Miguel Villegas

Faltan 15 minutos y llega él, , perfumado lo suficiente, elegante lo necesario porque va a ver a sus chicas. Quienes lo conocieron dicen que siempre fue así: pulcro para vestirse, disciplinado para entrenar, papá para enseñar. Este día, 27 de setiembre del 2008, el Míster va a volver a ver a casi todas sus chicas con el único pedido de que sonría para la foto, con la única promesa del homenaje, 20 años después, de la medalla que consiguió

-¿Cómo está Gaby?, es lo primero que pregunta, detrás de esos lentes de marco dorado que le da más sabiduría.

Están Mario Fernández, Carlos Salas y Patrick Espejo, periodistas de El Comercio, escuchándolo como se hace con un pastor.

El Míster, es -siempre fue-, , el entrenador -y líder- de la selección de vóley de Perú de 1974 hasta 2003 que más alto llegó en este deporte. Y las chicas, bueno, son las chicas. Nunca tuvieron apellido para los peruanos que madrugaban frente a una Trinitron en los años 80, los años del pánico, peruanos chochos que vivíamos desde las 5 de la mañana: Denisse siempre fue Denisse, Rosa, Rosa, Cecilia, Cecilia. Y así, todas.

Incluso Gabriela Pérez del Solar, la altísima voleibolista de la selección (1.94m), imponente como un rascacielos, es esta mañana Gaby, con dulzura, la alumna que espera el Míster porque sabe de memoria, los ha contado, la gran noticia que trae el también llamado “Club del 88”: en setiembre del 2008, Gaby luce una barriguita de cinco meses.

Viernes. Miraflores. Brujas de Cachiche. El Comercio y Deporte Total las había buscado diez días antes: llamadas telefónicas, números que no existen, ¿algún mensaje para la señora?, la congresista lo atenderá mañana, ¿mi mamá va a salir en los periódicos? No es sencillo juntar un tesoro de tanto valor.

Entonces, después de Man Bok Park, Gaby llega. Su presencia paraliza el restaurante: nadie sabe cómo atender a la nueva mamá. “Yo las conozco, se van a demorar la vida en arreglarse”, dice. Pero no tardan más de 10 minutos. 1:30 de la tarde. Demasiada belleza: Demasiada disciplina: Man Bok Park, su español ininteligible, su terno negro de botones dorados y la misma cara de 1988, habla y ordena.

-"Pisco no. Agua para chicas".

Y las chicas tomaron agua.

Once años después, esta breve anécdota lo sigue definiendo. Hoy que se fue. Descanse en paz, Míster Park.