Nora Sugobono

La primera vez que salió –en esta misma página– un artículo sobre Hijo de Olaya era diciembre de 2014 y hablábamos, entre otras cosas, de lo buena que era su canchita. Los detalles hacen la diferencia, estimado lector.

Por ese entonces José Antonio Castro Mendívil debutaba en el –todavía– inexplorado mundo de las barras con su propuesta de cebiches y combinados (la fuente con chaufa, chicharrón y cebiche era obligatoria); pero, aunque las cosas marcharon bien, el cocinero y empresario gastronómico no se quedó allí por mucho tiempo. Buenos Aires siempre lo jaló (abrió/participó en la apertura de Sipán, Osaka y Mullu) y se ha demorado unos cuatro años en regresar a su tierra. Olaya –a secas– vuelve, pero en otro barrio y con otros sabores. La de Surquillo es una propuesta que se mantiene en el universo de lo marino pero cambia ligeramente de formato y concepto. La canchita sigue siendo igual de buena, eso sí. Solo espere a probar los chifles.

SALSA CRIOLLA
Castro Mendívil tiene como socios a Coque Ossio y Ramón Pérez Prieto en el proyecto de Olaya. Juntos han diseñado su propia versión de mesa cebichera (el espacio es pequeño, pero hay una barrita y unas 8 o 10 mesas), y esta vez la creatividad marca la pauta. Toques e ingredientes del mundo participan sin alterar (no demasiado, al menos) la esencia de algunos platos tradicionales como tiraditos y arroces. Están, por ejemplo, los tiraditos en fuente Kon Pasión (S/ 42), con langostinos, salmón y toque de maracuyá; y el tiradito Yimura (S/ 42), con pesca del día, pulpo en salsa de aceitunas negras, palta, choclo y camote.

Hay unas cinco alternativas en arroces: desde un aeropuerto que incluye palta y se corona con un cebiche clásico (S/ 45) hasta un arroz meloso con pulpo al ají amarillo y langostinos en salsa chorrillana (S/ 46). Los sabores orientales se dejan sentir, con gusto. También los ajíes de Cuzco Foods (Castro Mendívil los usa en varios de los platos). Lo dice la regla de la casa: amar es compartir. Mientras más, mejor.