Ricardo Hinojosa Lizárraga

“A mí los faites no van a amenazarme con una bala”; “Susel Paredes se enfrenta a mafias dedicadas al cobro de cupos”; “George Forsyth y Susel Paredes vienen siendo amenazados”, son algunos de los titulares vistos en la prensa en los últimos días y ninguno es exagerado. “La otra vez subieron aquí más de 60 ex serenos de los que habíamos despedido de la Municipalidad, exigiendo ser repuestos en su trabajo. ‘No hemos acabado el colegio, tenemos nuestro pasado, pe, señora, pero queremos trabajar’, me decían. ¿Pero cómo vas a servir a tu distrito si no has terminado el colegio y tienes antecedentes penales? No puedes trabajar en un sitio tan sensible como fiscalización. No puedes”, nos cuenta Susel mientras despacha en su oficina y coordina los lugares que visitará hoy, lunes 28 de enero. “Salí aquí, al descanso de la escalera, hablé con ellos, porque si no entraban a la oficina y podía descontrolarse todo”. La quisieron ‘ajustar’, pero no pudieron.

“Reformamos por completo esta oficina”, nos cuenta. “Solo quedan tres personas de las que estaban antes. Pero igual, a todos los estoy probando permanentemente, siempre hay trampitas cazacorruptos. Tengo que hacer mucha contrainteligencia para saber si hay filtraciones sobre los operativos. Fiscalización es un trabajo tan delicado, tan expuesto a la corrupción que te pasan muchas cosas. Aquí hay gente que viene y te mete la plata en los bolsillos para que los dejes ‘trabajar’. Es terrible. Aquí no se acepta de ninguna manera nada de eso”. Por eso, nos dice Susel, siempre que tiene reuniones en su oficina se hace acompañar por dos personas de confianza, para que cada acto suyo sea doblemente transparente. Sucede que la gestión de Cuba colocó lunas oscuras a la pequeña oficina de la Gerencia de Fiscalización. Sus reuniones se resolvían, literalmente, en la opacidad. “La mafia se basa en el secreto. La lucha contra la corrupción se basa en la transparencia”, agrega la funcionaria.

Para esta hora de la mañana, Susel ya está caminando por las calles de la zona 32, Palermo, acompañando a los vecinos en un recorrido en el que compartirían con ella quejas, angustias y deseos. “Nosotros hemos tenido que hacer polladas para comprar nuestras cámaras de seguridad”, le cuenta Leslie Rospigliosi, presidenta de la Junta Vecinal de ese sector del distrito. “¡Bien, con Susel nos vamos arriba!”, la anima un taxista al pasar mientras le muestra el pulgar aprobatorio. “¡Susel, ta’que tú sí, ah!”, agrega otra voz.

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