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Mario Salas y Sporting Cristal: el campeón peruano es un chileno y estas son las razones

Cristal salió campeón de dos torneos en ocho meses a partir del trabajo de un entrenador de perfil bajo que ahora tiene como objetivo devolver al campeón del Apertura el sitial internacional que le corresponde

Mario Salas

Mario Salas, el técnico del campeón.

Sin la pirotecnia de otros ni discursos para Nobel, Mario Salas llegó tres días antes de la Navidad del 2017 para resolver algo que no se veía en Cristal desde Sampaoli: crisis total. El club modelo, la institución saludable, había echado a su técnico en menos de 6 meses y así, un año al tacho. Había que trabajar antes que declarar, mirar antes que gritar y escuchar antes que imponer. En esa tarea, primeros días de enero, Mario Salas tomó las primeras decisiones: le devolvió el puesto natural a Cazulo, insistió con los fichajes de Merlo y Herrera y –quizá lo más importante– recuperó el ánimo de tres futbolistas que hoy son emblema del campeón. Revoredo, Calcaterra y Costa. El primero volvió a ser el back confiable que puede emigrar, el segundo fue citado a la selección de Gareca y el tercero resultó el goleador del torneo.

Y Mario Salas nunca dijo: "Lo hice yo".

¿Cómo juega el Cristal 2018? ¿Qué vínculo tiene con el famoso “Manual”? ¿Por qué es un equipo tan contundente? De arranque, habría que decir que el campeón del Apertura protagoniza. Tiene un menú para atacar que no se compara con ningún otro en el medio: tiene chances para ir por fuera, opciones seguras para liquidar y se sabe defender. A partir de esas seguridades, hay apellidos que se hicieron notables (Cazulo es un ejemplo) y jóvenes insustituibles (López o Madrid). Eso sí, sigo creyendo que los campeones necesitan juego pero, en esencia, un delantero que los haga ganar. En los 90, Cristal daba miedo. No solo por lo que jugaba (fue tricampeón) o producía en la cantera (el Chorri, Maestri, Pablito); también por lo que podía comprar. Si había un pichón emergente del fútbol peruano o un extranjero de números notables, Cristal pagaba. Era el millonario que podía complacer todos sus caprichos. Así, por ejemplo, se llevó a Oblitas de la ‘U’ para hacerlo su técnico, compró a Marquinho cuando era el mejor 10 del país y, desafiando los hinchajes, contrató a Waldir. Así, por ejemplo, fichó a Emanuel Herrera, es decir, 25 goles.

Detrás de esto, del equipo que más ganó, menos perdió y el más goleador, se sienta Mario Salas, el técnico chileno que le ha devuelto status de campeón al Sporting Cristal. “El victorioso Comandante”, como lo llama hoy Las Últimas Noticias de su país. En el medio, conferencias que son cátedras (por lo pausado y didáctico), modales que se agradecen ahora que tanto foco se hace en los extranjeros (nunca una lisura, nunca un exceso, siempre el trato de usted) y un trabajo probado (dos títulos en 8 meses) que tiene todavía un año y medio más de vigencia. Y la certeza de que, después de tiempo, de once entrenadores en 6 años, Cristal entiende que tiene la obligación de ser el rostro peruano en la Copa a partir del trabajo, la inversión y la paciencia. Así fue en los 90. Si no es este Cristal, no se me ocurre quién.

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