Por Ángel Navarro Quevedo

Lo más difícil no fue hacer flotar el escenario, sino lograr que su geometría acompañara un concepto. El primer escenario del Muyuna Fest fue rectangular y recordaba a las casas palafíticas de Belén; el segundo tomó forma circular, inspirado en los remolinos del agua y la cosmovisión cucama que evoca el nombre mismo del festival. Este año, en cambio, la estructura apareció como una enorme equis flotante rodeada por un bosque de troncos desnudos, concebida para evocar las cicatrices que dejó el genocidio del caucho y, al mismo tiempo, convertirse en un punto de encuentro para las comunidades amazónicas.

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