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Recibir el rechazo de su abuela resonó en él profundamente. Ella tenía tierra en las manos, pues había estado trabajando en la chacra. Al verla, quiso abrazarla, pero no se lo permitió: “Hijo, mis manos están sucias”, le dijo a su nieto, el artista cajamarquino Manuel Limay. “Eso me revolvió la cabeza —recuerda—. Hemos llegado a un punto en el que la colonialidad nos ha destruido tanto el imaginario andino que llegamos a creer que la tierra en nuestro cuerpo es suciedad”, reflexiona Limay sobre el origen de su propuesta artística en la exposición “Donde respira la tierra”, curada por Gabriela Pinto y presentada por la plataforma PÚBLICA, recientemente inaugurada en la galería ODERS de Barranco.
Recibir el rechazo de su abuela resonó en él profundamente. Ella tenía tierra en las manos, pues había estado trabajando en la chacra. Al verla, quiso abrazarla, pero no se lo permitió: “Hijo, mis manos están sucias”, le dijo a su nieto, el artista cajamarquino Manuel Limay. “Eso me revolvió la cabeza —recuerda—. Hemos llegado a un punto en el que la colonialidad nos ha destruido tanto el imaginario andino que llegamos a creer que la tierra en nuestro cuerpo es suciedad”, reflexiona Limay sobre el origen de su propuesta artística en la exposición “Donde respira la tierra”, curada por Gabriela Pinto y presentada por la plataforma PÚBLICA, recientemente inaugurada en la galería ODERS de Barranco.
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Manuel Limay nació en Cajamarca. Es un hombre de chacra, al igual que su madre, su padre y sus abuelos, quienes aprendieron a trabajar en los campos y a vivir de sus productos. Aunque se formó en la especialidad de pintura en la Escuela de Arte Mario Urteaga Alvarado de Cajamarca, se ha dedicado a la fotografía. El trabajo artístico de Limay se centra en técnicas fotográficas orgánicas, abordadas desde una perspectiva experimental y de compromiso social. Hace unos años dejó la chacra para irse a vivir a la periferia, desde donde comenzó a profundizar en la relación entre todo lo que significa el campo, la memoria y la identidad.

Más que geografía
En esta exposición, Manuel Limay usa principalmente papas, nuestro tubérculo más reconocido en el mundo y el que le da de comer a millones de personas en este país. Pensar en la papa es atravesar distintos ángulos de la peruanidad: desde el orgullo gastronómico, con una variedad que supera los 4 mil tipos, hasta forjar nuestra identidad andina cantándole a su flor y a la Pachamama que le da la vida. Para Limay, la papa es el trabajo duro que se solea sin descanso y las manos de su abuela llenas de tierra durante la cosecha.
En “Donde respira la tierra”, el artista ha cortado las papas de manera plana y aplica un ácido, como el limón, sobre la pulpa, dejándolas secar bajo el sol de Cajamarca por tres días seguidos. Así, la superficie se reseca y el almidón adquiere una textura similar al papel. Las papas se transforman en el soporte donde se revelarán la fotografía y los rostros de niños, niñas y vecinos de Limay.

El artista piensa la tierra como un territorio con fronteras en disputa. Es la propiedad de alguien, un lote vendible, algo comercial. La tierra en los zapatos significa tránsito, pero también suciedad; la tierra en la ropa es mugre. Es en el espacio museográfico o en una galería donde se percibe la tierra exenta de toda carga valorativa o simbólica: “Puedes llevar esa porción de tierra a la galería y ahí se aprecia como tal, como tierra, sin ningún cliché, disputa o carga política. Es simplemente tierra”, comenta Limay.
A diferencia del antiguo ritual ‘capacocha’ (concepto trabajado por el artista), en el que los niños y niñas incas más perfectos de la nobleza eran sacrificados como acto de honor en una fecha importante, esta vez Limay ha elegido como protagonistas a niños que viven en la pobreza, sufren anemia o tienen algún impedimento físico: “Es lo contrario al ‘capacocha’; posee una carga simbólica porque son de la periferia donde yo habito. Es como decir los conos en Lima: muchas veces sin servicios básicos, sin buenos colegios, sin carreteras: ahí todo es polvo”.

Pero en la exposición también aparece toda la familia de Limay, como una manera de traerlos desde la provincia a la capital, transportados sobre los tubérculos: “Es una visita simbólica. En pocas palabras, todo el barrio ha venido a Barranco junto a mí”, sostiene el artista, recordándonos ese tránsito constante que implica la migración desde el interior hacia la ciudad. En “Donde respira la tierra” se verán los rostros invisibles de ese Perú andino —de la chacra, marcado por las más extremas necesidades—, impresos sobre papas, el mayor símbolo de nuestra riqueza alimenticia. Una invitación a reflexionar. //
“Donde respira la tierra” se exhibirá en la galería ODERS (Jr. Domeyer 270, Barranco), un espacio que combina galería de arte, ‘showroom’ textil y plataforma de experimentación artística impulsada por el artista Sebastián Poggi. El lugar propone un cruce entre disciplinas y formatos contemporáneos, acogiendo exposiciones, talleres, performances y actividades culturales. Va hasta el 16 de mayo.
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