algo le pasaba, así que fui a buscarla y le dije: ¿qué mierda te pasa? Me dijo: bueno, tengo cáncer otra vez...”, recuerda.

El CAPITÁN MARTÍNEZ
A mediados de los 90, Roberto Martínez Vera-Tudela tenía 28 años, era capitán de Universitario de Deportes y estaba casado con Gisela Valcárcel. Roberto llevaba casi diez años acompañando a su mamá a sus chequeos y tratamientos para combatir un cáncer de mama que le fue diagnosticado en 1986 y, mientras eso ocurría, visitaba los pabellones de niños y jóvenes del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).

Ese 1995, la mamá de Martínez perdió la batalla contra el cáncer, pero él no perdió la costumbre de visitar siempre a los chicos del INEN.
Fue en una de esas visitas que le comentó a un joven médico sobre un pequeño bultito que en los dos últimos años había tocado en su mama derecha mientras se duchaba, pero al que nunca le había hecho mucho caso. Debía ser una bolita de grasa, ¿cómo podría ser otra cosa en el caso de un varón?

Felizmente Martínez habló con aquel joven médico ese día, en 1996. Aunque el cáncer de mama en hombres es poco frecuente (menos del 1% de los casos), es una enfermedad que también los puede atacar. Y esto es porque tanto niños como niñas, hombres como mujeres, tienen tejido mamario.

Un día después, Roberto llegó al INEN junto a dos amigos futbolistas, Juan Manuel ‘Camioneta’ Olivares y Juan Alexis Ubillús, y fue sometido a algunos exámenes, como mamografías y ecografías de mama. Luego de ver los resultados, su médico fue directo: “No me gusta la forma de ese tumor. Te lo tengo que extraer y es posible que tengas ganglios en el cuello y las axilas. Si ese es el caso, haremos biopsia en el mismo momento. Si es benigno, cerramos. Si no, te haremos un corte en el cuello y otro en la axila para sacártelos”.

Ese mismo día se internó y a los tres días, lo operaron. Cuando despertó de la anestesia, recibió la buena noticia: el tumor había sido benigno. Ese 1996, el capitán anunció su retiro del fútbol profesional. “Lo primero que te preguntas es por qué a mí. Yo sentí miedo por mi familia. Hay un montón de cosas que te pasan por la cabeza... Y me fue más difícil decírselo a mi papá que a mi esposa. Él acababa de pasar por la muerte de mi madre. Felizmente, mi angustia duró solo cuatro días. Cuatro días que se hicieron interminables”, recuerda Roberto Martínez.

Por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 19 de octubre se recuerda a nivel de todo el planeta la necesidad de luchar contra el cáncer de mama y tomar conciencia de lo vital que es que las mujeres accedan a controles, diagnósticos y tratamientos oportunos. La importancia de esta causa es tal que líderes, deportistas, artistas y políticos de todo el mundo participan activamente en sus campañas.

La vicepresidenta de nuestro país, Mercedes Aráoz, posó para esta nota también, en solidaridad con todas las mujeres que dieron o siguen dando esta batalla. “El tema es doloroso, no estamos haciendo lo que se puede hacer, que es prevenir. A veces es difícil, te puede tocar de pronto, puede llevarse la vida de alguien. Tengo una amiga muy cercana que ha fallecido recién, muy joven además, no tenía ni 40 años, con un niño chiquito. Le puede tocar a cualquiera”, dice Aráoz.

La también congresista hace hincapié en la necesidad de enseñar a las niñas y jóvenes a hacerse sus propios autoexámenes. Como se sabe, es poco usual que el cáncer a la mama ataque a mujeres (o varones) menores de 40 años, pero cuando esto ocurre, es más agresivo y mortal.

“Hay que perder el miedo y conversar con las madres. En las escuelas hay que promover el tema. Que las niñas sepan que el chequeo ginecológico no es ningún pecado y que aquí no hay tabúes. Mi mamá también murió de cáncer, no de mama pero sí un cáncer ginecológico. Otra vez, es el descuido, no hacerse el examen a tiempo. La muerte se puede evitar y por lo menos que el mal no nos haga tanto daño”, dice.

Desde otros países, diferentes campañas publicitarias se han hecho con ese mismo fin. Hace pocos días, la tenista Serena Williams nos sorprendió cuando apareció con el dorso desnudo y cantando a capela una versión propia de I Touch Myself, con el objetivo de promover el autoexamen en las mujeres. Porque, una vez más, la detección temprana es la única arma a la que nos podemos aferrar para enfrentar esta enfermedad asesina. //

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