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"El mundo según Mafalda" en Lima: cuando vi a Quino tomar un plato de sopa

La exposición "El mundo según Mafalda" se inauguró en Lima y eso nos dio pie para recordar el extraordinario encuentro que tuvo Gabriela Machuca hace unos años con Joaquín Lavado 'Quino', el padre de la entrañable heroína del cómic latinoamericano.

Ya era muy difícil entrevistar a Quino en el 2014 (hoy es imposible, no concede una sola petición). Por eso, la tarea se puso complicada cuando mi editor me envió entonces a Buenos Aires a reportear cómo celebraban los argentinos los 50 años de la publicación de la primera tira de Mafalda, la heroína del cómic latinoamericano. Porque allí, claro, el hecho no pasó desapercibido. Logré ubicar a Daniel Divinsky, dueño de Ediciones de la Flor, la cual publica las aventuras y reflexiones de la pequeña desde el día uno; también a fanáticos a sangre de la historieta. Fui al Parque Mafalda, en el distrito de Colegiales; y a San Telmo, a conocer el departamento donde Joaquín Lavado (el verdadero nombre del artista) concibió a la chiquilina de seis años que no dejaba de cuestionar la vida y el mundo. A ver también dónde quedaba la verdadera tienda del papá de Manolito. Pero nada estaba completo si no hablaba con Quino. Sin él, a la crónica le iba a faltar el corazón.

Contacté por teléfono a Julieta Colombo, su sobrina y representante, y me lo negó. “Aunque va a ir a la inauguración de una muestra en la Usina del Arte, en el barrio del Boca. Dará unas palabras, pero nada más”, dijo ella poco antes colgar. Fui. Se estrenaba en la urbe bonaerense "El mundo según Mafalda", la misma exhibición que esta semana ha llegado a Lima. Él arribó aquella vez en silla de ruedas. Caminaba y veía muy poco ya. Tenía 82. Lo acompañaba Alicia Colombo, su compañera de siempre (fallecida en el 2017), algunos familiares y agentes de seguridad. Se sentó en un pequeño panel para hablar brevemente de la efeméride e hizo un recorrido muy pausado por el lugar, que era muy amplio. Resguardado en todo momento. Yo lo seguía sin descanso como perro de mercado a la espera de que el carnicero lanzara un hueso; es decir, del más mínimo cruce de palabras, pero la situación pintaba difícil.

De pronto, escucho por lo bajo decir a la sobrina que sería bueno que Quino fuera a descansar, hacia el final de la jornada, al departamento de Mafalda, el cual había sido recreado para la exposición. Me adelanto y voy para allá.

En la puerta de drywall hay un cuidador que ya no está dejando pasar al público, pero logro burlarlo diciendo que olvidé algo. Me atrinchero. Termino esperándolo 49 minutos. Va a venir. ¿Va a venir? Va a venir.

Y viene. Él entra y delicadamente le pido cinco minutos. Juego la carta de que vengo de muy lejos. “¿Y por qué has hecho eso?, pregunta contrariado. Sonríe y accede. Nos sentamos en los sesenteros muebles verdes de la sala.

Quino recorriendo la muestra "El mundo según Mafalda" en Buenos Aires en el 2014. (Foto: Gabriela Machuca)

Quino recorriendo la muestra "El mundo según Mafalda" en Buenos Aires en el 2014. (Foto: Gabriela Machuca)

“Pensé que si había una chica a la que le decían que tenía que ser buena, y luego venían los adultos y hacían todo lo contrario, entonces ella se tenía que preguntar constantemente por qué”, dice el artista sobre la génesis del personaje, al que dibujó entre 1964 y 1973. Con el que se metió entrañablemente en la historia universal de la cultura popular.

También me cuenta que siempre le habían parecido demasiado los reconocimientos concedidos, el cariño de la gente. Que, en verdad, no es para tanto. Y que si Mafalda siguiera con vida en el siglo XXI hablaría del Amazonas, del cuidado del planeta, de las guerras que siguen. Más chicas, pero siguen.

–¿Se ha aburrido de Mafalda alguna vez a tal punto que ya no quiere ver más su rostro?
–[Ríe] Bueno, dejé de hacerla precisamente porque me aburrí de decir que el mundo funciona mal cuando todos lo saben. Pero, bueno, como sigue funcionando mal, ella siempre está de actualidad.
–¿Alguna vez pensó que las cosas podían cambiar, aunque sea en algo?
–Sí, en los años 60, cuando aparecieron los Beatles, parecía que el mundo iba a cambiar para mucho mejor. No pasó.
–¿Y ahora cómo ve el asunto? ¿Algún atisbo de esperanza?
–Mmm... –me guiña un ojo, ríe y niega con la cabeza.

El evento, afuera, ha terminado. La esposa Alicia y dos personas más entran al interior F. Sorprendentemente, no me botan, pero no quiero incomodar más y guardo grabadora, cámara. Cuando entonces, los del catering, ponen sobre la mesa del comedor cuatro platos de sopa de espinaca. Y él se sienta.

No puedo moverme de allí. Quino está a punto de tomarse la sopa que tanto odia Mafalda. Va a pasar una majestuosa estrella fugaz.

Me pongo el abrigo en cámara lenta.

Él mustiga con la primera cucharada.

–¿No está buena, don Joaquín?
–Muy salada... No está mal, pero...
–Nosotros somos muy soperos. Yo le preparo muchas –interviene Alicia.
–¿Y cuál es su favorita, maestro?
–Tengo varias... creo que la de arveja partida.

Me despido, cierro la puerta y vuelvo al mundo tridimensional. De regreso a casa no puedo evitar pensar en la enorme y maravillosa escena que el trabajo me ha regalado. Hasta ahora no dejo de hacerlo. 
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"EL MUNDO SEGÚN MAFALDA" EN LIMA
La exposición estará abierta al público hasta el 14 de abril en el Jockey Plaza. Las entradas se venden en Teleticket


Que las nuevas generaciones conozcan al mítico personaje creado por Quino hace casi 55 años. Ese es el propósito principal de la muestra El mundo según Mafalda, según se lo explica a Somos la curadora argentina Sabina Villagra. Esta acaba de ser inaugurada y podrá ser vista hasta el 14 de abril en el Jockey Plaza. Un excelente plan, sin duda, para llevar a los chicos u organizar paseos escolares.

Precios Mafalda en Lima

Precios Mafalda en Lima

“La exposición fue concebida en el 2007 para el Museo de los Niños Barrilete, en Córdoba, Argentina. Estuvo pensada para los más chicos desde el inicio, por eso es lúdica y participativa. Curiosamente, luego fueron sumándose nuevos públicos adultos. Luego viajó de forma itinerante por algunas de las provincias del país. Y llegó a Buenos Aires en septiembre del 2014; entonces se celebraban los 50 años de creación de la tira cómica. De ahí comenzó a viajar fuera del país. Ha estado en México, Brasil, Chile y Colombia, entre otros. Con mucha felicidad ahora llegamos al Perú”, detalla Villagra.

Trece son los módulos que componen la exhibición que tiene la titánica tarea de resumir el universo de la pequeña más querida y respondona del cómic latinoamericano. Uno está dedicado al mundo de la historieta, engalanado, a su vez, por la presencia de un Citroën 2CV, que es exactamente igual al carro que usaba el papá de Mafalda en las tiras.

“Hay, además, un espacio donde presentamos a los personajes de la historieta y sus principales características, así los chicos van conociendo la identidad tan marcada que Quino le dio a cada uno”, afirma Villagra. Existe, continúa la curadora, un área donde se presenta al autor de una forma no tradicional, así como otras expresiones de su obra gráfica. Asimismo, un módulo donde se presentan los derechos de los niños, expuestos, claro, por la protagonista de esta historia. También se ofrece actividades en las que los pequeños podrán participar.

“Si se va en grupo escolar, las edades ideales son de 7 u 8 años para arriba; pero si hay papás o abuelos que quieren también motivar a hijos y nietos, estos pueden ser más pequeños sin problema”, concluye Villagra. //

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