MexicoLa obra de Mario Vargas Llosa ha dialogado siempre con la música, aunque muchas veces de manera sutil, entre líneas. Sus novelas y relatos están atravesados por ritmos, canciones y ambientes sonoros que ayudan a construir el clima emocional de sus historias. En “Los cachorros”, por ejemplo, aparece el eco festivo del mambo; mientras que en “La tía Julia y el escribidor” el bolero acompaña los enredos sentimentales que marcan la trama.
La obra de Mario Vargas Llosa ha dialogado siempre con la música, aunque muchas veces de manera sutil, entre líneas. Sus novelas y relatos están atravesados por ritmos, canciones y ambientes sonoros que ayudan a construir el clima emocional de sus historias. En “Los cachorros”, por ejemplo, aparece el eco festivo del mambo; mientras que en “La tía Julia y el escribidor” el bolero acompaña los enredos sentimentales que marcan la trama.
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También en “Pantaleón y las visitadoras” las páginas parecen resonar con el arrullo de Tania Libertad al ritmo de “La contamanina”. Y si se habla de música en la obra vargasllosiana, es inevitable recordar “Conversación en La Catedral” y su célebre capítulo “La apoteosis de medianoche”, un retrato de la bohemia limeña donde suenan rumba y guaracha entre cabarets y noctámbulos.
Décadas después, la música volvería al centro de su literatura con “Le dedico mi silencio”, novela que convierte al vals peruano en símbolo de identidad nacional. Como señala el investigador Agustín Pérez Aldave, en un artículo publicado en este Diario, la música aparece a lo largo de su obra como una suerte de banda sonora narrativa, capaz de situar al lector en un tiempo, una época y una emoción determinados.
Sin embargo, existe otra dimensión menos conocida: la música que el nobel escuchaba en su vida cotidiana. Las canciones que lo acompañaban mientras escribía, los intérpretes que admiraba, los conciertos y las óperas que marcaron su sensibilidad a lo largo de los años y de las ciudades donde vivió. Ese universo es el que busca explorar “Mario Vargas Llosa, entre las palabras y la música”, un espectáculo escénico que propone recorrer la memoria sonora del autor en el contexto de los 90 años de su nacimiento.
El sonido de una vida
El proyecto es una producción conjunta de VIVA en el Mundo, liderada por Ingrid Yrivarren, e Iguana Films, de Luis Llosa. Reunirá en escena a Tania Libertad, Roxana Valdivieso, D’Angelo Díaz y Sebastián Llosa, bajo la dirección de Luis Llosa Urquidi. El espectáculo se realizará el 31 de marzo en el Teatro Municipal de Lima y propone recorrer su biografía a través de las canciones y piezas musicales que acompañaron distintos momentos.
Según cuenta Llosa, la idea fue darle forma escénica a un aspecto fundamental en la vida del escritor: su relación íntima con la música. “Mario creía en el oficio de escritor casi como un obrero. No era alguien que confiara en la inspiración repentina. Pero, dicho eso, trabajaba siempre con música. De alguna manera se creaba una atmósfera de trabajo, una burbuja donde la música estaba siempre presente. Entrabas a su oficina y lo encontrabas con la radio o el tocadiscos prendido”, cuenta.
Esa compañía sonora era tan amplia como sus intereses. En su repertorio convivían sin problema la música popular y la sinfónica, los valses peruanos y las grandes obras clásicas. “Escuchaba de todo: música criolla, canciones de Joan Manuel Serrat, boleros, lo que sonaba en la radio, pero también las grandes sinfonías”, señala Llosa. “Era un hombre con una enorme curiosidad musical”, añade. Esa presencia constante de la música lo acompañó incluso en sus últimos días. “Le pusimos música y toda la familia empezó a cantarle. Cada uno se turnaba un vals peruano”, recuerda.
Para Ingrid Yrivarren, productora del proyecto, la relación entre Vargas Llosa y la música también revelaba una dimensión muy humana. Ella recuerda especialmente cuando lo invitó a México para actividades culturales organizadas por VIVA. “Mario era un ciudadano del mundo, pero profundamente peruano”, afirma. “Lo recuerdo disfrutando de la música mexicana, cantando con mariachis, bailando y compartiendo con una alegría enorme. Tenía una curiosidad inmensa por todo y una sencillez que sorprendía en alguien de su talla”, sostiene.
Esa mezcla entre universalidad y raíces peruanas es uno de los ejes del espectáculo. La puesta incluirá hologramas, proyecciones y una escenografía especialmente diseñada para sumergir al público en distintos episodios de su vida y trayectoria literaria.
Entre valses y sinfonías
Desde México, la cantante Tania Libertad cuenta que adentrarse en este espectáculo ha sido una experiencia reveladora. “Conocíamos todos que Mario disfrutaba mucho de la música, pero a partir de ‘Le dedico mi silencio’ me di cuenta de que tenía muchísimo más conocimiento del que imaginaba, sobre todo de la música peruana”, comenta. La intérprete recuerda que lo conoció hace décadas, en Lima, durante una cena en casa del pintor Fernando de Szyszlo. Desde entonces siguió de cerca su trayectoria y sus gustos musicales, un vínculo que incluso la conecta con su obra: su voz aparece mencionada en una de sus novelas.

Para este homenaje, Libertad asumirá varios de los registros musicales que marcaron distintas etapas de la vida del escritor. “Voy a cantar bachata y merengue de Juan Luis Guerra, que le gustaba mucho a Mario, pero también canciones peruanas: ‘Melgar’, un vals de Arequipa; el tondero ‘San Miguel de Piura’; y boleros, porque en su adolescencia y juventud se acercó mucho a ese género”, explica. Para la cantante, la música permite revelar una faceta distinta del autor. “A través de los gustos musicales de los escritores uno puede acercarse a la persona que hay detrás de la obra”, dice.
En el escenario también estará Roxana Valdivieso, figura muy recordada de la escena musical peruana de los años noventa y cercana al entorno familiar del nobel peruano. Valdivieso interpretará canciones de Édith Piaf y Léo Ferré, piezas que evocan los años decisivos en que Vargas Llosa vivió en París, ciudad donde consolidó su vocación literaria.

“Te imaginarás que ha sido un encargo bastante serio”, cuenta la artista. “He tenido que prepararme mucho. Estoy volviendo a cantar y me hace sumamente feliz volver a pisar el Teatro Municipal interpretando una música que tiene para mí un significado tremendo. Yo crecí escuchándola: mis padres vivieron muchos años en París y en casa siempre sonaba Édith Piaf”.
Para Valdivieso, asumir ese repertorio tiene un significado especial. “Son canciones inmensas, poderosas, y lo estoy asumiendo con mucha responsabilidad. Es un honor. Además, los años que Mario vivió en París fueron fundamentales para su literatura, momentos muy intensos y también difíciles. Poder cantar la música que lo acompañó en esa etapa es algo que me llena de emoción”, señala.

Entre boleros, tonderos, bachatas y ‘chansons’ francesas, el espectáculo busca recrear la banda sonora que acompañó la vida y la imaginación de Mario Vargas Llosa. Tras su estreno en Lima, la idea es que la puesta en escena emprenda un recorrido por distintas ciudades de Latinoamérica. Una manera de rendir tributo —desde la música y la memoria— al peruano más universal de todos los tiempos. //
Mario escuchaba de todo: música criolla, canciones de Joan Manuel Serrat, boleros, lo que sonaba en la radio, pero también las grandes sinfonías. Estas eran algunas de sus voces favoritas:
Édith Piaf
La voz desgarrada de Édith Piaf forma parte de la memoria sentimental de Mario Vargas Llosa. Durante sus años en París, ciudad donde vivió y escribió parte fundamental de su obra, el escritor escuchó con frecuencia las canciones de la artista francesa, cuya intensidad y dramatismo marcaron toda una época.
Cecilia Barraza
La cantante peruana es una de las grandes intérpretes de la música criolla, género que ocupa un lugar central en la vida y obra de Vargas Llosa, quien ha destacado la importancia de este repertorio como una expresión profunda de la identidad peruana. Voces como la de Barraza mantienen viva esa tradición del vals criollo que tanto fascinaba al escritor.
Joan Manuel Serrat
Mario Vargas Llosa expresó en varias ocasiones su admiración por Joan Manuel Serrat. Las canciones del artista catalán, cargadas de poesía y reflexión, fueron de gran gusto para el escritor peruano. Serrat representa una tradición musical donde la palabra tiene peso propio, algo que el nobel ha valorado siempre.

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