Una familia local disfruta de un paseo a caballo que culmina en uno de los miradores del valle. El recorrido suele costar 25 soles. (Foto: Luis Miranda)
Una familia local disfruta de un paseo a caballo que culmina en uno de los miradores del valle. El recorrido suele costar 25 soles. (Foto: Luis Miranda)
Luis  Miranda

Periodista

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Aclaración: Este artículo fue publicado originalmente el 17 de septiembre de 2020.

El auto cimbrea entre curva y curva mientras van pasando pueblitos vitivinícolas donde siempre hay ancianos con porte saludable. Por algo este valle tiene fama de paraíso de la longevidad. Unos dicen que se debe al clima casi jaujino, y otros, a la terapia del pisco de uvina, esa rica cepa negra, azulada y no aromática, exclusiva del valle, cuyo origen es un misterio. Su cultivo enorgullece a los lugareños porque fue la última variedad en ser reconocida como uva pisquera y porque tiene tal concentración de taninos y antioxidantes que probablemente tenga mucho que ver con el hecho de que en el valle del río Cañete abunden las personas casi centenarias.En ninguna otra parte del país se produce este pisco, que se bebe como la mejor vitamina ‘antiedad’.

Desde que en los noventa estalló el boom turístico en esta preciosa zona de , a 500 m. s. n. m., mucha gente empezó a venir para olvidarse de los pleitos de la ciudad y pasar unos días respirando oxígeno puro. Aunque ello implicara tener la compañía de un batallón de mosquitos draculinos. Nada que no pueda solucionar un buen repelente.

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Hasta antes de la , el lugar hervía de turismo: se podía alquilar carpas en uno de los campings con fogata o uno podía entregarse al lujo del único hotel cinco estrellas del valle (el Lunahuaná River Resort) o simplemente vagar de bodega en bodega catando vinos hasta ver la vida doblemente hermosa. También podíamos surcar los cielos, suspendidos como cachorros de gato en un zipline o canopy, tanto de ida como de vuelta, y hasta meternos en una balsa para tragar agua cristalina en los rápidos de uno de los pocos ríos costeños con abundante líquido todo el año. Pero todo eso se acabó de golpe con la pandemia.

SECRETO LOCAL. A sus 92 años, Rubén Vicente es un ejemplo de larga y saludable vida en Lunahuaná. Su secreto es el pisco de uvina, baya pequeña, dulzona y astrin¬gente, rica en antioxidantes. Actualmente elabora su pisco Puro Jita. (Foto: Luis Miranda)
SECRETO LOCAL. A sus 92 años, Rubén Vicente es un ejemplo de larga y saludable vida en Lunahuaná. Su secreto es el pisco de uvina, baya pequeña, dulzona y astrin¬gente, rica en antioxidantes. Actualmente elabora su pisco Puro Jita. (Foto: Luis Miranda)

Hoy regresamos cuando lo peor de la crisis ya va pasando. Los restaurantes fueron autorizados a atender al 30 por ciento. Ahí están la señora María Negrón o doña Melchora (ella aún en aislamiento debido a su edad), que preparan las sopas cholas (versión local de la sopa seca), consideradas entre las mejores. Lo mismo el famoso Piscuy, un restaurante que ofrece filetes del roedor frito, sin hueso, y que hasta antes de la pandemia solía proveer de ese insumo al exclusivo restaurante Maido. Si no tuviera uno de los mejores ríos para canotaje, Lunahuaná sería famosa por su gastronomía, sus piscos y vinos. Y eso que no estamos hablando de las maravillas que se preparan con los camarones.

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Los hoteles están siguiendo el mismo proceso y atenderán al 30 por ciento de su capacidad. Actualmente, Lunahuaná vive una cuarentena focalizada, como toda la provincia cañetana, a pesar de que aquí los casos de COVID-19 fueron muy escasos: solo 170 de marzo a julio, y ningún fallecido, según las cifras municipales. Pero la alta incidencia de contagios en las ciudades litorales de Cañete está afectando también a la llamada capital de los deportes de aventura. Ya no se divisan las balsas de hule ni kayaks, pero sí ese río Cañete que ahora inspira sosiego con sus aguas purísimas que nacen en el nevado Pariaqaqa, en plena reserva paisajística Nor Yauyos.

FESTÍN DE CAMARONES. La sopa chola con camarones del restaurante El Buen Sabor. La veda del crustáceo va de enero a marzo. (Foto: Luis MIranda)
FESTÍN DE CAMARONES. La sopa chola con camarones del restaurante El Buen Sabor. La veda del crustáceo va de enero a marzo. (Foto: Luis MIranda)

La Municipalidad de Lunahuaná, la Dirección de Turismo del Gobierno Regional de Lima y el Ministerio de Turismo vienen supervisando los protocolos de vigilancia biosanitarios ara la próxima reapertura de actividades turísticas. El proceso se inició con la tercera fase de la reactivación económica señalada por el Gobierno. La ministra de Turismo, Rocío Barrios, estuvo presente para verificar los nuevos protocolos. Si bien se hicieron algunas pruebas de canotaje y de otras actividades, con las necesarias mascarillas, actualmente están prohibidas las disciplinas recreativas en grupo, salvo las caminatas y con la distancia debida. Pero todo cambiará con la reapertura del total de las actividades de aventura y recreativas, repetimos, con el protocolo debido.

El golpe fue muy duro para la economía local porque Lunahuaná es el cuarto destino favorito a nivel nacional. El 2019 arribaron cerca de 800 mil turistas. Entre los lugares preferidos de los visitantes está el Museo del Pisco, ubicado en la bodega Rivadeneyra. También las cinco tradicionales bodegas que integran la ruta del pisco y vino: Los Reyes, Santa María, De la Cruz, Hijos del Sol, De la Motta. Los Reyes ofrece un vino cabernet sauvignon premiado en Europa. Hay que incluir a la bodega Golden, que se precia de tener la tecnología vinera y pisquera más moderna de la zona. Pero cada pequeña bodega en Lunahuaná lo hará vivir las todo el verano.

Así será el canotaje en Lunahuaná apenas concluya la cuarente¬na focalizada. Según el protocolo sanitario, podrán participar hasta cuatro personas más un guía por embarcación. Solo se admitirán grupos de familiares o amigos que hayan tenido una convivencia previa de una semana, bajo declaración jurada. (Fotos: Luis Miranda)
Así será el canotaje en Lunahuaná apenas concluya la cuarente¬na focalizada. Según el protocolo sanitario, podrán participar hasta cuatro personas más un guía por embarcación. Solo se admitirán grupos de familiares o amigos que hayan tenido una convivencia previa de una semana, bajo declaración jurada. (Fotos: Luis Miranda)

La joya del valle de Cañete se prepara para recibir turistas que cumplan las normas de seguridad. El Gobierno tiene la decisión. El aire puro y la naturaleza están garantizados en un valle que se precia de tener una hospitalidad a prueba de pandemias y mosquitos. Eso sí, hasta que pase totalmente la epidemia, no se acerque a los pobladores locales y a los venerables ancianos que abundan en el valle. Son hombres y mujeres, muchos de ellos bordeando la centuria, quienes también atribuyen su longevidad a una vida en el campo, a los alimentos de la tierra que ellos mismos cultivan y al placer sin culpas de sus bebidas de uva local. La sabiduría y las anécdotas de estos lunahuanenses de larga vida son muchas, pero por ahora quedan reservadas hasta que la pandemia coja el rumbo del olvido. //

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