Por Oscar García

En “Conversación en La Catedral”, Santiago Zavala —o Zavalita—, ese alter ego dolido de Mario Vargas Llosa, camina por la avenida Tacna, cruza La Colmena y se interna en un mediodía gris, bajo esqueletos de avisos luminosos, autos detenidos por el semáforo de Wilson y canillitas voceando los diarios de la tarde. Lima lo envuelve y lo agobia. Lima es su escenario y su condena. “¿En qué momento se jodió el Perú?”, se pregunta, mientras avanza hacia la Plaza San Martín. Y con él también avanza la literatura peruana del siglo XX. Cualquiera que haya leído al Nobel recordará su ciudad, gracias a esas descripciones tan vívidas que nos regalaba don Mario.

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