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Madre de Dios: las impresionantes 'selfies' de la fauna silvestre que habita en el bosque amazónico

A través de la temperatura y el movimiento de los animales, un sistema de 26 cámaras trampa registra la verdadera realidad de una vida protegida tanto como de una depredada.

El futuro de la Amazonía depende de Madre de Dios. Lo dijo Thomas Lovejoy, pionero de la biología de la conservación, quien lideró estudios en la selva del Brasil desde 1965 y realizó los primeros inventarios de flora y fauna en bosques fragmentados por el desarrollo humano. Estos le revelaron el problema esencial de nuestro tiempo: la desaparición de la diversidad biológica. “Cientos de miles de especies perecerán y esta reducción del 10 al 20 por ciento de la biota terrestre ocurrirá en apenas la mitad de una vida humana”, sostuvo.

Un sistema de 26 cámaras trampa, distribuidas entre dos áreas georreferenciadas en ambos márgenes del afluente del río Bajo Madre de Dios, es el paso clave de una alianza entre el Smithsonian Institution e Inkaterra Asociación para la protección de la fauna silvestre. En una orilla se encuentra la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional de Tambopata. En la otra, el bosque adyacente a la carretera, vía de acceso para prácticas nocivas como la agricultura itinerante, que se sirve de la tala y la quema.

Desde la construcción de la carretera Interoceánica en el 2010, la economía regional en Madre de Dios se inclinó hacia industrias extractivas como la ganadería, la tala y la minería aluvial. Las imágenes satelitales muestran que, en los últimos veinte años, el uso de la superficie para estas actividades ha crecido en un 916%, lo cual tiene consecuencias devastadoras sobre la naturaleza y las poblaciones locales. Actualmente, se estima que 49 especies de plantas se ven amenazadas, mientras que los ríos se contaminan de mercurio y las culturas nativas migran al perseguir la fiebre del oro.

Los amigos invisibles
“Este método permite evaluar factores como la abundancia de una especie, la frecuencia de su avistamiento o su distribución en un hábitat protegido o arrasado”, explica Adolfo Schmitt, coordinador de proyectos de investigación de Inkaterra Asociación. A pesar de ser una iniciativa reciente, ya existen indicadores que evidencian el contraste entre ambas orillas. “En la zona de Tambopata, nuestras cámaras trampa han detectado la presencia de jaguares, hormigueros gigantes o pecaríes”, cuenta Schmitt. “Puede que lo más curioso sea el registro del perro de orejas cortas (Atelocynus microtis), una especie elusiva y amenazada. Se conoce muy poco sobre sus hábitos y hay mucha información contradictoria en torno a él, en gran medida porque es casi imposible de avistar”.

Selfie Animal

Las cámaras trampa ofrecen claves para entender el comportamiento animal.

En cambio, la margen próxima a la Interoceánica muestra un bosque alterado. El Dr. Francisco Dallmeier, director del Centro para la Conservación y Sostenibilidad del Smithsonian, emplea la analogía del Alzheimer para explicar la pérdida de conectividad entre ecosistemas. Cuando los mensajes no transitan por el sistema nervioso, la información queda aislada en el cerebro. Una suerte de pérdida sináptica también se da en la selva depredada, que deteriora la vida silvestre, hacinada en parches de bosque.

Las cámaras trampa ofrecen claves para entender el comportamiento animal, a partir de registros que invitan a trazar nuevas líneas de estudio. Ocurrió en la India, cuando se confirmó que la población de tigres estaba en declive, contrario a lo anunciado por el Gobierno, o cuando se estudió una especie tan misteriosa como el rinoceronte de Sumatra. En Madre de Dios, los registros establecerán los pasos para restaurar el flujo genético, al tiempo que brindan una experiencia educativa, capaz de hacer visible lo que acecha en el espesor verde de la selva. //


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